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Tuesday, November 15, 2016

Hasta el fin del Sur (2 de 8)

Kagoshimeando con... ¿Rola?

la humilde, barata, cutrilla (y muy entrañable) pensión Little Asia de Kagoshima.
En el anterior capítulo, aterrizamos podríamos decir que atrenamos bueno, en fin, digamos que llegamos de noche a Kagoshima tras un viaje largo largo cruzando la isla de Kyushu de punta a punta ("hasta el fin del sur", por algo le pusimos semejante título a esta última serie de nuestras andanzas japonesas), para caer muertos en los dormitorios colectivos y no mixtos de una pensión cutrilla y barata llamada Little Asia. No supimos nunca si había alguna intención despectiva en el nombre de dicha pensión, o si apuntaba a una clientela internacional mochilera o simplemente china (se ve que si Japón se está volviendo un destino de vacaciones muy popular entre la muy nueva clase media china y sus 100 y pico millones de turistas potenciales, Kyushu siempre lo ha sido…), pero es verdad que era toda una burbujita de Southeast Asia aquí en el sur del país. Aparentemente, Kyushu es algo distinto del resto de Japón, o no es exactamente Japón ya: hasta aquí llegamos para averiguarlo. Para los desconfiados, aquí la pensión!

A la mañana siguiente, fuimos a pasear por Kagoshima y sus alrededores: el centro ciudad con vistas al volcán, el puerto con vistas al volcán, el templo con vistas al volcán y hasta la oficina de turismo con vistas al volcán. Allí ojeamos mapas y brochures turísticos para buscar un poco de inspiración y definir el menú de los siguientes días. Fue cuando - asombrados - le vimos por primera vez; salida de un catálogo de La Redoute y maquillada como un coche robado, aquí estaba, posando ante nuestros ojos incrédulos:


Rola descubriendo Kagoshima, en una de sus poses más naturales y espontáneas.
¡Rola! ¿Rola? ¿Quién rayos eres? Y ¿qué nombre es ese? ¡Aaaah, claro!
¿No será que te haces llamar Lola, pero por el hecho de usar katakana, has acabado con Rola - como este pobre al que le tatuaron "Puerto Rirco" en la espalda?
Rola. En serio, tía...

Seguramente, el primer encuentro ya había tenido lugar el día anterior, en el tren o por algún andén de alguna estación. De inmediato sospechamos que nos estaba pasando con Rola lo que suele pasar con cualquier cosa en la que uno se fija de repente, tras un tiempo de no haberse fijado: a partir de este momento, no para de ver esta cosa por todas partes. Ahora, nos parecía que Rola estaba en todos los sitios a la vez: en los centros comerciales, en la calle, en los buses y sus paradas, en los parques, por las avenidas, en los bares, restaurantes y hasta en todos los convinis... ¿Quién era Rola? ¿Qué quería? ¿Qué hacía por Kagoshima, a parte de posar con vistas al volcán? ¿De dónde había sacado esas mudas tan ralas, sin hablar de este nombre tan ralo? Caminar por la ciudad era como tenerle de amiga en Facebook, o como estar sentados en un sofá en su casa, ojeando sus álbumes de fotos: Rola cenando en un lestaurante bio, Rola en un onsen chic, Rola por un mercado hiptser, Rola sacándose un selfie cool.  No solo nos había marcado ya todo un lecorrido tulístico por la ciudad con un rastlo de instagrams a modo de migas de pan, sino que además nos imponía (a nosotros única y exclusivamente, estaba claro!) un rol de voyeurs que no nos terminaba de rolar. Perdón, de molar. Pero allá donde posábamos la mirada, la Rola Lisa nos seguía con la suya...

tres imágenes excepcionales de Kagoshima en las que NO aparece Rola: el puerto y el volcán, el anochecer sobre un charco y un yate en la hora azul...
A la mañana siguiente, hartos de toparnos con Rola en cada esquina, fuese la de un baño público ("pero ¿por qué nos sigues, tía? ¿no tienes na' mejor que hacer?), pillamos un tren de cercanías hacia Higashi-Kaimon, minúscula estación al pie del Kaimon Dake. Se trataba de otro volcán, este también medio sagrado, medio turístico, medio típico y medio dejado de la mano de Dios, en la falda del cual el mapa inteligente e interactivo de hatinosu nos sugería un área de camping de fácil acceso, equidistante de una playa con onsen (unos 5 km hacia el sur) y de un lago con onsen (unos 5 km hacia el norte).

- no tenemos los derechos para esta foto - we do not own the rights of this picture -
Para llegar allí, tuvimos que resistir a la tentación de bajarnos en Ibusuki, balneario costero famoso por su playa termal donde la gente pagaba un pastón en ¥ (o 円) para hacerse enterrar viva hasta el cuello y disfrutar un rato de la experiencia - cosa que se suponía era agradable y saludable! Habiendo visto la cara de la mismísima Rola a ras de arenas calientes en formato 4x3 en murales de shopping mall, nos fue fácil NO salir del tren y esperar unas paradas más para llegar, solos ya, a nuestro destino un(t)raleved. Tras haber admirado una icónica puesta de sol detrás del Kaimon Dake y haber pateado un barrio residencial medio abandonado en la creciente oscuridad de un anochecer sin luna, llegamos entre arrozales al área de camping donde nos encontramos la recepción cerrada. A tientas, elegimos un sitio llano entre árboles y montamos nuestro chiringuito, incluida nuestra súper tienda que aun estaba por estrenar. Unos fideos instantáneos más tarde, estábamos dentro de los plumas: estrenando la tienda. A la mañana siguiente, nos despertaron las voces cercanas de un grupo de japoneses. Parecían mayores, se movían lentamente y con precaución en torno a la tienda pero, entre sus risas, se escuchaban unos ruidos singulares: golpes secos y agudos como los de… un partido de golf. Subiendo la cremallera de la tienda y arriesgando un ojo hacia fuera,  descubrimos la silueta elegante y simétrica del Kaimon Dake justo detrás de los arbustos de la cerca del "camping" y el grupito de golfistas jubilados que salían ya hacia el décimo agujero de su partido. Imaginen el momento de soledad que nos agarró… En nuestras defensa y descarga, este "camping" resultó ser una especie de huevo Kinder local - su verde y perfecto césped siendo a la vez camping, campo de golf y merendero de fines de semana, según lo que buscaba la clientela. Nunca se había visto semejante adecuación de la oferta y la demanda. Pragmatismo asiático en acción: todos felices y nosotros también.

Icónica puesta de sol en el Kaimon Dake desde el andén ; icónica tienda de campaña un(t)raveling en el "camp-ing de golf".
Abandonando la cómoda seguridad de la tienda, salimos con una mochila, con cuatro cosas y con rumbo al mar. Pagamos el "camping" para tres noches - una de cuales ya habíamos consumido - y rechazamos muy educadamente el ofertón especial para inquilinos: un descuento para el alquiler de material de golf y el pass para jugar ad libitum! Navegando a ojo y rondeando el pie del volcán por el este, llegamos a la playa en una horita de caminata bajo un sol generoso y seguimos hacia el este con la esperanza de llegar a un supuesto cabo con jardín botánico y templo Shinto incluidos. La playa de arena negra y dique de cemento estilo Lego era pintoresca, el agua de una temperatura muy agradable para ser ya principios de noviembre y el cabo, lejano. Tardamos la mitad del día en llegar allí, para descubrir que el jardín botánico era un parque temático bastante hortera alimentado por convoyes de buses de tour operators, y el templo Shinto un mero pretexto para mantener a su alrededor 5 o 6 tiendas de recuerdos sagrados, dientes de tiburón y demás artesanías de mal gusto. Por suerte, el cabo se salvaba por unas inmejorables vistas al océano y la inmensa bahía de Kagoshima, por la presencia serena del Kaimon Dake en el fondo y por un faro muy fotogénico que también se reflejaba - aunque en un charco de estos que deja la marea baja.

la hermosa playa entre el Kaimon Dake y el Cabo-timo ; un auténtico guiri en pleno éxtasis guiríl ; un fotogénico faro en un charco efímero.
También merecía un minuto de atención una estatua de "la tortuga y el pescador", protagonistas de una leyenda local universal y famosa en la que por amor, la tortuga se hacía humana o el pescador vivía en el fondo del mar y cada x tiempos, volvía él o ella a su forma original por la añoranza de su anterior vida. O tal vez uno de los dos se moría de tristeza o a cambio de oro, dejaba su vida y su cuerpo para otro distinto… En fin, no recuerdo bien bien la historia exacta, pero era una leyenda de estas que son todas iguales y siempre lo mismo. Además, sí recuerdo que lo importante era que el amor podía con todo y triunfaba al final, claro*. Y que si tocabas la estatua, vivías feliz para el resto de tu vida, garantizado y jurado por Snoopy (que es casi casi una divinidad en Japón). Entonces, pues claro que tocamos la estatua, al igual que las manadas de turistas que por allí transitaban. Con tanta bendición en mano, emprendimos el camino de vuelta. Y con el sol que bajaba otra vez detrás del Kaimon Dake ya, nos acercamos a la línea de tren que seguimos un rato a una distancia prudente, hasta toparnos con una estación anterior a la nuestra. Y fue allí donde nos la volvimos a encontrar inesperadamente:

cuando resulta que tu estación de tren desierta en el fin del mundo es muy cool...
¿Rola? ¿Aquí? ¿Otra vez?

Pues sí: Rola, rolísima. Aquí, en el andén de la parada de en-medio-de-la-nada, posando con un helado de mango delante del Kaimon Dake y colgando la foto en Twitter para (aparentemente) la máxima felicidad de sus miles de seguidores. ¡Vaya rola rollo! Venir a perderse en este sitio donde Sylvain Durif perdió la charentaise y descubrir que se había vuelto una especie de hype kyushu-esca desde que la tía esa (¿quién rayos era, por cierto?) había paseado por allí su bolso de conjunto con su helado. Solo nos faltaba descubrir que también había jugado al golf donde Wallis plantó la tienda de campaña… Regresamos al camping y mientras preparábamos la cena, decidimos hacer lo necesario para no volvérnosla a cruzar: nos iríamos por el camino más largo y menos transitado. Cogeríamos un bus local a la mañana siguiente para volver a Kagoshima, pasando por el interior de la península de Ibusuki y el lago ese al que nunca fuimos a pie. Parando en cada parada y tardando el día entero, el bus nos dio una buena idea de lo que nos habíamos perdido en el lago ese: un copiar y pegar del Cabo-timo con su parque temático, sus autobuses de tour operators y sus tiendas de artesanías de mal gusto. Al llegar a Kagoshima, no miramos ningún cartel de camino a la pensión Little Asia. Tampoco abrimos ningún folleto turístico. Nos fuimos directo a una habitación doble, donde nos encerramos para repasar las fotos de estos últimos tres días, a ver si la tía se nos había colado en el background de alguna de ellas!

"fais comme l'oiseau, ça vit d'air pur et d'eau fraîche un oiseau, d'un peu de chasse et de pêche, un oiseau…" y nosotros, pues lo mismo: de mochila y tren de cercanías.
Después de esta escapada en guiri-landia y de un merecido día de descanso, con instant noodles y wi-fi gratuito en la pensión, volvimos a empacar todo para hacer como el aguilucho de la foto: emprender el vuelo otra vez, hacia otras frescas y exóticas aventuras. Tuvimos un pensamiento cariñoso por todos estos turistas - fuesen de acá o de allá - cuyo pack de vacaciones incluía la singular experiencia de permanecer un rato enterrados vivos en una playa de arena caliente, en un yukata de alquiler con estampado floral, debajo de una multicolor sombrilla de nylon, cuidadosamente alineados junto a dos o tres docenas de compañeros de desgracia y teniendo, para colmar el vaso, que sonreir para la posteridad (o para darles envidia a los colegas al volver a la oficina). El sueño clasi-mediano o pequeño-burgués de las vacaciones pagadas hecho realidad... ¡Yeiii!


activando la gran fábrica de sueño de la industria turística: ¡sonríen! ¡dientes, dientes!


Ya está bien para hoy.
Besos y abrazos para todos,
W. y F.



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* Me canta Wallis en la oreja que el pescador salvó a la tortuga presa de unas redes y que ella a cambio le invitó a... No no no! Para. Resulta que él no paraba de preguntarle cosas a ella sobre su pasado. - ¿A la tortuga? No, espera. Era algo como lo de Orfeo: había una cosa que él no debía hacer y evidentemente, la hizo y se fue todo al carajo. Lo que sabemos es que al cabo de muchos años (eso sí: la tortuga es universalmente símbolo de eterna longevidad), el pescador volvió a su pueblo y la primera persona que se encontró le habló de una leyenda de un pescador que había desaparecido siglos atrás... Bueno, la típica leyenda que termina con puesta en abismo como la etiqueta de Vache qui rit.

Saturday, November 12, 2016

Jusqu'au bout du Sud (1 de 8)


quais de gare, correspondances, terminus et trains à tête d'insecte-cyber!
Après presqu'un mois et demi passé, comme dans un rêve, au bord de la baie de Kumihama chez Atsushi-san et sa famille - et à peine remis des émotions de la névrite vestibulaire foudroyante de Futuna - on a finalement quitté le Kansai, non sans avoir fait une petite escapade le long de la péninsule de Kyotango et jusqu'à Amanohashidate (pour les curieux, ça se passe ici!). À grand renfort de trains et bus locaux, on a ensuite rejoint - juste à temps et un peu incrédules - une Kyoto pleine à craquer de touristes de tous poils et de toutes nationalités, venus en masse pour voir défiler l'extraordinaire et célébrissime Jidai Matsuri. Notre intention était de passer deux ou trois jours en ville, histoire de voir ou revoir quelques-uns de ses plus de mille temples, de se poser pour écrire des cartes postales et un ou deux articles de ce blog dont le retard s'aggravait. Hélàs, toutes les pensions, guesthouses, auberges et petits hôtels dans notre budget affichaient complet, comme les hôtes Helpx et Couchsurfing qu'on avait contactés en catastrophe 4 ou 5 jours à l'avance. Ce festival, l'un des plus courus de tout le Japon, attire des dizaines de milliers de touristes chaque année et la ville en est absolument saturée. Au-delà des difficultés pour trouver un hébergement, toutes gammes confondues, les transports publics sont blindés et la gare centrale ressemble à la Rambla ou à la rue Saint-Rome un samedi de fin de soldes! On a ainsi passé près de 40 minutes à faire le pied-de-grue, vers 10 heures du matin en descendant du train, pour finalement trouver, non sans s'attirer les regards haineux de familles moins opiniâtres ou moins organisées, un casier de consigne pour nos gros sacs...

télé à la carte et boisson énergétique TRÈS puissante: bienvenue au Love Hotel!
Mais avant de continuer - et puisqu'on parle ici de voyage vers l'inconnu - revenons une douzaine d'heures en arrière. La veille, après cette escapade romantique et sauvage tout autour de la péninsule de Kyotango, il nous avait fallu trouver un endroit où dormir. La nuit était tombée très vite et les abords de Fukuchiyama, ville moyenne où nous avait laissé le dernier train en provenance d'Amanohashidate, ne se prêtaient guère au camping sauvage. En tout cas, on n'avait eu ni le temps ni l'énergie de chercher un spot discret, convenable et facile d'accès. On se sentait fatigués et la perspective de tout déballer, monter le camp et cuisiner dans le noir ne nous enchantait pas. Il y avait une seule alternative et on n'a pas beaucoup douté avant de mettre le cap dessus: un Love Hotel repéré quelques jours auparavant sur Google, juste au cas où. On vous en a déjà parlé (on en a déjà usé et abusé, aussi) en Corée du Sud: si l'on fait abstraction du cadre kitsch-sordide - ou si au contraire on adore ça! - le Love Hotel est une option épatante d'hébergement bon marché et sans souci: plein de "services" inclus et plein d'autres "à la carte" si on veut ; des chambres au décor original ; une bouilloire, un micro-ondes et des trucs utiles en tout genre dans la chambre ; et personne pour vous emm... En bref, c'est le pied! Dans celui-ci, on a pu évidemment se doucher et préparer notre dîner, regarder n'importe quoi sur la télé grand écran, se faire des thés et des cafés instantanés au lait en poudre presque toute la nuit, ou mettre à sécher quelques fringues lavées sur place à la main. Les kleenex et les prophylactiques sont inclus. On a préféré ne toucher ni aux uns (question d'hygiène) ni aux autres (qualité douteuse), mais ils étaient on the house, tout comme les sachets de thé et les dosettes de café. On aurait aussi pu utiliser la borne d'arcade installée entre le porte-manteau et le micro-ondes ou faire du shopping triple-X sans quitter la chambre. On a choisi de passer notre tour, pour ne pas charger nos sacs de plus de souvenirs érot exotiques.

room service: borne d'arcade, kleenex, condoms, console d'ambiance lumière, clim, t.v., hi-fi et vending-machine TRÈS spécialisée (zoomez!).
Le lendemain, on a filé de bonne heure pour Kyoto et son bouillonnant bain de foule, laissant derrière nous le lit défait et le mini-bar intact. La journée est passée très vite entre le festival, un peu de shopping (cartes postales, magnets et autres souvenirs plats et légers), de lèche-vitrine et l'achat d'une tente digne de ce nom, la pluie étant l'une des marques de fabrique un(t)raveling et l'île-où-il-pleut-35-jours-par-mois*, l'une de nos destinations des semaines à venir. Le soir même, non sans avoir âprement bataillé et finalement dû opter pour de la classe "supérieure" au lieu de l'économique, on s'est installés à bord d'un "luxueux" bus de nuit à destination de Fukuoka, tout au nord de l'île de Kyushu, la plus au sud de ce pays-archipel.
l'indispensable roadbook de www.hyperdia.com pour voyager au Japon!
La nuit a été plutôt longue et presque blanche : halte à Osaka (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...) ; halte à Okayama (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...) ; halte à Hiroshima (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...), pause sur une aire d'autoroute au pied de l'imposant pont de Shimonoseki (lumière, tout le monde descend, toilettes et café) ; et finalement, arrivée à Fukuoka, gare centrale Hakata (terminus, tout le monde descend!) au petit matin. Pas très frais, on a pris un petit déjeuner frugal au premier Seven-Eleven qu'on a trouvé au hasard des couloirs de la gare: le classique café au lait à 150 yens et des briochettes un peu synthétiques, genre mousse isolante sucrée et pas dégueu (c'est encore le plus préoccupant) trempées dans le café. Passons... Puis on s'est mis en devoir de trier nos affaires afin d'en laisser un maximum dans un casier de consigne de la gare, avant de débuter notre grand marathon de trains jusqu'à Kagoshima, à l'extrême sud de Kuyshu. Notre idée était de descendre à Kagoshima d'une traite, puis de remonter petit à petit en explorant toute l'île à notre rythme. Du coup, on voulait voyager "léger", c'est à dire sans le trolley à provisions et avec un seul sac à dos par personne, mais avec le matériel de camping pour pouvoir être autonomes : randonner, camper, faire du stop, aller passer quelques jours sur l'île secrète du bout du monde et boucler la boucle ici, à Fukuoka, en y retrouvant Shimon-chan, ainsi que Nao-san et ses amis. On a vérifié que la durée maximale des casiers de consigne était de 3 jours, renouvelables autant de fois qu'on voulait. Mais ça ne nous avançait guère de revenir tous les 3 jours pour remettre des pièces dans une consigne automatique. On a aussi vérifé que passés les 3 jours, les affaires étaient retirées du casier et gardées dans un autre local pendant 1 mois, délai au-delà duquel elles étaient jetées. Si on revenait avant un mois - on s'est dit - on pourrait payer l'amende de retard (juste la somme des frais journaliers, en fait, sans majoration) et tout récupérer. Bien vu, non?**

"dans les transports en commun" chante Thomas F., "les hommes ont le pied marin" - ou la nausée, "les filles sont nerveuses" - ou endormies.
On a donc décidé de jouer cette carte et pour assurer le truc, on a laissé sur notre tas d'affaires bien tassé dans le casier une jolie note moitié en anglais, moitié en japonais, fort aimable et civilisée, qui disait quelque chose comme : "On revient vers le 25/11/2016, merci de garder nos affaires jusque là, on paiera les frais et on vous remercie d'avance! Merci, merci, merci!". On a estimé que ça ferait l'affaire et on est partis sans se retourner. De toutes façons, c'était ça ou on ratait le premier d'une longue série de trains! Parce qu'en effet, pour traverser toute l'île de Kyushu du nord au sud, sans prendre un Shinkansen ou un super bullet Nozomi, il faut se lever de bonne heure et avoir du temps devant soi. Si on veut en plus éviter les Limited Express, il faut aussi développer des trésors de patience et pouvoir s'abandonner à la contemplation - béate - du paysage. Et si l'on choisit, enfin, de privilégier les petits tortillards des compagnies privées locales, il faut aussi savoir lire et déchiffrer les kanjis comme un enfant de 5 ans environ - ce que Wallis, heureusement, faisait avec style et enthousiasme! Après environ deux heures sur la JR (Japan Railway), on est entrés sur les terres de l'Orange Railway, dont c'était justement l'anniversaire ce jour-là. On avait prévu de voyager le lendemain, on aurait pu voyager la veille, mais non. On était là le jour J et pour fêter ça, Orange était gratuit! Après nous avoir appris la bonne nouvelle et demandé d'où on venait, des bénévoles souriantes aux gilets chamarrés nous ont poussé en voiture en criant "Ooooh! Furan-go, Supain-go! Ooooh! Lucky lucky! Furan-go, Supain-go! Very lucky!"

l'Orient-Express de Kyushu: le célèbre Orange Railway ; le Futuna un peu à bout de train ; le personnel souriant et la (fameuse?) cloche!
Et c'est vrai qu'on en avait drôlement, de la chance: débarqués pour ainsi dire de notre Furance et de notre Esupagne natales, de pouvoir voyager gratuit tout le long de l'Orange Railway jusqu'à Kagoshima! Alors bien sûr, c'était gratuit, mais ça n'allait pas plus vite pour autant. Magnifique paysage par la fenêtre: une côte déchirée, des îles sur l'horizon, des rizières partout alentour, des volcans au loin et même quelques palmiers dans la lumière du soir. On a débarqué à la nuit tombée, au sud du Sud, un peu fatigués et la tête vague. On n'était pas très frais à vrai dire, mais très agréablement surpris par la chaleur moite et l'ambiance irréelle de la gare centrale et de ses environs immédiats: un centre commercial énorme envahi de hordes de... comment dire? Bon, bin on va vous montrer, ça sera plus simple:

Vite! Récupérez vos sacs avant que la consigne ne se transforme en citrouille!
de hordes de jeunes gens et jeunes filles déguisés en Blanche-neige, en zombies, en personnages anime ou en trucs difficilement reconnaissables pour des gaijins pas vraiment branchés cosplay (コスプレ, kosupurei) ni Comic-Con. Genre comme si c'était Carnaval ou Halloween, vous voyez? En fait, c'était très vraisemblabement Halloween, sauf que nous on n'avait pas vraiment conscience des dates et que ce type de choses, c'est toujours mieux quand ça vous tombe dessus par surprise. Pas de stress, pas de pression pour le costume, pas de risque d'être déguisé pareil que tout le monde, pas de problème pour ranger clefs et portefeuille dans un collant en latex argenté ou un pelage fuschia soyeux sans poche intérieure. De toutes façons, on était déjà doublement déguisés: une fois parce qu'on était gaijins dans une zone du Japon où ils n'y en a pas tant que ça, et deux fois parce que notre look de backpackers, outfit de brousse froissé et sac à dos de 20+ kilos, devait évoquer soit des super-héros, soit des sortes de survivants d'une dystopie post-apocalyptique à la MadMax... Bref, dans le cours de la même (très longue) journée-marathon (d'accord, il y a eu une nuit en autocar au milieu, mais ça ne compte pas vraiment), on est sortis d'un Love Hotel hypra-kitsch, on s'est plongés dans un défilé historique en costumes, on a écumé d'un bout à l'autre la ligne de chemin de fer de Kyushu et on est descendus du train pour se retrouver au milieu d'une fête d'Halloween assez spectaculaire. Sensation un peu irréelle d'être des extra-terrestres ou, au contraire, de s'être téléportés sur une autre planète... Incrédules, on a un peu traîné dans les allées du centre commercial, puis on est entrés dans un supermarché et comme c'était presque l'heure de la fermeture, on a fait le plein de sushi, sashimi et bento en super promo pour le dîner. On a mangé par là, sur un banc face à la grand-roue, dans la lumière des néons, en regardant passer cet autre défilé en costumes. Et on a commencé à sentir, pour la première fois, que Kyushu était différente du reste du Japon; de Onshu, de Tokyo et du Kansai en tout cas. Malgré l'effervescence, il y avait quelque chose d'informel, de détendu, de tranquille dans l'atmosphère, qu'on n'avait pas encore ressenti dans ce pays et sans doute pas non plus de façon aussi palpable depuis le début de ce non-voyage jusqu'au bout du monde et au-delà. "On dirait le Sud", a fredonné Futuna, tout en se sentant un peu ridicule. On s'est dit que notre bout du monde à nous, il n'était peut-être plus très loin; que peut-être on touchait au but. On s'est dit que c'était peut-être la fatigue tout simplement. Mais ça non plus, ça n'était pas pour nous déplaire...

Kagoshima by night, son centre commercial, sa grande roue et... le réceptionniste (noctambule et très stylé) de notre guesthouse!
En arrivant à l'auberge que Wallis avait repérée sur http://www.hatinosu.net***, le premier individu avec lequel on a eu une interaction, ça a été lui là, au-dessus, sur la photo de droite (effectivement, c'est un Ambystomatidae, un axolotl mexicain pour être précis). On s'est regardés en silence, façon Ishin-denshin et on s'est dit que décidément, Kyushu promettait d'être une expérience unique... Vingt minutes après, on était douchés et on dormait à poings fermés.


à bientôt pour la suite,
joyeux non-Halloween
et plein de bises!
W. & F.


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* À propos de l'île mystérieuse, secrête et oò il pleut 35 jours par mois: c'est pas qu'on fait monter le suspence exprès depuis un moment, c'est pas qu'on veut créer le buzz, c'est juste qu'on a super envie d'aller la découvrir et qu'on ne sait pas du tout à quoi s'attendre. Ce sera une surprise pour nous autant que pour vous et on ne peut donc en parler que de façon très vague pour l'instant... Un peu de patience!


** Au prix d'un délit d'initiés que seul les voyages dans le temps autorisent: on peut d'ores et déjà vous annoncer que Non! ce n'était pas si bien joué que ça et que l'histoire ne s'arrête pas là. Mais, chut! pour l'instant on joue le jeu et on fait comme si de rien n'était... Suivez l'aventure et à la fin, vous saurez tout!



*** hatinosou.net est une page extraordinaire qui recense une flopée de campings, hébergements, sites de bivouac autorisé, aires de camping sauvage et auberges très bon marché. Elle est malheureusement uniquement en japonais et assez peu intuitive (c'est un euphémisme!), mais nous a permis d'arriver là où la main de l'homme blanc n'avait encore jamais mis le pied et nous a valu quelques sueurs froides de première catégorie... À suivre!