Showing posts with label Fukuoka. Show all posts
Showing posts with label Fukuoka. Show all posts

Monday, January 2, 2017

Hasta el fin del Sur (8 de 8)

el retorno a Fukuoka...

Hablamos de "retorno" porque 1- ya habíamos pasado, aunque muy de prisa, en el camino de ida y 2- pues porque tiene su importancia. Recién caídos de Kyoto en un autobus de noche, tras asistir al festival del Jidai Matsuri (y antes de empalmar una larga serie de trenes locales para cruzar todo Kuyshu de par en par), ya habíamos hecho una parada téchnica en la estación central de Fukuoka, buscando un locker donde dejar un considerable sobrepeso de nuestras mochilas. Aquí Kyushu, teníamos intención de caminar y acampar más, hacer más senderismo y estar más en autonomía en este sur del sur de Japón, que durante el resto del no-viaje. También habíamos decidido ir a explorar la isla desconocida. Nos hacía falta todo lo necesario para poder acampar, y los menos trastos posibles para poder caminar con las mochilas encima.
las piedras de los jardínes de los templos: un poco de zen en este mundo loco...
La cosa es que no había lockers vigilados en la estación central. Solo de estos de monedas como en las piscinas, con instrucciones muy claras en inglés: duración máxima 72 horas. También decía que se vacíaban automáticamente los cofres al cabo de 72 horas, y que se guardaban los objetos en un almancen durante 2 meses antes de ser "destruidos". También se estipulaba (en inglés todavía) que, por supuesto, si se prentendía recuperar los objetos dentro del plaso definido, se cobraría cada día de custodia en el almacen. Total, ya ven por donde va la cosa: pensamos "eso es Japón, es el país más seguro del mundo, donde la gente es más respetuosa (del palo que se te cae la cartera por la calle y la dejan en el mismo sitio para que la encuentres 2 días después y la pasta sigue dentro, y lo único que han hecho ha sido meterla dentro de un ziplock para que no se te moje!) ; el almacen está custodiado y seguro que lo identifican todo bien". La tarifa para 3 semanas ou 1 mes nos iba bien y, miren, ¿acaso teníamos plan B? Así que deshicimos y rehicimos las mochilas enteras, en el suelo de la estación, a las 7 de la mañana. Dejamos todo lo no-indispensable bien ordenado en bolsas de plástico, todo bien atado juntito con cordones, dentro de un cofre mediano. Y dejamos encima de todo una nota manuscrita, con nuestros 2 nombres completos y que decía en mayúsculas bien formadas y en inglés bien básico:

"QUEREMOS DEJAR ESTO AQUÍ UN MES.
VOLVEREMOS A POR ELLO ANTES DEL 7 DEL PRÓXIMO MES.
PAGAREMOS EL PRECIO ESTABLECIDO.
¡MUCHAS GRACIAS DE ANTEMANO!"

Pusimos yens para las 72 primeras horas y nos piramos a coger nuestro tren. Sabíamos que iría todo bien al menos durante las siguientes 4 semanas... Total, nos repetimos una y otra vez en las primeras horas de viaje en tren: es Japón. Sinceramente, no puedo pensar en otro país en el que hubiera hecho eso. Dejé mochilas semanas en Guesthouses de Tailandia o Malasia, diciendo "volveré y pagaré al volver". Pero siempre había un ser humano con el que se concluía el trato antes de irme.... Bueno, la cosa es que tampoco había un plan B. Y salía ya nuestro tren...

Futuna va de local de toda la vida en una biblioteca de barrio.
Tras una primera noche muy folklórica en un Manga kissa (ver anterior capítulo) cerca de la estación, volvimos al locker a buscar a quién pagarle para recuperar nuestras cosas. No tuvimos que buscar mucho: nos esperaban allí, y nos reconocieron rápido! Y nos veas tu si nos echaron la madre de todas las broncas! Que qué inconscientes eramos! Que qué eso no se podía hacer! Que cómo se nos ocurría poner a la gente en situaciones así! Que se pensaban que eran cosas de terroristas! Que con lo que pasó anoche, chicos! (eso no lo entenderíamos hasta días más tarde, claro*)... Pero lo peor de todo, no se lo pierdan, es que la historia hubiera colado más o menos. Solo que dijimos que volveríamos para el día 7 del siguiente mes. Y nos presentamos, qué sé yo... el 9 quizas! Bueno, nos arrastramos por los suelos, pegándonos latigazos con las tiras de las mochilas. Imploramos y pedimos perdón. Invocamos a Kannon (Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión). Juramos que no lo haríamos más, nunca jamas: ni en esta vida, ni en las siguientes. Nos pidieron los pasaportes para apuntar nuestros nombres y averiguar que coincidían con los de la nota que dejamos. Total si eramos terroristas o teníamos malas intenciones, ¿para qué íbamos a volver? Y si íbamos a volver, ¿porqué íbamos a dar falsas identidades? Se nos ofreció finalmente abonar el importe previsto - cosa que hicimos con gusto porque ya estaban colocando en pilas perfectas sobre el mostrador, todas nuestras bolsas de plástico bien atadas con los mismos cordones que las dejamos bien atadas un mes (y 2 días) antes. Después, nos instalamos cómodamente en un rincón del almacen y empezamos a reorganizar todo dentro de nuestras mochilas (como habíamos hecho a la ida, pero al revés) mientras nos miraban pensando ¡vaya desastre de gentuza estos gaijins! Debo confesar que nos moríamos de vergüenza por dentro... y por fuera también, del palo ¡Tierra, tráganos!

en alguna periferie de Fukuoka, el Futuna y el Shimon-chan, más filósofos que nunca, contemplan la posibilidad de esta isla, o algo así...
Antes de marchar, les volvimos a dar las gracias con caras de extrema desolación. Y nos dijeron lo siguiente: "- Por favor, nos dijeron, no se lo contéis a nadie! Nadie tiene que saber que habéis podido hacer esto. Sino vendrán muchos y lo harán. Y eso no puede ser! Así que les rogamos, por favor, no habléis de esto con nadie!" Contarlo, creo que lo podemos contar, pero como un ejemplo de lo que NO hay que hacer en Japón con lo respestuosa que es la gente: ¡abusar! Entonces, os rogamos a tod@s que NO lo hagáis jamas! O por lo menos, no en la estación central de Fukuoka! Id a probar elsewhere... Ahora bien: muy mucho arrepentidos, respetaremos un momento de silencio:


piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii________________________________


Ya podemos seguir con este no-viaje por el sur del sur. A los pocos días de llegar, nos encontramos con nuestro amigo Shimon-chan, que nos invitó a quedarnos en casa de su abuela y nos llevó a visitar Fukuoka y los alrededores. Con él probamos los más destacados puestos de ramen de la ciudad, el mítico capuccino ramen, hecho en un caldo de cerdo casero tan grasiente y espeso que su textura recuerda la del café con leche! Preparan este caldo hirviendo grasa y huesos de cerdo durante horas y horas en una olla gigante. Cuando entras en la calle del restaurante, girando en el extremo de la manzana, te asalta un olor a grasa de cerdo que casi te tira al suelo. Es brutal. Para facilitar un poco la digestión de esta barbaridad de caldo, se le añade ajo fresco, exprimido al momento por el consumidor. Una vez en la vida, es una experiencia única. Dos veces o más, tiene que envene-matarte, fijo.

premier ramen bar ; deuxième ramen bar ; troisième ramen bar: rencontre avec le capuccino ramen au porc et à l'ail ; et gaaaame oooover!

Pero no se piensen que todo fueron atracones de ramen e indigestiones! Hubo cultura y turismo civilizados, decentes - espirituales incluso. El Shimon-chan nos llevó de templos y museos, incluso con su abuela. Paseamos por algún que otro parque de la ciudad, y hasta probamos un té verde absolutamente divino en la tetería de un templo Shinto invadido por familias que celebraban el Shichi-go-san (七五三, literalmente 7-5-3, "Siete-cinco-tres"). Se trata de una ceremonía que tiene lugar cuando cumplen 3 y 7 años las niñas, y cuando cumplen 5 años los niños. Está asociada con la entrada "oficial" de los niñ@s como miembros de la sociedad (antes de esta edad, no se espera de ellos que tengan un rol social, por una costumbre heredada - nos cuentan - de épocas con altas tasas de mortalidad infantil en el país). Eso significa también una salida un poco abrupta del paraíso y de la burbuja protegida en la que viven hasta este momento. Me imagino a la mañana siguiente ya, tras haber sido reina/rey por un día, como se doblan y guardan cuidadosamente los hermosos trajes que se encargaron para la ocasión, y como empieza una larga vida de rendimiento, de presión, de exigencias y de estrés... ¡Vaya resacón, nene! Bueno. Tradicionalmente solía ocurrir el día 15 de noviembre, pero se celebra hoy en día durante todo el mes de noviembre y fue ási como tuvimos la suerte de presenciarla. Además de las escenas típicas de esta celebración, también capturamos de reojo y con cámara, casi sin querer ni apenas darnos cuenta, un drama tierno y silencioso entre un niño, unas carpas koi (鯉) y una niña:

aquí tenéis el pequeño drama en forma de fotopoema en cuatro actos y sin palabras, ya le iréis añadiendo voces si os inspira o apetece...

Antes de decirnos adios, Shimon-chan (que recibía la visita de una amiga antes de volver con ella a Australia), también nos invitó a ir a visitar y saludar a su abuelo, cuyas cenizas estaban en un pequeño templo del barrio. Lugar precioso, con una terraza de madera abierta a un jardín de estos cuya cuidadosa estética desprendre una serenidad, una paz y un sentido del equilibrio tan perfectos y naturales... que te pueden acabar angustiando de tanta perfección ordenada con tanto natural que parece que no lo ha hecho nadie... El arquetipo de esta perfección en la no-forma, en este intervenir con arte hasta que parezca que no hubo intervención otra que la mano de la naturaleza, se encuentra seguramente en el parque que rodea el Kinkaku-ji, el pavellón de oro, en Kyoto. Tan equilibrado que marea. La paradoja rebota y en tu cu... No obstante, está este principio en cada uno de estos jardínes, hasta del más pequeño y humilde templo de provincia. Ahora: fue un placer y todo un privilegio descubrir Fukuoka contigo, Shimon-chan. Muchísimas gracias otra vez, y ya sabes que tienes casa donde sea que nos quieras ir a visitar en el futuro!

ceremonia del té for dummy ; muchos años de dedicación para conseguir la ilusión de la no-intervención ; y un selfie de despedida.

Ya nos quedaba menos para emprender el camino de vuelta: con una última semana antes de agotar nuestros visados y con nuestras ganas de pasar unos días tranquilos por Kyoto antes de dejar el Japón atrás. Habíamos estado por Kyoto ya, cada uno de nosotros, en viajes anteriores, pero siendo una ciudad hermosa y romántica, la queríamos patear y (re)descubrir juntos, cogidos de la mano... Salimos, pues, de Fukuoka de noche: con otro autobus más, solo que en sentido contrario esta vez. Y no sin haber pasado a saludar y brindar con el hermano de Atsushi-san, con Nao y con el resto de sus colegas de trabajo. Les habíamos conocido a tod@s en el finde del cumpleaños del abuelo, Oto-san, unas cinco semanas antes, durante nuestra maravillosa estancia en Kumihama...

¡Tooooooma ya el selfie de despedida y en el último trago nos vamos (al autobus)!



- Continuará -

(y si suena a amenaza,
será que lo es...)



Thursday, December 15, 2016

Jusqu'au bout du Sud (7 de 8)

apprendre à voir, savoir où regarder...

On quitte donc Nagasaki comme on y est entrés: en stop! On ne s'attarde pas sur les péripéties des 2 longues journées et 2 nuits de camping sauvage(s) qui nous permettent de couvrir le trajet jusqu'à Fukuoka. On ne vous racontera même pas (ô, la prétérition à son pépère) cette mère de famille héroïque qui, nous ayant pris en stop sur son trajet de retour du boulot et apprenant où on va, avait appelé son mari depuis la voiture. Wallis avait rapidement tiré la sonnette d'alarme: "Attention Futuna, elle lui a dit truc truc des gaijins / truc truc faire dîner les enfants! Y'a un lézard, faut faire quelque chose et viteeee!"
Fukuoka d'en haut: vous voyez la baie avec des zones vertes et une ligne de train?
Pendant ce temps, elle s'était garée devant chez elle, nous avait fait sortir de la petite voiture cubique, était entrée dans la maison une seconde, en était ressortie avec les clefs de l'autre voiture (la grosse, la berline) et son manteau. Elle nous avait dit en mime de sortir nos sacs de la petite voiture et de les charger dans la grosse, qu'on se mettait en route tout de suite, parce qu'il y avait presque 2 heures de route pour Fukuoka! True story. Donc, bin, là on avait fait plein de gestes de la main, on avait répété arigato gosaimasu en boucle comme un mantra, en faisant des courbettes et en reculant lentement, pour ne pas la blesser. Et comme on avait déjà les sacs sur les dos, on n'avait plus qu'à arracher ses doigts un par un de nos manches pour finalement s'échapper en demandant pardon et disant merci. Oh, mon Dieu! Cette culture de la responsabilité sociale est un peu flippante, quand même, des fois.

Voila, sans s'attarder sur tout ça (et avec toute la gratitude du monde pour cette générosité parfois assez gênante/envahissante), on finit donc par arriver à Fukuoka en train, tard dans la nuit, sales et fatigués. On ne sait pas où dormir et on a bien le contact de Shimon-chan, un ami Helpxer rencontré à Kumihama, mais il n'arrive en ville (chez sa grand-mère) que dans 2 ou 3 jours. À côté de la gare centrale, on a l'adresse de deux Manga kissa*, ces cyber-cafés pour noctambules où on loue à l'heure une cabine privée avec futon, ordinateur et couvertures. Les boissons chaudes sont incluses (à volonté), tout comme l'accès à des cabines de toilette avec douche et - la base, quand même - à une collection de milliers de volumes de mangas. Ça revient beaucoup moins cher qu'un hôtel pour pratiquement les mêmes services, c'est pittoresque et, sociologiquement parlant, c'est beaucoup plus enrichissant. On voulait de toutes façons cocher ça sur la liste des trucs à faire faits, comme le bain dans un onsen sauvage ou la nuit dans un love hotel kitsch - tous deux assez inoubliables, d'ailleurs.

un sinkhole énorme en plein centre de Fukuoka, entre 2 immeubles et sans victime!
Bref, on débarque à la gare centrale de nuit, crevés, sales et hagards. On voit un attroupement de gens qui font des photos avec leur mobiles depuis un balcon. On se dit "ils sont cons avec leurs selfies" et on passe notre chemin. Le Manga kissa est fermé. En fait, c'est carrément toute l'aile du bâtiment adjacent à la gare qui est fermée: parking, centre commercial, ascenseurs. Tout est noir. Des policiers nous font circuler: coupure générale d'électricité. C'est général. C'est une coupure. Circulez, y'a rien à voir! C'est bien notre veine. Heureusement (rappelez-moi d'allumer un cierge/bâtonnet d'encens à Sainte-Wallis la prochaine fois que je rentre dans une église/un temple), on a l'adresse de l'autre Manga kissa à trois pâtés de maisons de là. C'est pas si loin mais de nuit, dans notre état et avec nos gueules, tout mis bout à bout, ça commence à devenir un peu dur comme comité d'accueil. Ce qu'on ne sait pas, parce qu'on n'a pas la disponibilité mentale pour le capter (certains appellent ça la tunnel vision) et qu'on passe justement dans la rue d'à côté, à environ 50m, c'est que la coupure d'électricité et les selfies depuis le balcon, c'est à cause de ça, là, sur la photo! Tu m'étonnes qu'il y ait eu une coupure de courant, du coup. Ce qui est dingue, c'est qu'il n'y a eu aucune victime et des dégats "minimes"!

Bon, d'accord: on a raté un truc énorme. On ne le découvrira que quelques jours plus tard, à la télé, alors qu'il sera déjà rebouché. Chapeau, les gars! Un(t)raveling, ou l'art de regarder ailleurs... Pendant ce temps, on arrive au Manga kissa et on s'installe dans notre minuscule cabine: ça ressemble à une cabine pour se changer à la piscine sauf qu'au lieu du carrelage y'a un futon en synthétique et au lieu du banc en mélaminé gris chiné, y'a une tablette avec un ordinateur. À côté des bouilloires, quelques distributeurs vendent des snacks bizarres et des noodle soups. Normal.

côté droit de la baie, une marina avec un petit parc derrière un centre commercial...
On va se doucher l'un après l'autre avant de consacrer une (petite) partie de la nuit à envoyer des mails et, surtout, à chercher un spot pour camper les jours suivants. Trouver le spot parfait dans une ville d'environ 1,5 million d'habitants, quand aucun Couchsurfer ne nous a répondu et que les rares campgrounds sont vraiment loin à l'extérieur de l'agglomération (genre une heure de train au moins), c'est tout un art. Il faut savoir utiliser google maps et savoir écouter son intuition. En résumé, il faut avoir un peu de chance et un peu de flair. On survole l'agglomération, sachant qu'on n'a pas l'intention de "ressortir" de Fukuoka. On repère d'abord une baie avec de belles zones vertes et en descendant, on remarque qu'il y a une ligne de train de banlieue qui longe la côte. On zoome encore et on s'attarde sur un petit parc bien boisé, qui paraît assez "isolé" derrière une marina, au fond d'une zone qui semble commerciale (entrepôts, boutiques, etc.). On descend encore, à hauteur de mouette ou même directement avec la street view (merci Google!). Et là on se dit qu'on va tenter le coup en live dans les bosquets du petit cap tout à la pointe de la marina. Hop!

la vue depuis "notre" petit cap, tout à la pointe, derrière un petit temple shinto, en s'éloignant un peu d'un sentier déjà à moitié effacé...
On prend le bus jusqu'au grand centre commercial, où on fait quelques courses d'alimentation, où on visite une boutique Lego et où on regarde un peu des fringues et des trucs, malgré nos sacs à dos. Puis on gagne la marina, qu'on contourne pour entrer dans un parc propret avec des plages équipées de douches, des tables de pique-nique à l'ombre de grands pins, des wc impeccables et, tout au fond, sur un promontoire accessible par une trace de sentier à pas visible entre les racines des pins, un temple Shinto qui a l'air à moitié abandonné. Le sentier continue derrière jusqu'à la falaise, plutôt à pic, avec une vue incroyable sur la mer. Plein ouest, le soleil est encore assez haut mais la lumière change déjà. On a toutes nos affaires avec nous, le camping-gaz, la tente, les sacs de couchage, de l'eau, de la nourriture. Personne en vue: on a la fin de la journée pour nous.

et la vue depuis notre bivouac grand luxe, en pleine agglomération de Fukuoka!
On pose les sacs derrière le temple, même pas besoin de les cacher. On se promène en explorant un peu les environs, et on trouve une petite clairière en retrait du sentier, couverte d'aiguilles de pins, invisible depuis le temple mais ouverte sur la mer. Bingo! On décide donc de redescendre aux toilettes pour un peu d'hygiène avant de préparer le dîner tant qu'il fait encore jour. Ensuite on ira monter la tente et se glisser dans les sacs de couchage. Une règle d'or pour le camping sauvage en milieu pas tout à fait naturel, c'est de monter la tente de nuit et de tout remballer avant le lever du jour. Les nuits sont courtes, mais on a moins de chance de déranger ou de se faire déranger... On passe deux nuits paisibles dans notre super spot de bivouac, en profitant d'une pause bien méritée au milieu de la ville, pour se reposer et ne pas faire grand-chose. Un petit saut au centre commercial pour un peu de wifi, histoire d'établir le contact avec Shimon-chan et de programmer des retrouvailles. En résumé: temps ensoleillé sur les deux petites plages du bout du cap, beaucoup de tranquillité aux abords du temple où l'on passe du temps sans voir personne (à part quelques rares promeneurs et joggeurs)... et pas mal de chance avec ce plan improvisé qui se goupille super bien! Le lendemain soir, après avoir parlé avec Shimon-chan au téléphone (et quel téléphone, les enfants! Voyez plutôt l'engin: dans les années 80 en France, quand on parlait le téléphone rose, c'était en chuchottant et/ou en rougissant...), on se retrouve dans le quartier de la gare pour une soirée ramen assez... riche, puis pour quelques jours de découverte avec lui. Mais ça, c'est une autre histoire!

le téléphone rose dans toute sa splendeur ; les retrouvailles gastronomiques avec Shimon-chan ; et le légendaire "capuccino ramen".



- à suivre -



____________________________




* pour les curieux de nature: et même si cette image ne lui rend pas vraiment grâce (ni hommage, c'est dommage). En gros et en vitesse, le cubicle d'un manga kissa, ça ressemble à ça. Pas glorieux, mais efficace. Pas besoin de chaise puisqu'il y a un matelas par terre. En définitive, dormir, se doucher, manger et avoir du wi-fi à haut débit tout ça sans avoir besoin de se déplacer... si c'était gratuit, ce serait le rêve de tout Couchsurfer qui se respecte!


Monday, December 12, 2016

Hasta el fin del Sur (6 de 8)

frikismo y flamencos en Nagasaki


Aquí estamos, pues: donde nos dejó el conductor del autocar VIP que nos recogió a primera hora de la mañana y nos llevó los últimos 40km hasta Nagasaki downtown. Recién salidos de las puertas del infierno (Unzen y Obama), estamos sentados frente a la bahía estrecha en la que se estira, entre colinas boscosas, un puerto industrial enorme. Al fondo, muy lejos, se ve un crucero gigantesco. Ridículmente grande. Como se está acercando, intentamos adivinar hasta donde llegará... Un poco más. Un poco más.

La respuesta tarda en llegarnos unos escasos minutos, no sin generar una cierta angustia - visiblemente compartida con el pequeño grupo de locales que se ha ido formando a nuestro alrededor. Están comentando la jugada, y si bien lo hacen sin usar palabras, despliegan un habánico de movimientos de cabeza muy sútiles (sí sí sí, no no no, quizas quizas quizas) y una escala crómatica del típico "hooooooo!" que tanto juego da a la hora de atribuirle un significado. En fin, que por lo general, eso del crucero no les parece bien. Pero ya está aquí, nos tapa el sol, nos pita con su trompa en todo el jeto y si no nos revienta el muelle de las inmaculadas boyas, es porque no le da la gana. Se conforma con echar una marea de turistas chinos que se diluye rápida entre taxis, autocares VIP y callejones, como si siguieran una refinada maniobra para tomar la ciudad. No son aún las 09:00 cuando nos ponemos de pie y, levantando una ola de "hooooooo!" de respeto y aprobación, cargamos nuestras enormes mochilas en nuestros respectivos hombros y salimos a paso de tortugas borrachas, locos por conocer los secretos de tu dormitorio cada rincón de Nagasaki.

bienvenid@s a Dejima: estampados vintage, efecto miniatura y ambiente colonial...
Primera parada: la minúscula isla artificial de Dejima. Frikipedia les dará toda la información que deseen sobre este singular lugar - ¿singulugar? Construida en el puerto de Nagasaki y conectada a la ciudad y a la tierra firme por un único puente fortificado, fue el único lugar en todo Japón donde los comerciantes Portugueses primero, Holandeses luego - los únicos forasteros tolerados por el Imperio - podían desembarcar y residir para hacer negocio. Hasta 1853 y durante dos siglos, la comunidad holandesa de Dejima fue el único contacto entre Japón y el resto del mundo.

indigoteando con amor y con becari@s de Bellas Artes from Utrecht.
Y durante los años de la invasión de Holanda por Napoleón, Dejima fue el único lugar del mundo donde ondeaba la bandera holandesa. Dicho eso, la diminuta isla es hoy un museo muy bonito y perfectamente restaurado, con un ambiente de kitsch colonial absolutamente irresistible. Woodworking porn, como diría nuestro querido U. y también muchos proyectos de colaboración cultural entre los dos países. Para Wallis, esta profunda y estrecha conexión nipo-flamenca, este entendimiento mútuo entre pragmatismo protestante y pragmatismo shintoista, fue una revelación. Como pisar el eslabón perdido, recogerlo y constatar que encaja en tu pulsera. Bueno, ¿yo qué sé? Tomamos un caffe latte bastante bueno con free wifi y compramos postales. También nos colamos en una expo-conferencia sobre aizome (tinción con índigo), arte milenario y secreto millonero que los Japoneses compartían con los Holandeses, hasta que los Alemanes de la BASF sintetizaron y produjeron industrialmente la indigotina, desmontándole de paso el chiringuito. Cosas de la vida, tu...

Segunda parada: el famosísimo spectacle bridge (puente de los anteojos), ante el cual es indispensable sacarse una foto, obligatorio parar a darse un beso y muy recomendado casarse si te cae cerca o te pilla en una buena ventana... Futuna se enfadó mucho porque le parecía una p--a m----a y "no me jodas tío, cualquier puente de dos arcadas (que son muchos) con agua debajo (que es lo normal) dibuja gafas y no te pateas 40 minutos de barrios residenciales de los años 50-60 para verlo! Pero el spectacle bridge tiene dos grandes méritos: el primero es que este patear 40 minutos por barrios residenciales feos de los años 50-60 te da la oportunidad de encontrarte con mil frikismos cotidianos de la ciudad. Y eso mola cantidad. Bomberos ¡haciendo carrera de mangueras! Casas ¡con churros al estilo Gaudí! y hasta ¡templos griegos de la iglesia de la cientología! Ole ole! Uala neng, Nagasaki está on fire hoy.

Nagasaki resumida en una imágen icónica y tres imágenes frikiepcionales: el cutre puente anteojos ; el auténtico churro de Gaudí ;
a ver ¿quien tiene la manguera más larga? y el templo griego de la iglesia de la cientología (siglos atrás, hivieron a cristianos por menos...)
El segundo es que este patear 40 minutos por barrios residenciales feos de los años 50-60 te recuerda sútilmente cómo la ciudad fue arrasada por la barbarie norteamericana o tal vez por sus ganas morbosas de jugar con la bomba. Estas casitas horteras con fachadas grises y silenciosas, te recuerdan que la Historia, la escriben los ganadores, los que tienen el Bien en su bando. Igual que en Vietnam o en media América latina, vivieron aquí el genocidio liberador del Bien y del Progreso. Lo recibieron de la misma mano liberadora (que nunca rindió cuentas y sigue impune hasta la fecha) que les liberó después con Coca-Cola, Ketchup y diabetes. Para recordar eso, también hay en Nagasaki como en Hiroshima un memorial de la bomba. Un lugar cuya visita sí es obligatoria y no, no es anodina.

Tercera parada: el acogedor aunque pequeñísimo piso de una Couchsurfer (norteamericana justamente), que aceptó alojarnos un par de días. Muy joven, entusiasta y muy simpática, es profe de inglés y millenial con todas las letras.

O'nigiris caseros: arroz, alga nori, furikake, un poco de arte y... mucho cariño.
Ha venido aquí a liberar el pueblo enseñando el ingurishu de Shakespeare John Wayne a los ejecutivos alienados por el yuque de su cultura multi-milenaria. Es Couchsurfer un poco como nosotros: hasta el moño de la típica actitud relaja' CS y del típico CSer apalancao. De hecho, no nos queda muy claro porque insiste en ir a buscarnos a pie a media hora de su casa en lugar de darnos indicaciones, y lo entendemos cuando en la caminata juntos, nos acompaña hasta un supermercado "por si necesitamos comprarnos la comida", pasamos delante de una laundro-mat "por si necesitamos poner una lavadora" y hasta nos señala una frutería y otro colmado justo al lado de casa "por si nos falta algo más adelante". Nosotros ya lo llevamos todo dentro de estas mochilas ridículas que cargamos, y no se cree que no vamos a ser unos apalancaos más. Al irnos por la mañana del tercer día, cuando ya ha salido a currar, le dejamos en la nevera un batch de o'nigiris recién hechos por nosotros con amor y con el molde que nos compramos en un todo a 100 y que quedaba por inaugurar. Se emocionará tanto al encontrarlos a la noche que nos mandará mensajitos casi llorando, diciéndonos de volver cuando queremos, que "my kaza tu kaza" y hasta nos los mencionará en su super referencia CS... El ser humano no está totalmente perdido. Fin (aunque continuará pronto en Fukuoka).


ya está bien para hoy
seguro que teneís cosas que hacer
así que ¡a trabajar! ¡vagos!
besos y abrazos,
W. y F.





Saturday, November 12, 2016

Jusqu'au bout du Sud (1 de 8)


quais de gare, correspondances, terminus et trains à tête d'insecte-cyber!
Après presqu'un mois et demi passé, comme dans un rêve, au bord de la baie de Kumihama chez Atsushi-san et sa famille - et à peine remis des émotions de la névrite vestibulaire foudroyante de Futuna - on a finalement quitté le Kansai, non sans avoir fait une petite escapade le long de la péninsule de Kyotango et jusqu'à Amanohashidate (pour les curieux, ça se passe ici!). À grand renfort de trains et bus locaux, on a ensuite rejoint - juste à temps et un peu incrédules - une Kyoto pleine à craquer de touristes de tous poils et de toutes nationalités, venus en masse pour voir défiler l'extraordinaire et célébrissime Jidai Matsuri. Notre intention était de passer deux ou trois jours en ville, histoire de voir ou revoir quelques-uns de ses plus de mille temples, de se poser pour écrire des cartes postales et un ou deux articles de ce blog dont le retard s'aggravait. Hélàs, toutes les pensions, guesthouses, auberges et petits hôtels dans notre budget affichaient complet, comme les hôtes Helpx et Couchsurfing qu'on avait contactés en catastrophe 4 ou 5 jours à l'avance. Ce festival, l'un des plus courus de tout le Japon, attire des dizaines de milliers de touristes chaque année et la ville en est absolument saturée. Au-delà des difficultés pour trouver un hébergement, toutes gammes confondues, les transports publics sont blindés et la gare centrale ressemble à la Rambla ou à la rue Saint-Rome un samedi de fin de soldes! On a ainsi passé près de 40 minutes à faire le pied-de-grue, vers 10 heures du matin en descendant du train, pour finalement trouver, non sans s'attirer les regards haineux de familles moins opiniâtres ou moins organisées, un casier de consigne pour nos gros sacs...

télé à la carte et boisson énergétique TRÈS puissante: bienvenue au Love Hotel!
Mais avant de continuer - et puisqu'on parle ici de voyage vers l'inconnu - revenons une douzaine d'heures en arrière. La veille, après cette escapade romantique et sauvage tout autour de la péninsule de Kyotango, il nous avait fallu trouver un endroit où dormir. La nuit était tombée très vite et les abords de Fukuchiyama, ville moyenne où nous avait laissé le dernier train en provenance d'Amanohashidate, ne se prêtaient guère au camping sauvage. En tout cas, on n'avait eu ni le temps ni l'énergie de chercher un spot discret, convenable et facile d'accès. On se sentait fatigués et la perspective de tout déballer, monter le camp et cuisiner dans le noir ne nous enchantait pas. Il y avait une seule alternative et on n'a pas beaucoup douté avant de mettre le cap dessus: un Love Hotel repéré quelques jours auparavant sur Google, juste au cas où. On vous en a déjà parlé (on en a déjà usé et abusé, aussi) en Corée du Sud: si l'on fait abstraction du cadre kitsch-sordide - ou si au contraire on adore ça! - le Love Hotel est une option épatante d'hébergement bon marché et sans souci: plein de "services" inclus et plein d'autres "à la carte" si on veut ; des chambres au décor original ; une bouilloire, un micro-ondes et des trucs utiles en tout genre dans la chambre ; et personne pour vous emm... En bref, c'est le pied! Dans celui-ci, on a pu évidemment se doucher et préparer notre dîner, regarder n'importe quoi sur la télé grand écran, se faire des thés et des cafés instantanés au lait en poudre presque toute la nuit, ou mettre à sécher quelques fringues lavées sur place à la main. Les kleenex et les prophylactiques sont inclus. On a préféré ne toucher ni aux uns (question d'hygiène) ni aux autres (qualité douteuse), mais ils étaient on the house, tout comme les sachets de thé et les dosettes de café. On aurait aussi pu utiliser la borne d'arcade installée entre le porte-manteau et le micro-ondes ou faire du shopping triple-X sans quitter la chambre. On a choisi de passer notre tour, pour ne pas charger nos sacs de plus de souvenirs érot exotiques.

room service: borne d'arcade, kleenex, condoms, console d'ambiance lumière, clim, t.v., hi-fi et vending-machine TRÈS spécialisée (zoomez!).
Le lendemain, on a filé de bonne heure pour Kyoto et son bouillonnant bain de foule, laissant derrière nous le lit défait et le mini-bar intact. La journée est passée très vite entre le festival, un peu de shopping (cartes postales, magnets et autres souvenirs plats et légers), de lèche-vitrine et l'achat d'une tente digne de ce nom, la pluie étant l'une des marques de fabrique un(t)raveling et l'île-où-il-pleut-35-jours-par-mois*, l'une de nos destinations des semaines à venir. Le soir même, non sans avoir âprement bataillé et finalement dû opter pour de la classe "supérieure" au lieu de l'économique, on s'est installés à bord d'un "luxueux" bus de nuit à destination de Fukuoka, tout au nord de l'île de Kyushu, la plus au sud de ce pays-archipel.
l'indispensable roadbook de www.hyperdia.com pour voyager au Japon!
La nuit a été plutôt longue et presque blanche : halte à Osaka (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...) ; halte à Okayama (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...) ; halte à Hiroshima (lumière, montée-descente de passagers, raffut, coups de coude, gros sacs...), pause sur une aire d'autoroute au pied de l'imposant pont de Shimonoseki (lumière, tout le monde descend, toilettes et café) ; et finalement, arrivée à Fukuoka, gare centrale Hakata (terminus, tout le monde descend!) au petit matin. Pas très frais, on a pris un petit déjeuner frugal au premier Seven-Eleven qu'on a trouvé au hasard des couloirs de la gare: le classique café au lait à 150 yens et des briochettes un peu synthétiques, genre mousse isolante sucrée et pas dégueu (c'est encore le plus préoccupant) trempées dans le café. Passons... Puis on s'est mis en devoir de trier nos affaires afin d'en laisser un maximum dans un casier de consigne de la gare, avant de débuter notre grand marathon de trains jusqu'à Kagoshima, à l'extrême sud de Kuyshu. Notre idée était de descendre à Kagoshima d'une traite, puis de remonter petit à petit en explorant toute l'île à notre rythme. Du coup, on voulait voyager "léger", c'est à dire sans le trolley à provisions et avec un seul sac à dos par personne, mais avec le matériel de camping pour pouvoir être autonomes : randonner, camper, faire du stop, aller passer quelques jours sur l'île secrète du bout du monde et boucler la boucle ici, à Fukuoka, en y retrouvant Shimon-chan, ainsi que Nao-san et ses amis. On a vérifié que la durée maximale des casiers de consigne était de 3 jours, renouvelables autant de fois qu'on voulait. Mais ça ne nous avançait guère de revenir tous les 3 jours pour remettre des pièces dans une consigne automatique. On a aussi vérifé que passés les 3 jours, les affaires étaient retirées du casier et gardées dans un autre local pendant 1 mois, délai au-delà duquel elles étaient jetées. Si on revenait avant un mois - on s'est dit - on pourrait payer l'amende de retard (juste la somme des frais journaliers, en fait, sans majoration) et tout récupérer. Bien vu, non?**

"dans les transports en commun" chante Thomas F., "les hommes ont le pied marin" - ou la nausée, "les filles sont nerveuses" - ou endormies.
On a donc décidé de jouer cette carte et pour assurer le truc, on a laissé sur notre tas d'affaires bien tassé dans le casier une jolie note moitié en anglais, moitié en japonais, fort aimable et civilisée, qui disait quelque chose comme : "On revient vers le 25/11/2016, merci de garder nos affaires jusque là, on paiera les frais et on vous remercie d'avance! Merci, merci, merci!". On a estimé que ça ferait l'affaire et on est partis sans se retourner. De toutes façons, c'était ça ou on ratait le premier d'une longue série de trains! Parce qu'en effet, pour traverser toute l'île de Kyushu du nord au sud, sans prendre un Shinkansen ou un super bullet Nozomi, il faut se lever de bonne heure et avoir du temps devant soi. Si on veut en plus éviter les Limited Express, il faut aussi développer des trésors de patience et pouvoir s'abandonner à la contemplation - béate - du paysage. Et si l'on choisit, enfin, de privilégier les petits tortillards des compagnies privées locales, il faut aussi savoir lire et déchiffrer les kanjis comme un enfant de 5 ans environ - ce que Wallis, heureusement, faisait avec style et enthousiasme! Après environ deux heures sur la JR (Japan Railway), on est entrés sur les terres de l'Orange Railway, dont c'était justement l'anniversaire ce jour-là. On avait prévu de voyager le lendemain, on aurait pu voyager la veille, mais non. On était là le jour J et pour fêter ça, Orange était gratuit! Après nous avoir appris la bonne nouvelle et demandé d'où on venait, des bénévoles souriantes aux gilets chamarrés nous ont poussé en voiture en criant "Ooooh! Furan-go, Supain-go! Ooooh! Lucky lucky! Furan-go, Supain-go! Very lucky!"

l'Orient-Express de Kyushu: le célèbre Orange Railway ; le Futuna un peu à bout de train ; le personnel souriant et la (fameuse?) cloche!
Et c'est vrai qu'on en avait drôlement, de la chance: débarqués pour ainsi dire de notre Furance et de notre Esupagne natales, de pouvoir voyager gratuit tout le long de l'Orange Railway jusqu'à Kagoshima! Alors bien sûr, c'était gratuit, mais ça n'allait pas plus vite pour autant. Magnifique paysage par la fenêtre: une côte déchirée, des îles sur l'horizon, des rizières partout alentour, des volcans au loin et même quelques palmiers dans la lumière du soir. On a débarqué à la nuit tombée, au sud du Sud, un peu fatigués et la tête vague. On n'était pas très frais à vrai dire, mais très agréablement surpris par la chaleur moite et l'ambiance irréelle de la gare centrale et de ses environs immédiats: un centre commercial énorme envahi de hordes de... comment dire? Bon, bin on va vous montrer, ça sera plus simple:

Vite! Récupérez vos sacs avant que la consigne ne se transforme en citrouille!
de hordes de jeunes gens et jeunes filles déguisés en Blanche-neige, en zombies, en personnages anime ou en trucs difficilement reconnaissables pour des gaijins pas vraiment branchés cosplay (コスプレ, kosupurei) ni Comic-Con. Genre comme si c'était Carnaval ou Halloween, vous voyez? En fait, c'était très vraisemblabement Halloween, sauf que nous on n'avait pas vraiment conscience des dates et que ce type de choses, c'est toujours mieux quand ça vous tombe dessus par surprise. Pas de stress, pas de pression pour le costume, pas de risque d'être déguisé pareil que tout le monde, pas de problème pour ranger clefs et portefeuille dans un collant en latex argenté ou un pelage fuschia soyeux sans poche intérieure. De toutes façons, on était déjà doublement déguisés: une fois parce qu'on était gaijins dans une zone du Japon où ils n'y en a pas tant que ça, et deux fois parce que notre look de backpackers, outfit de brousse froissé et sac à dos de 20+ kilos, devait évoquer soit des super-héros, soit des sortes de survivants d'une dystopie post-apocalyptique à la MadMax... Bref, dans le cours de la même (très longue) journée-marathon (d'accord, il y a eu une nuit en autocar au milieu, mais ça ne compte pas vraiment), on est sortis d'un Love Hotel hypra-kitsch, on s'est plongés dans un défilé historique en costumes, on a écumé d'un bout à l'autre la ligne de chemin de fer de Kyushu et on est descendus du train pour se retrouver au milieu d'une fête d'Halloween assez spectaculaire. Sensation un peu irréelle d'être des extra-terrestres ou, au contraire, de s'être téléportés sur une autre planète... Incrédules, on a un peu traîné dans les allées du centre commercial, puis on est entrés dans un supermarché et comme c'était presque l'heure de la fermeture, on a fait le plein de sushi, sashimi et bento en super promo pour le dîner. On a mangé par là, sur un banc face à la grand-roue, dans la lumière des néons, en regardant passer cet autre défilé en costumes. Et on a commencé à sentir, pour la première fois, que Kyushu était différente du reste du Japon; de Onshu, de Tokyo et du Kansai en tout cas. Malgré l'effervescence, il y avait quelque chose d'informel, de détendu, de tranquille dans l'atmosphère, qu'on n'avait pas encore ressenti dans ce pays et sans doute pas non plus de façon aussi palpable depuis le début de ce non-voyage jusqu'au bout du monde et au-delà. "On dirait le Sud", a fredonné Futuna, tout en se sentant un peu ridicule. On s'est dit que notre bout du monde à nous, il n'était peut-être plus très loin; que peut-être on touchait au but. On s'est dit que c'était peut-être la fatigue tout simplement. Mais ça non plus, ça n'était pas pour nous déplaire...

Kagoshima by night, son centre commercial, sa grande roue et... le réceptionniste (noctambule et très stylé) de notre guesthouse!
En arrivant à l'auberge que Wallis avait repérée sur http://www.hatinosu.net***, le premier individu avec lequel on a eu une interaction, ça a été lui là, au-dessus, sur la photo de droite (effectivement, c'est un Ambystomatidae, un axolotl mexicain pour être précis). On s'est regardés en silence, façon Ishin-denshin et on s'est dit que décidément, Kyushu promettait d'être une expérience unique... Vingt minutes après, on était douchés et on dormait à poings fermés.


à bientôt pour la suite,
joyeux non-Halloween
et plein de bises!
W. & F.


___________________________



* À propos de l'île mystérieuse, secrête et oò il pleut 35 jours par mois: c'est pas qu'on fait monter le suspence exprès depuis un moment, c'est pas qu'on veut créer le buzz, c'est juste qu'on a super envie d'aller la découvrir et qu'on ne sait pas du tout à quoi s'attendre. Ce sera une surprise pour nous autant que pour vous et on ne peut donc en parler que de façon très vague pour l'instant... Un peu de patience!


** Au prix d'un délit d'initiés que seul les voyages dans le temps autorisent: on peut d'ores et déjà vous annoncer que Non! ce n'était pas si bien joué que ça et que l'histoire ne s'arrête pas là. Mais, chut! pour l'instant on joue le jeu et on fait comme si de rien n'était... Suivez l'aventure et à la fin, vous saurez tout!



*** hatinosou.net est une page extraordinaire qui recense une flopée de campings, hébergements, sites de bivouac autorisé, aires de camping sauvage et auberges très bon marché. Elle est malheureusement uniquement en japonais et assez peu intuitive (c'est un euphémisme!), mais nous a permis d'arriver là où la main de l'homme blanc n'avait encore jamais mis le pied et nous a valu quelques sueurs froides de première catégorie... À suivre!