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Wednesday, December 28, 2016

furenchu supoken : perudu dans la turaducution?

Si l'angurish est parfois source d'anguish (selon qu'il est parlé ou pas ; ou pas assez ; ou alors y'a longtemps et toujours avec un accent qui rend la communication difficile), il semble au contraire que le furançais - qu'absolument personne ne connait ni n'aurait l'idée saugrenue d'apprendre, d'ailleurs - exerce sur l'inconscient populaire japonais une fascination exotique et carrément romantico-sensualo-séduisante. Au Japon, plutôt que le dire avec des fleurs, on peut donc le dire en furançais et c'est comme avec l'Oncle Ben's: c'est toujours un succès ! Ici, le fabuleux destin d'Amélie Poulain est LE film culte absolu et la tour Eiffel synonyme d'art de vivre ; l'accordéon d'Yvette, loin de fatiguer, fait chavirer les cœurs et Édith Piaf, elle, fait tourner la tête. Les escaliers de la Butte sont durs aux miséreux et les ailes du Moulin, comme de bien entendu, protègent les amoureux. Du coup, il ne faut pas s'étonner (ou si, parce que s'étonner un peu -au moins une fois par jour- est excellent pour la santé) de trouver un peu partout et à tout propos des messages, slogans et enseignes dans la langue de Molière.

Le seul hic est peut-être que, souvent, lesdits messages, slogans et enseignes ne veulent pas dire grand-chose. Voire ne veulent rien dire du tout, directement. Alors bien sûr, "Bouillon de Paris à vins" est un exemple qui fleure bon le plat du jour et la nappe en vichy authentique façon brasserie du Boul'mich. C'est facile, concis et efficace. Ça touche l'imaginaire. Mais que faire avec "Épi-ciel, soyez un gourmet dans votre vie" ? Une épicerie fine, évidemment ! Et "Vent-et-anne", direz-vous ? Pour nous, il doit s'agir de la transcription phonétique d'un numéro de rue: homophonie malheureuse ou jeu de mot sophistiqué, c'est à vous de voir... Sinon, il manque peut-être (sans doute ?) un N final au "Salon de soi" mais c'est quand même moins drôle. Quant au "Salon de rape", ça fonctionnerait presque en espagnol, "rapar" voulant dire "tondre". Mais en anglais en revanche, "rape saloon" est tout simplement terrible... Allez, sans plus de bura-bura, voici une petite sélection de nos trouvailles les plus croustillantes :


Et voilà ! Comme dirait Bobby Lapointe, "c'est peu, ce n'est pas trop". On aimerait enrichir un peu la collection donc : si vous en avez à partager, envoyez-les nous s'il vous plaît, on les ajoutera ici et on vous enverra une carte postale exclusive en guise de remerciement. Arigato gozaimasu et à bientôt pour de nouvelles aventures quotidiennes, linguistiques, exotiques et/ou culturelles !


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ps: et bien sûr, la BO en furançais dans le texte vous est offerte (sans droits et sans complexes) par un(t)raveling!


Friday, September 23, 2016

un poco más lejos aún... (1 de 8)

un(t)raveling Tokyo y alrededores


desde el calor húmedo de una lavandería con vistas, lluvia a cántaros sobre Osaka.
Después de veintipoco románticas y agitadas horas a borde de un crucero bastante oxidado y muy pero-que-muy-muy hortera, con mar desmontado y con-pasajeros vomitando a por doquier por culpa de un tifón (typhoon?) con mucha mala leche, llegamos por fin a Osaka, nuestro puerto de entrada al lejano y exótico Japón. Tras cruzar Europa y Asia en tren, embarcarnos para Corea del Sur y vivir allí unas aventuras tan verdes como fueron lluviosas, Japón era a la vez nuestro auténtico fin del mundo y una especie de Ítaca-siática: isla añorada, hogar perdido y objetivo al que entregarnos sin condiciones... No que estuviéramos acá solamente para "hablar de nuestro libro", pero les recordaremos sin embargo - y sin darle más vueltas al asunto - que si se han perdido los anteriores capítulos y les muerde, voraz, la curiosidad, podrán buscar en estas columnas relatos diversamente informativos de todas (o casi todas) nuestras andanzas con rumbo al fin del mundo: desde la madriguera del Ariège hasta el aquí y el ahora, 16.000 km de relatos ilustrados. Naveguen, pues, con el cómodo menú de la derecha, cliquen tanto como quieran y en definitiva: ¡entren y vean! Voilà.

diluvio sobre un depato (deparutumentu sutoru) céntrico ; sonata para neón y paraguas ; riquísimo okonomiyaki osakense con kastuobushi*.
Pasado el control de inmigración, nos recibió una Osaka con lluvia fría y cielo bajo. A partir de allí, el plan era que no había plan. Se había diseñado parte del itinerario por Europa y Rusia pero todo lo demás era página en blanco, mar abierto, trapecio sin red etc, etc... O más bien sí que algo de plan B había: nuestro querido Hiro-san nos había ofrecido un techo en Tokyo, al que pensábamos acudir más adelante. Pero tanto la meteo como el silencio de los amigos por Kyushu y el Kansai nos llevaron a aceptar su invitación sin más demorarnos. Se trataba, pues, de aprovechar el día en Osaka para lavar ropa sin mojarnos más de la cuenta, comer algo rico y caliente y conseguir pasajes en un autobús de noche con rumbo a la capital ; de poder ser, hasta la estación de Shibuya y de allí hasta los brazos acogedores de nuestro Hiro-san salvador (juego de palabras un poco flojo, pero hay que calentar motores).

¡ups! al parecer estamos ya en Tokyo, de camino etre Shibuya y casa de Hiro-san.
Para conseguir nuestra meta de lavar ropa, un hotspot de wi-fi en Busan nos había permitido encontrar una lavandería automática cerca del metro y justo en el trayecto entre el muelle y la estación de buses. Así que fue llegar allí, entrar, despelotarnos casi integralmente - como en el clásico anuncio de Levi's (del 1985, con un gran éxito de los Creedence Clearwater Revival de banda sonora: para los nostálgicos, sigue allí) y lavar lo que teníamos para lavar mientras leíamos un rato, hacíamos cuentas de los últimos días por Corea del Sur y soñábamos con algo rico y típico que comer antes de subirnos al autobús. Si la comida en Japón tiene fama de ser algo carilla (y es cierto que lo es, más aun con el euro cerca de los 110 yens el día de nuestra entrada en el país), existen opciones ricas y baratas para no pasar hambre sin arruinarse. Los onigiris y makis de los combinis (convenience stores del tipo 7/11 o Lawson's) son de los básicos más funcionales: el arroz para llenar, el resto para darle un poco de vidilla. Entre los muchos sabores disponibles, el de atún y mayonesa es sin duda nuestro favorito, aunque hay uno de umeboshi (una ciruela agria fermentada) que tiene mucho carácter y sabe a Japón que lo flipas... El café con leche del 7/11 - menos dulce que el del Lawson - también es un básico barato que ayudará a los cafeinoadictos a no sufrir demasiado los síntomas de la abstinencia. En fin, volvamos al tema: con la ropa limpia y seca, las mochilas hechas, las fundas impermeables bien colocadas y hasta con un paraguas de usar y tirar encontrado por allí, volvimos al metro y de allí a la estación de autobuses, no sin haber encontrado en la acera una cartera abultada por un buen fajo de billetes. La recogimos y la llevamos al dependiente de la primera tienda que encontramos, para que la guardase hasta que alguién viniera a por ella, o que la policia andara buscándola por la zona. Perdón por el topicazo pero: cosa impensable en cualquier lugar del mundo que no fuese Japón, es muy probable que su propietario la haya llegado a recuperar con la cantidad exacta de dinero con la que la perdió.

en el tejado del superático-laboratorio-madriguera de Hiro-san: tres gatos de reencuentro disfrutando inmejorables vistas al skyline Tokyoita!
A todas estas, nos pasamos la tarde en el centro comercial - shopingu maru o depato, como los llaman aquí - de la estación, mirando la última oferta de electrodomésticos, hi-fi y telefonía, la moda del otoño 2016 y salivando en el food plaza del ático. Ante una oferta pletórica, escogimos finalmente un pequeño local tan lleno (de gente y de humo, ambos señales favorables) como acogedor, cuya especialidaz era el auténtico okonomiyaki de Osaka ; el original, dirán los aficionados. Preparado ante el afortunado cliente y cocido en la pequeña plancha de la mismísima mesa, el okonomiyaki es una especie de tortilla de huevo, col rallada, harina y fideos, que se sirve y disfruta caliente, cubierta de mayonesa, salsa picante y katsuobushi (véase abajo información acerca del producto*). Luego todo pasó de repente: medio tumbados en los asientos de un cómodo autobús de noche, nos dormimos en la autopista, perseguidos por la cola del maldito tifón. Nos acompañaron en el sueño noticias de retrasos, accidentes, ejes cortados, Godzilas iracundos y demás catástrofes naturales a lo grande. Pero no: al final de la noche, amaneció (que no fue poco).

apenas llegados, empezó la fascinación de Futuna por los zorros Hinari.
En poco tiempo estábamos en Shibuya y de allí, tras un trayecto bastante rápido en el famoso metro en hora punta, nos plantábamos abajo del edificio que nos había indicado Hiro-san. Eso sí: nos costó casi una hora entender cómo y dónde había que llamar al timbre para poder entrar y subir hasta la planta 13 (no pasa nada en Japón con el 13 ; el problema aquí es más con el 4). Allá arriba, descubrimos en un abrir de puerta: no solo que en más de 10 años, Hiro-san parecía más joven que la última vez que nos habíamos visto en Paris (fuimos compañeros de residencia de anatomía patológica veterinaria entre 2002 y 2005), sino que también había montado en un cómodo duplex con vistas panorámicas, un concentrado de laboratorio de histopatología. En la cocina, entre máquina de café y dos neveras (¡ojo! una con comida y otra con muestras y reactivos), un banco de recorte e inclusión en cera, un micrótomo y una batería de kits de tinciones convencionales ; en el comedor, cuatro puestos de trabajo con microscopio, ordenador y dictafóno ; en el salón, el estándar telefónico, el fax y los ordenadores de secretaría, además del rinconcillo para tomar té y café. También contaba con un cuarto de baño de lujo y arriba del altillo, con un despacho y una habitación que pudimos invadir sin interferir demasiado con la febril actividad del lugar. A lo largo de la semana que pasamos allí, procuramos estar despiertos cuando llegaba el primero y no volver de nuestras escapadas hasta avanzada la tarde, para no entorpecer el trabajo. Misión difícil, por no decir imposible, ya que cada mañana - incluidos los domingos - alguien llegaba sobre las 07:00. Pasadas las 21:30, también solía haber alguien abajo todavía, rematando su jornada laboral.

Además de ser muy cómodo, nuestro campo base tokyoita ofrecía una convivencia cordial con el equipo de Hiro-san y un acceso fácil a muchos lugares céntricos. Entre ellos, el ostentoso barrio de las embajadas, donde dedicamos estresantes días y horas para conseguir el visado para China, así como algunos otros más raros y para coleccionistas: los de Kazakstán, Uzbekistán y Turkmenistán.
akita-inu, dueña pija y casa de arquitecto en el alto barrio de las embajadas...
Nuestra idea en aquel entonces, para seguir sin volar, era volver (a pie por la China, si andan por acá lectores francófonos amateurs de contrepèteries...) por la ruta de la seda. Resultó, tras 3 intensos días de idas y vueltas, ataques de nervios y desesperación, que obtener el visado para China desde fuera del país de residencia habitual ya no era posible. O sea: en teoría, sí. A la práctica, la lista de documentos e informaciones que había que proporcionarle a la borde de turno de la taquilla de la embajada de China en Tokyo cambiaba y se alargaba a medida que le íbamos entregando lo que necesitaba solo unas pocas horas antes. O sea: que no hubo manera, ni tras cinco visitas, de que tan solo aceptase nuestros formularios, expedientes y documentación sin sacarse de la manga una nueva pega. O sea: que si no le llegamos a insultar fue por la barrera del idioma, ¡no por falta de ganas, ni por el tamaño letal de sus uñas postizas! La ruta de la seda se nos demontó, pero no importaba: llevábamos tan solo cuatro días en Japón, de los dos meses que pensábamos estar por allí y tanto "el futuro" como "la vuelta" nos parecían cometas flotando a lo lejos en el azul celeste de un día sin nubes - o algo cursi del estilo. También aprovechamos estos días para explorar vecindarios y distritos de carácter, para ir a ver la estatua del perro-que-esperó-a-su-dueño-fallecido-en-la-salida-del-metro-durante-años, los jóvenes-que-andan-por-la-calle-disfrazados-de-heroes-de-manga y demás curiosidades típicas que un turista gaijin no se debería perder para no fracasar en su inmersión cultural a lo Lonely Planet (noten por favor la ironía sutil y cambiemos de tema sin perder más tiempo...).

el selecto local con clientes, sakes y el jefe/motero reinando detrás de la barra.
Pero la sorpresa más grande que nos reservó Tokyo llegó tan solo en nuestro segundo día y nos vino de Hiro-san. A eso de las siete de la tarde, un día de semana como cualquier otro, nos ofreció ir a tomar algo con él y su pareja después del trabajo - hasta aquí, muy bien. Nos llevó, pues, por su barrio, hasta un lugar para tomar sake: un local pequeño a lo Jiro dreams of sushi en el que se respiraba un auténtico aire de bar de la esquina de toda la vida. Hasta el dueño, que nos saludó muy cariñosamente, parecía sacado de una peli del Kitano: algún jefe de sección local de los Hell's Angels jubilado, o quizás un sicario fuera del mercado, viviendo aquí una nueva vida anónima y respetable. Se trataba en realidad de un templo de la cata de sakes finos y, para acompañarlos, de una tentadora oferta de delikatessen más exquisitos los unos que los otros. Eramos cuatro, así que en la primera, probamos cuatro copas de cuatro sakes distintos. Hicimos lo mismo en la segunda ronda, con cuatro sakes más. Y repetimos en la tercera ronda con cuatro sakes más. A estas alturas, ya nos estabamos poniendo finos, pero fue cuando Hana-san tuvo la gran idea de proponer una cuarta ronda, en la que cada uno tendría que elegir y pedir su favorito para volverlo a catar. ¡Grande Hana-san! Los platitos de riquísimas tapitas se iban siguiendo y el local empezaba a girar como una mala cosa. Tras pagar sin temblar (y hasta con gusto) una cuenta bastante salada, nos ibamos a separar cuando Hiro-san también tuvo la gran idea de proponer una locura de las buenas:

tapitas de lujo ; generosas rondas de sakes selectos ; más tapitas de lujo, luego más generosas rondas de sakes selectos, luego más tapi...
Ya que el fin de tifón significaba una corta ventana de cielo excepcionalmente despejado, nos pasarían a buscar con el coche abajo del laboratorio a las cuatro en punto de la madrugada para ir juntos a ver la salida del sol sobre el Fuji-san... y volveríamos a tiempo para que cada uno empiece su día como si nada. ¡Grande Hiro-san! Así que fuimos hasta [su] casa, que no era el polo para nada, pero que nos costó encontrar con eso de las rondas de sake. Eso sí: con un colchón nos bastó... Nos metimos en la cama con sueño y con el despertador que en un cerrar - y abrir - de ojos, ya sonaba el fin de nuestra breve noche. Abajo ya estaban Hiro-san y Hana-san, con la radio puesta y caritas de dormidos. El Futuna tardó tres cuadras en caer y volver a empezar la suya, mientras Wallis, muy educadamente, daba conversación a los anfitriones/pilotos (cuentan que el trayecto fue bonito; el narrador no puede confirmar). Lo cierto es que al salir del coche, nos esperaba esto:
el Fuji-san  de madrugada: en traje de Adam, al natural, vestido de mar nube.

Estuvimos un buen rato, abrazados en el frío húmedo que anunciaba el amanecer, mirando la silueta simétrica y perfecta del Fuji-san cambiar muy lentamente entre sus cincuenta sombras de azul. Aparentemente, la fascinación que ejercen las montañas sobre los seres humanos no tiene cultura ni nacionalidad... Con el primer rayo de la mañana, se tapó el cuello como para decirnos que ya nos podíamos ir, cosa que le iba muy bien a nuestro Heroe-san del día. Le esperaba una buena paliza para llevarnos de vuelta a casa, justo a tiempo para empezar su día de oficina... El privilegio de ver al emblemático despejado nos hizo olvidar que se estaba por terminar, pocos días después, la temporada "oficial" de ascensión. En breve cerrarían los refugios e itinerarios hasta la cima. Después del Teide y del Mulhacén, teníamos la esperanza de podernos hacer con otro 3.000 volcánico. Pero coronar la mítica cumbre japonesa tendría que esperar unos años más y una hipotética próxima visita al archipiélago... Tant pis. Cogimos unas últimas imágenes** para el recuerdo (sino la posteridad) y nos subimos al coche, donde Futuna se puso a rancar apenas arroncado el motor y no se despertó hasta llegar "a casa". A continuación, nuestro día fue bastante light: nos conformamos con caminar hasta el parque de la esquina y mirar allí a la gente paseando con sus perros en carritos de bebés, circulando muy civilizados en sus bicis eléctricas o volviendo de la escuela, muy solemnes en sus uniformes impecables.

chuchos al sol y niños cazando libélulas: escena universal de barrio cualquiera.
También aprovechamos la madriguera de Hiro-san como campo base para ir a explorar las afueras de Tokyo, concretamente la ciudad playera de Kamakura y la sierra cercana de los montes sagrados Tanzawa et Tonodake, justo a medio camino entre Tokyo y el Fuji-san, ambos miradores excepcionales para el viejo gigante. Pero parece ser que este post ya se está alargando más de la cuenta: tendremos que dejar esto y lo demás para el próximo capítulo... Para ahora, y para rematar el tema de las múltiples vistas al Monte Fuji, digamos que salvamos lo que quedaba del día y fuimos a visitar el famoso edificio del ayuntamiento. Wallis ya conocía su famosa planta 45 y sus increíbles 360º de ciudad, suburbios y alrededores. Al Futuna, le tocaba descubrir la vista y... el cuento. Fueron necesarios un ratito de metro lleno de gente hasta reventar, algo de andar por pasillos futuristas y asépticos, unas pocas escaleras y un control de seguridad rutinario para llegar al pie de ¡la madre de todos los ascensores! Otro topicazo de circunstancia: "Japón, tierra de constrastes y bla bla, bla bla bla, tradición y modernidad, bla bla" o aquel otro de "el budismo zen, el Wu Wei, el Todo y la Nada, bla bla bla". De acuerdo. Fíjense ahora en que, bueno, un poco de verdad debe tener. Ahora saldrán los aficionados al argumento de que si ha pasado a ser un tópico, por algo será. Por lo menos el ascensor, en eso del todo y la nada, sí que algo entendía del tema...
unos clásicos rockeros franceses cantaban "andas como un robot por los pasillos del metro" ; el todo, la nada y el gran misterio de en medio.
Pero lo más fuerte era lo que nos esperaba arriba: un salón mirador panorámico con tiendas de postales feos, de souvenirs cutres a lo "tu nombre en kanji" y demás productos típicos para guiris. Al lado de las inmensas ventanas abiertas hasta el horizonte, unas impresionantes fotos con colores ektachrome de los años 70 pretendían mostrar lo que había que ver. Y es que recordaba un poco las famosas (y absolutamente auténticas) fotos de las cimas mallorquinas de la sierra Tramontana vistas desde lo alto de Barcelona, del castillo de Montjuic o del parque del Tibidabo. Bueno, nada mejor que un par de imágenes para explicarnos e ilustrar el tema. Aquí las tienen, pues. El resumen de nuestros primeros días en Tokyo podría ser que si nos fascinó el primero, no nos pareció satisfactorio este segundo avistamiento del Fuji-san y que teníamos ganas de ir a por el tercero sin esperar mucho! Gracias a la gran hospitalidad de Hiro-san (¡gracias, gracias y gracias otra vez!), pudimos dejar las cosas, escaparnos unos días más ligeros y finalmente volver:

eso con detalle, más fotos, alguna sorpresa y un poco más de Tokyo en el próximo capítulo...

le Mont Fuji depuis la tour de l'hôtel de ville de Tokyo, ou quand le mythe se heurte à la réalité! les arbres aussi ont poussé...


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* Acerca del Katsuobushi: Katsu-o-Bushi NO es una música, auteura-compositora-intérprete, bailarina, cantante y productora británica, nacida el 30 de julio de 1958 en Bexleyheath, Reino Unido. No. Katsuobushi es el lomo de atún seco y rallado que se usa para darle sabor al caldo o para aliñar y decorar platos de arroz, ensaladas o el okonomiyaki. Una delicia. Además, y no es poco, el Katsuobushi baila suavemente al ritmo de tu canción favorita mientras el okonomiyako se termina de hacer en la plancha: ¡Japón es lo más de lo más!

** Acá las tienen: panorámica poco antes de... y retrato poco después de salir el primer rayo... por lo visto, al hacerse la luz, el Fuji-san suele ponerse tímido y taparse un poco ; bueno, eso fue lo que nos pasó. Aun así fuimos muy afortunados que Hiro-san nos llevara allí el día anterior y fue todo un privilegio presenciar esta salida de sol! El efecto cola de tifón duró poco, pero fue verdaderamente milagroso.


Sunday, September 18, 2016

Busan-Osaka: bilan, ferry/croisière et... mal de mer!

vue panoramique du port de Busan avec, à gauche, le "ferry/croisière" (sic.) ringard et rouillé, qui doit nous conduire à bon port... 
Après deux jours d'errances, de nuits en jimjilbang et de pluies torrentielles sur Busan, nous avons finalement embarqué à bord du "ferry/croisière" (c'est le qualificatif donné par PanStar Cruise et vous comprendrez bientôt pourquoi il était amplement mérité...) à destination d'Osaka, Japon. Décision un peu précipitée peut-être, mais dans un élan de désespoir et comme une ultime tentative pour échapper à notre tristement célèbre malédiction de la pluie*. Si ça ne marchait pas, il nous resterait à tenter un grigri ou un démaraboutage en règle ; ou bien décider de nous consacrer professionnellement à apporter la pluie partout où elle ferait cruellement défaut, ce qui pourrait rapidement faire de nous des gens riches et philanthropes à la Bill & Melinda!

après "E.T. téléphone maison", voici "Wallis cherche cabine"...

Enfin... Une fois abandonnés nos sacs dans notre cabine (une boîte en tôle de 5 mètres carrés sur le pont inférieur: sans fenêtre, surchauffée et vibrant tout entière de la proximité des machines), nous sommes retournés sur le pont du "ferry/croisière" et avons fait un bilan silencieux des deux dernières semaines, depuis qu'un autre ferry -tout aussi romantique- nous avait arrachés au déluge de Vladivostok et déposés sous la cloche moite et orageuse de l'été sud-coréen... Du coup et puisque le sujet vient sur le tapis, s'il nous fallait résumer notre expérience sud-coréenne (trop courte et très limitée, il est vrai) en un paragraphe, on pourrait dire que (voici le fameux bilan) :

1- c'est un pays qu'on a trouvé très beau, très vert et très agréable: la nature y est omniprésente dès que l'on sort des villes (belle tautologie) et des sentiers battus. Malheureusement, ça n'est pas si facile, surtout sans véhicule et/ou si on est chargé. Échapper aux formules aseptisées du camping 3* avec bungalow et du boulevard-pavé-qui-va-du-guichet-du-parc-naturel-au-centre-d'interprétation-de-la-faune tourne vite au cauchemar. Donc, nature: oui, randonnée: oui, mais n'attendez pas un trek sauvage façon GR pyrénéen ; ce serait plutôt Las Ramblas à 19h30 en juillet - sans paella surgelée. Il y a aussi un "autre" vrai problème pour les touristes étrangers: la casi-totalité des (nombreux) refuges de montagne n'est accessible que par téléphone ou internet mais pas à l'arrivée sur place. Et pour ça, il faut non seulement parler la langue, mais surtout être résident du pays, car sans un numéro de sécurité sociale (ou quelque chose d'équivalent), il est impossible de réserver... Avis aux amateurs, la frustration vous guette et le bivouac sauvage dans les parcs naturels est interdit! Comme en plus il faut s'inscrire et payer à la journée à l'entrée desdits parcs et que les tickets sont datés et contrôlés à la sortie, il est délicat de justifier de nuits clandestines into the wild...La bohê-ê-ême! Bin non, pas trop.
la Corée sans véhicule peut vite se résumer à ça: l'attente dans un bas telminal.

2- c'est un pays dont la culture est très riche, la nourriture absolument délicieuse et la population a priori aimable et bienveillante, même si la barrière de la langue limite vraiment l'accès à tout ça. Ne comptez pas sur l'anglais pour vous tirer d'affaire, en tout cas hors des centres touristiques et des deux villes principales. Du coup, le petit côté lost in translation (charmant quand c'est Bill et Scarlet, ou accessoire pour une full moon party en compagnie de digital nomads anglophones) devient vite frustrant si l'on veut comprendre et communiquer un peu plus ou un peu mieux. De là aussi que le backpacking, l'auto-stop ou le camping sauvage virent vite à la parano: on se regarde méfiants, on ne se comprend pas, on ne sait pas si ça veut dire "oui", "non" ou "j'appelle la police". Bref, c'est pas non plus une autre planète, mais la communication n'est pas facile et l'expérience d'immersion s'en ressent un peu. N'espérez pas non plus vous fondre dans le décor ou passer inaperçu avec un sac à dos de 25 kilos, des cheveux longs ou de la barbe. Le véritable défi pour nous a été de comprendre les "codes" pour nous déplacer et faire notre vie sans créer d'émeute ni attirer l'attention: comment sortir de la ville et choisir un coin pour poser la tente pour la nuit, comment nous déplacer en transports en commun et arriver loin de tout, comment bouger en hors-piste tout en dépendant des infrastructures existantes. Autant de petits défis faciles en Europe et dans des pays envahis de touristes occidentaux, mais plus compliqués ici.

une métaphore de la perplexité du touriste lambda perdu en Corée du Sud?
3- c'était imprévisible et complètement indépendant de notre volonté, mais si on ajoute que chaque fois qu'on s'est retrouvés dans la nature on a pris la pluie sur le coin du museau (alors qu'août est "habituellement" beau, chaud et ensoleillé), les conditions climatiques n'ont pas aidé. Elles nous ont en tout cas aidés à traverser le pays un peu plus vite que prévu et à nous retrouver sur un ferry pour le Japon après 2 semaines environ, quand on pensait passer au moins un mois en Corée du sud. Les options de repli n'ont pas vraiment donné de résultat: 0 Couchsurfing, 0 Helpx, 0 Wwoof et la ligne de budget "hôtels, pensions et campings" qui a dépassé en 15 jours les prévisions pour le mois. Ouch! Les jimjilbangs nous ont permis de dormir, nous laver et nous détendre pour le prix d'une séance de ciné, quelque chose de surréaliste quand la moindre nuit en camping coûtait 30 euros environ, douche et électricité à part. Mais s'il faut y ajouter le prix des consignes de gare pour les gros sacs et des allées et venues en métro/bus pour les déposer et les récupérer, ça n'était pas hyper économique ni hyper pratique. Et tout ça sous la pluie, c'est un bon exercice de détachement dans la plus pure tradition du zen de Printemps, Été, Automne, Hiver... et printemps. Voilà enfin une vraie référence culturelle vraiment sud-coréenne, il était temps! Et Kim Ki-Duk est un réalisateur tout à fait recommandable, en plus. Ça, c'est fait! Donc en conclusion: oui, on a beaucoup aimé la South Korea, mais: oui, on est partis un peu plus vite que prévu, poussés dehors par le mauvais temps.

Bref, on a regardé s'approcher la tempête qui devait nous accompagner toute la traversée et qui n'avait d'ailleurs pas l'intention de nous lâcher de sitôt (délit d'initiés: à l'heure où on écrit ces lignes, on connait déjà le futur proche: dingue, non?). On avait appris au terminal que plusieurs speedboats pour Fukuoka avaient été annulés à la dernière minute à cause du risque de typhon. Et on comptait bien sur notre bon vieux "ferry/croisière" lourd, lent et peu sensible à la houle pour nous mener à bon port sans encombres.

un peu ferry, très croisière: palmier de bienvenue en ballons, pianiste mellow, chemises hawaïennes, moquettes chatoyantes et jeux de miroirs.
Hop! Sans transition maintenant: le "ferry/croisière" s'amuse! Voilà que tout d'un coup, entre tant de moquettes chatoyantes et une cinquième reprise un peu neurasthénique d'Autumn leaves, on a appareillé. C'est un "on" collectif et nous ne saurions tirer à nous la couverture (en acrylique): il n'y a eu aucun mérite individuel ici, nous avons docilement attendu que sonnent les trompes et que lèvent les ancres. Mais soudain, "on" a quitté le port et l'appel du large nous a immédiatement pris dans ses filets. La mer a montré les muscles, le typhon fait le dos rond - ou le contraire peut-être? - et on a commencé à gîter, rouler et tanguer sans plus de cérémonial. La foule des retraités enthousiastes a vite déchanté, les coupes de champagne du pot de bienvenue ont commencé à tinter, trinquer et se vider sans autre aide extérieure que celle des roulis du tas de rouille laquée et moquetée qui nous servait de bateau: emportés par la houuuuule... Heureusement qu'il y avait des freins sur les roulettes en caoutchouc du piano à queue, sans quoi il serait passé par-dessus le bastingage avant la fin du pont (celui des feuilles mortes** bien sûr, pas le pont supérieur), emportant avec lui la pianiste ukrainienne et l'eau du bain. On n'a guère eu le temps de penser à Novecento, pianiste, mais la référence eut été bienvenue quand même.
un urinoir équipé de l'appli Pee Fighter, si si!

Aux lecteurs fidèles de ce blog (y'en a-t-il seulement?) qui endurent sans protester jeux de mots et calembours tous plus douteux les uns que les autres, une fois n'est pas coutume, voici pour changer une variation du cru sur une blague classique: "mauvais goût criard, kitsch ringard et luxe défraîchi sont dans un bateau. Un typhon arrive, qui secoue le navire dès sa sortie du port: que reste-t-il?" Ah ah ah ah ah! À partir de ce moment, les choses ont changé très vite: les toilettes sont devenues le point névralgique, le lieu à la mode, le centre du monde. Un peu à l'instar du vote d'extrême droite depuis 2002, vomir s'est subitement converti en une activité non seulement socialement acceptable, mais même carrément cool et fun, à partager en famille, entre amis, à commenter en riant et surtout à assumer au grand jour! Dingue: ça s'est mis à vomir dans tous les coins, dans toutes les positions et à tout bout de champ! Si le grand salon n'avait pas pris des creux et fait des bonds de plusieurs mètres en-deçà et au-delà de l'horizontale, on aurait volontiers pensé qu'un Staphylocoque doré déguisé en pirate s'était emparé du ferry. Bref, comme deux vieux matous de mer dans la tourmente, inexplicablement immuns à la crise collective et incoercible de vomissements, on a assisté au drame tout en se promenant de la proue à la poupe et de la supérette au restaurant panoramique. C'est d'ailleurs là qu'un nord-américain fort sympathique nous a invités à partager le trop grand pichet de bière qu'il avait commandé, ne demandant en retour qu'un peu de conversation et des oreilles curieuses d'écouter ses aventures et tripulations autour du monde. Il y avait même quelques chips pour accompagner la bière: la grande classe (américaine)! Ce n'est qu'un peu plus tard qu'on a fait la véritable grande découverte de cette grande traversée: la présente à bord d'un petit onsen à disposition des passagers. Résolus à en découdre et plutôt agréablement surpris de ne souffrir ni des inclémences marines, ni des gastriques caprices pourtant fort en vogue, ni même de l'angoisse propre à l'imminence d'un naufrage, nous nous sommes séparés à la porte de notre spa respectif: chacun sa serviette, chacun son savon et Neptune pour tous! Sans grande surprise, l'endroit était: plus que tranquille, absolument désert! Les tabourets et petites bassines en plastique valsaient d'un côté à l'autre sur le carrelage trempé, les lames qui nous balayaient de côté venaient s'écraser contre la vitre panoramique et l'eau du bain chaud se déversait en déferlantes régulières jusqu'à la porte du sauna, qui battait quant à elle au rythme de l'océan déchaîné. Un spectacle apocalyptico-rigolo, un rêve de gosse entre Chihiro et Mimi Cracra, tout un parc d'attraction en aqua-color rien que pour nous!

la vidéo est en cours d'édition, on vous l'incruste ici à la première occasion! 
On y a passé une bonne heure, chacun pour soi et chacun le sien, malgré la tentation (mutuelle et télépathique) de se retrouver d'un côté ou de l'autre. Après tout, le risque de devoir partager l'espace avec des inconnus à cheval sur le règlement en pleine tempête était plutôt limité ; les priorités de nos compassagers semblaient converger vers une autre famille d'installations sanitaires et on nous foutait, passez-moi l'expression, une paix royale! En définitive, le monde appartient à ceux qui ont le pied marin, fussent-ils plus montagnards que matelots... À la sortie, en revanche, la croisière s'amusait toujours: ça vomissait à tire-larigot, le dîner de gala n'avait pas vraiment le succès escompté, la pianiste était retournée dans sa cabine. Même la mayonnaise avait tourné, qui risquait fort d'ajouter encore au tangage le bon vieux péril gastrique du buffet empoisonné ou du second de cuisine avec un panaris: "staff un jour, staph' toujours". En résumé, c'était pas la joie. On a reconnu, prostré au fond des toilettes du pont supérieur, un jeune qui nous avait abordés dans le terminal avant l'embarquement. Il avait changé de couleur et aussi de t-shirt, allez savoir pourquoi. On a eu envie de lui dire quelque chose d'encourageant, mais il avait l'air beaucoup moins enclin à la conversation que quand il nous poursuivait de ses questions: "where you from?", "how old you?", "which number you cabin?", "is you husband wife?", "where stay you in Osaka?", etc. Et puis on n'a pas voulu déranger les petits monticules de bile avec lesquels il avait consciencieusement marqué son territoire. On l'a donc laissé à ses méditations et autres reflux œsophagiens pour pouvoir nous concentrer sur un sujet autrement plus important: aller manger un morceau!
un cliché dérobé de notre nouvel ami à la chevelure blonde comme... la bile?

On a fait sensation quand on s'est mis en devoir de préparer notre soupe de nouilles instantanées au milieu du lounge. Quelle idée incongrue aussi, d'arpenter les couloirs moquettés avec des bols en polystyrène remplis à raz-bord d'eau bouillante quand le sol, toujours changeant sous les pieds, faisait plus penser à une salle de cinéma du Futuroscope qu'à un wagon restaurant! Pour nous, ça ressemblait à quelque chose comme intervilles ou un best-of de wipe-out hivernal et c'était très drôle. Hooooooo! Ooooooooh! Du coup, nos derniers ramen sud-coréens avant d'arriver au Japon, vous pensez bien qu'on les a savourés. Après avoir fait shluuuurp! bruyamment, on a regagné l'intimité de notre cabine et on a pris un peu de repos bien mérité après toutes ces émotions. On se serait crus dans la météo marine de M.-P. Planchon: mer démontée sur Cromarty, Forth, Tyne et Dogger. Heureusement, dans la nuit ça s'est un peu calmé: vent 5 à 6, mollissant 3 à 4. Et le lendemain matin, quand on s'est aventurés sur la promenade, c'était mer calme, pluie fine et plafond bas sur la mer intérieure. On a glissé en silence le long des berges mornes, entre Okayama et Takamatsu. On avait l'impression de descendre des fleuves impassibles. D'ailleurs à un moment, on s'est fait la remarque qu'on ne se sentait plus tirés par les hâleurs. Mais ça ne nous a pas inquiétés plus que ça... Après le gros grain de la veille, on en avait vu d'autres et il en fallait plus pour nous impressionner. On a bientôt aperçu le pont d'Akashi-Kaikyo droit devant, et après être passés dessous en faisant coucou comme des neuneus, on est entrés dans la vaste baie d'Osaka: le truc touchait à sa fin. On est donc retournés à notre cabine pour y récupérer nos sacs, rejoindre le pont principal et la meute paisible de nos compassagers. Silencieusement, on a commencé à se préparer pour ce qui viendrait ensuite... mais RIEN de rien (non, on ne regrette rien, d'ailleurs) n'aurait pu nous préparer à ce qui nous attendait dans le grand salon/lounge/lobby du ferry/croisière/s'amuse!

la mer intérieure a "retrouvé son calme" (au sens propre comme au figuré) ; Pixar vous présente... ; le golden Akashi-Kaikyo gate bridge!

On y a découvert émerveillés (un ciel superbe? non!) TOUT le monde rassemblé et docilement attablé, casquettes aux fronts, sacs-bananes aux hanches, passeports aux mains et bagages aux pieds. Et deux cents paires d'yeux et d'oreilles tournées vers l'accolyte de la pianiste ukrainienne: une violoniste ukrainienne occupée à interpréter les quatre saisons de Jean-Luc Ponty (du baroque électrique façon marque blanche un peu cheap: les quatre saisons by vive Aldi: la meilleure qualité au meilleur prix! Attention, les vannes volent bas aujourd'hui). On a bien senti que son registre habituel était plutôt Titanic, mais après la traversée qu'on venait de se taper, on a pensé qu'elle n'avait pas dû oser. Ne comptez pas sur nous pour être désobligeants...  Pas cette fois.

tout le cachet du ferry/croisière en une image, suspensions incluses!
On a sincèrement apprécié les efforts de tenue (un outfit de bal de promo et une permanente impeccable), le violon électrique laqué bleu, le son cristallin sur-compressé pour un jeu tout en nuances et la reverb de tank à lait en inox martelé. On a essayé d'imaginer la vie des musicien(ne)s professionnel(le)s à bord de chaque ferry/croisière d'ici et d'ailleurs. La traversée aller, la traversée retour et les cinq ou six heures à terre pendant les escales: vingt-sept jours par mois, onze mois par an. Faites le calcul vous-mêmes: ça en fait des grilles d'Autumn leaves ou des allegri printaniers. Enrôlez-vous qu'ils disaient! L'enthousiasme touchant de nos compassagers m'a rappelé une conversation un peu subréaliste avec un de mes touristes nord-américains, il y a quelques années, à propos de "musique"***. Il avait réussi à me prendre de cours en me disant "ah, vous aussi, vous aimez le jazz ET la guitare? Vous devez adorer Marc Antoine! J'ai eu la chance de le voir en concert plusieurs fois..." Et devant mon air interloqué, il en avait remis une couche "Quoi? Marc Antoine? Vous ne le connaissez pas? Mais c'est le meilleur guitariste de jazz du monde!". Troublé, j'avais attendu avec impatience la fin de la journée pour enfin arriver chez moi, allumer l'ordi avant même d'aller faire pipi, et faire ma petite enquête sur youtube... Bon, je résiste difficilement à l'envie de coller un lien: les curieux et les "amateurs de jazz" feront leurs devoirs. Je ne veux pas avoir sur la conscience de lui avoir donné des clics et des visites - dont il n'a pas besoin, d'ailleurs. Après tout c'est le plus grand guitariste de jazz... des croisières Royal Caribbean! Et mon touriste un retraité du Nevada amateur du smooth jazz des ascenseurs et autres salles d'attentes de chirurgiens esthétiques de Vegas...



à nouveau, et avec toute notre affection, une petite douceur en souvenir du bon vieux temps:


Finalement avec tout ça, on avait accosté et le salon était déjà pratiquement vide. Pour un peu, on serait repartis dans l'autre sens. On aurait pu aller demander un autographe ou un ultime bis rien que pour nous à la violoniste, dont le contrat prévoyait apparemment qu'elle joue jusqu'au départ du dernier passager. Mais non, notre bout du monde à nous attendait en bas de l'escalier glissant et on est descendus à terre sous la pluie. On a posé le pied dans notre première flaque japonaise, solennels. Le préposé à l'immigration nous a reçus à bras ouverts, cordial. On est sortis du terminal sous la pluie, euphoriques. Et on s'est mis en devoir de trouver un ATM pour pouvoir acheter nos premiers tickets de métro, émus. Il était septembre 2016, on était à Osaka et l'aventure n'en finissait pas de continuer!



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* presque aussi ancienne qu'un(t)raveling, la malédiction de la pluie hante ces colonnes et notre mémoire, du TRANSITion au 2c15, de helpx en wwoofs, de l'Ariège à la Belgie et évidemment de Berlin jusqu'au bout du monde, en passant par Irkutsk, le lac Baïkal et la verte Corée. Ouvrez un post au hasard, passé ou présent, et cherchez en la flaque, la gouttière ou la trace encore humide sur un sac à dos ou un duvet...


** pour le pont des feuilles mortes: en Do et pour faire simple, ça devrait ressembler à quelque chose comme ça:

A-7(b5) / D7 / G-7 / G-7 
C-7 / F7 / BbM7 / BbM7

*** que les mélomanes ne s'offusquent pas, si chacun voit midi à son clocher, chacun peut bien voir musique à son archer et on est tous le Christian Morin de quelqu'un...


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20 francs le kilo

Notre section spéciale (hashtag 20 francs le kilo) pour tous les fans de comptes, les stressés du budget (serré) y ceux qui seraient piqués par la curiosité - ou par le virus - du voyage sans avion(s)... Ils trouveront donc ici et dans cet ordre: la vérité, toute la vérité et rien que la vérité (arrondie, sans virgules et avec parfois quelques oublis mineurs et fortuits, il est vrai). Mais dans les grande lignes, voilà ce que ça donne :

 - Busan-Osaka en ferry/croisière (cabine double de troisième, billets achetés au comptoir de la compagnie Panstar Cruise): le trajet dure une vingtaine d'heures et environ 600 km, pour 265 euros (qsp 2 personnes), taxe de port incluse. C'est loin d'être aussi bon marché que le transsibérien et les low cost locales proposent des vols moins chers, mais l'idée était de ne pas voler, donc... Vu le prix des prestations extra (pension complète, soirée "de gala" et petit déjeuner en buffet), on a apporté notre nourriture (nouilles instantanées, fruits, biscuits) et fini notre monnaie en wons à la supérette de bord ou à la machine à café: moins de 5 euros en tout.

Au total, ce sont environ 140 euros par personne pour une traversée romantique, agitée et inoubliable ; all inclusive, même les émotions fortes! Ramené à la distance, ça nous fait approximativement du 0,23 euros (23 cents) du km par personne!