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Thursday, October 16, 2014

Chaton vert

El chaton vert tal y cual.
Había una vez un gato por cuatro que vivía entre coche y coche en la plaza del castillo en lo alto del pueblo. Pasaba sus noches a los pies de una piedra tallada de la muralla o en el techo de un suzuki descapotable contando cuentos a quien quisiera escuchar. Solía decir a menudo: – los extranjeros tienen muchos defectos, pero una gran virtud y es que no se quedan! Lo que está claro es que con nosotros se equivocó: le dimos la lata un par de noches al pie de un anfiteatro de piedra, con buenas vistas a la luna llena de octubre. Eso si, nos hicimos pequeñitos para no llamar la atención de nadie más que él...

Pero de día, entre el rico yogur con cereales de la mañana y la rica sopa de verduras de la noche, nos escapamos al muy cercano Val de Sourn para susurrar al oído de las paredes. Ejem... Este trozo de verde en el paso más estrecho del recorrido del río Argens es un lindo rincón para escalar. Desde apenas el espacio justo para arrinconarse al borde de la carretera sombría, el escalador necesitará el tiempo de un suspiro para llegar al pie de las vías. Estas resultan largas, contínuas, entretenidas, bellas y pobladas de paisajes de otros planetas gracias a las formas que se dejó hacer esta caliza blanda y amarillenta del Château. Los numerosos parquins (muy limpios) aprovechan cualquier curva del río o pequeño circo de la pared y permiten alojar las multitudes de aficionados que llegan al Val por autobuses enteros. Si si, ya verán! La pernoctación queda estricta- y clara-mente prohibida - como la acampada, el bibac o la celebración de asados salvajes. Pero aún así, algunas mesas de picnic en una playa de césped tierno invitan a la masticación y la deglución contemplativas. Y si sus tripas lo requieren podrá el escalador, apenas caminando unos metros, liberarse del peso de la existencia en unos lujosos y modernos váteres secos que la consejería regional ha puesto a disposición de los visitantes. Allí bajo sus pies - y mediante un ingenioso dispositivo patentado - unas lombrices de California esperan sus donaciones para compostarlas sin prisa, pero sin pausa.
"Desde la carreterra hasta el pie de vía ¡menos de un minuto, tronco!"
Para nuestra primera mañana por allí, sin guía y sin mucha idea, contábamos con alguna cordada para recomendarnos unas vías, o mejor incluso, dejarnos ojear su guía. Pero no encontramos una cordada sino unas quince o veinte esparcidas por la pared. Como hormigas en su rusco (no pierdan tiempo con detalles, los autores de este blog son veterinarios y sus conocimientos antomológicos son de fiar…), jóvenes de constitución sana y de pelo muy corto subían y bajaban todo el rato de un gran autobús azul oscuro con el siglo del Armée de Terre, subían y bajaban todo el rato por los 50 metros de camino empinado, subían y bajaban de todas las vías de alrededor en un zumbido aturdidor. Buscamos al que parecía ser su reina: un señor de edad respetable con pelo plateado y gafitas progresivas colgadas del cuello, a quien todos decían "Si Major!", "No Major!" o "Las 10 y cuarto Major!". Le saludamos y le preguntamos un par de cosas, hasta que no solo no prestó unas fotocopias de la reseña sino que al cabo de un rato, cuando un chaval se lo devolvió, nos pasó el documento original.
Un V anónimo pero que no dejaba de subir y subir y Le fil d'Ariane.
Así pues pudimos probar en compañia de la tropa unos V+ cortitos y de canto, pero ya con desplome. Luego encadenamos un par de 6a de 28 y 32 metros: Banlieue rouge et Bagarèdes, muy agradables por tener pasos con desplome pero siempre buenos cantos y movimientos muy naturales… Para confirmar todo lo que ya pensábamos de los grupos y cursos multitudinarias, saturando la roca con cordadas de gaviotas verticales (fuesen del UCPA o del propio ejército), un chaval fuertote se dio la molestia de arrancar y tirar un pedrote del tamaño de un bebé rechoncho, que vino a estallar justo entre dos de sus camaradas a quienes el Major estaba haciendo una interrogación sorpresa. Cambiamos de sector y luego este mismo día, tras una merecida pausa para comer y hacer siesta, conocimos a un par de suizos muy simpáticos que nos recomendaron Arielle, 6a+ de 37 metros recientemente regraduada a 6b. Preciosa, variada, bien protegida pero sin exceso, con pasos técnicos, laterales de coco y desplomes con pasos de bloque; todo eso sin mucho espacio para descansar entremedio: una vía de primera y hasta la fecha uno de los encadenamientos a vista que más feliz pusieron a Futuna!
En lo alto de la arista este, ole pues! y la línea de Arielle.
Al día siguiente, nos dio por probar otra zona aún más cerca de la carretera. Prácticamente se podía asegurar sentado en la cama! Después de un par de 6a y un V+ de dos largos encadenado de un tirón por Wallis, seguimos la línea elegante y aérea del Fil d'Ariane 6a+ antes de sufrir en Verglas d'été, un 6c+ plaquero infernal. Cayeron luego Indiana Jones , 6b+ a vista y Paf le chien 6b+, cuyo resalte final se resistió. Un par de intentos poco dignos en El dülfer del enano de los acantilados, 6a (???) nos confirmaron que el grado es algo muy relativo y que lo importante es el gesto. Bueno, y el disfrute. Bueno, y participar, por supuesto.

A la noche, después de unas duchas prohibidas en un rincón de los parquíns de la zona (y con jabón ecológico, no vayan a pensar que dejamos rastro…), volvíamos al encuentro de nuestro gato (que cada noche se sorprendía de vernos volver, nosotros extranjeros!) para escucharle los cuentos.
Cuenta la leyenda que las cigüeñas se solían quedar en la Provence hasta finales de otoño.
Por todas partes se escuchaba una algarabía de picareos: vacaciones en África!! y en lo alto de los campanarios, estas aves de modales exquisitos terminaban de preparar todo, dejando el nido tan recogido que los pobres campanarios se quedaban desnudos a la merced del invierno. 
Así fue como algunas campanas decidieron hacer también las maletas y se fueron al sur.
Sin poder contar las horas, los días de invierno se hicieron largos para las gentes del pueblo. 
A la primavera siguiente, volvieron las cigüeñas pero las campanas no. Así, las gentes del pueblo tuvieron que fundir unas nuevas y decidieron enjaularlas.
Desde entonces, las campanas de la Provence dejan de dar las horas en invierno como protesta por su arresto domiciliario.

Wednesday, October 8, 2014

Qui s'y ponce, s'y fronce et qui s'y pionce, s'y gonce!

 (et non l'inverse…)

On arrivait des Gorges du Verdon, tout frais sortis d'Afin que nul ne meure, l'aérienne et l'aérée (lire le post (en espagnol) ici). Repus et réchauffés par un déjeuner au soleil, on entrait en seconde dans la rue principale de S., avec la ferme intention d'y faire discrètement le tour du propriétaire. On avait repéré, déjà, à main droite juste avant le panneau, la maison du rat bleu exhibant sans pudeur ni bardage son ossature bois de type plateforme - non seulement aux quatre vents, mais aussi (surtout?) et sans distinction, aux mâles et aux femelles du canton... Gare au Grégoi-a-a-a-are!

Colchiques dans les prés, fleurissent fleurissent...
Ça tombait bien, on venait ici pour elle, avec deux semaines pour couvrir sa nudité d'un bon pull de laine de bois pour l'hiver et d'une jolie veste en fibre de bois enduite à la chaux (et à la main). Plantée sur une petite butte au-dessus de la route, elle invitait à s'arrêter et donner un coup de main. À quelques kilomètres du bourg de F., le petit village de S. sentait la Provence à plein nez: petites maisons en pierre jaunie par le soleil, petite église avec cloche en cage du plus bel effet, petites claires fontaines au glou-glou mé-élodi-eux, petits figuiers alanguis çà et là par la tiédeur qu'exhalaient les pavés… Un rêve (à peine) éveillé de la sieste, sauf que... les rues n'échappaient pas non plus à cette version Giono du small is beautiful: elles aussi étaient petites et follement romantiques. Les rétroviseurs du TRANSITion avaient perdu toute timidité, frôlant déjà de près les murs comme s'ils fussent de vieux amis. Un art raffiné de la distribution des sens uniques - qui n'était pas sans rappeler le génie créatif dont faisaient preuve (et nul doute qu'ils auront continué) les responsables de la voirie dans le quartier barcelonais de Gracia - nous faisait tourner à angle droit dans des rues de plus en plus étroites, aiguillonnant sans pitié nos plus vives cicatrices de tourisme en Aragon… On venait non sans quelques suées de déboucher en face de la mairie/bureau-de-poste/antenne-butagaz/relais-la-redoute, qui signait notre retour sur la départementale desservant le village, quand on a entendu une voix derrière nous: "Ah bin, c'est bien! Comme ça, vous avez fait tout le tour du village! Voilà…". Un vieux joueur de pétanque édenté nous souhaitait la bienvenue à sa façon, c'était mort, on était repérés.
Le skyline de S., au couchant.
On s'est donc garés au plus proche et on est entrés dans le bar du village, juste en face de la mairie (etc.) où l'on a demandé (au bar, pas à la mairie) deux verres de vin et s'ils avaient du wi-fi pour notre ordinateur. Stupeur! Tout comme la charmante vieille dame du gîte à S. - mais un autre S., une semaine auparavant - la patronne nous a regardé genre "einñññ?" avant de répondre "2 verres de vin et 1 whisky, c'est bien ça?". Une tenancière de PMU dans la deuxième fleur de l'âge nous souhaitait la bienvenue à sa façon, c'était mort, on était repérés.
On a fait genre qu'on lisait le journal un peu et puis on a sorti l'ordinateur et on s'est mis à trier les photos des futurs régimes Dolo-mythiques. (C'est que c'est du boulot, hein, faut pas croire. Faut du temps et de l'amour… fin de la parenthèse). En 10 minutes on avait 3 pétanquistes couperosés affiliés à la Confrérie des Taste-Ricard qui commentaient les photos à voix haute depuis leur perchoir juste derrière nous à leurs compagnons du Très Haut Ordre Secret des Buveurs de Perroquets restés en terrasse avec les leurs (de perroquets). Le conseil municipal nous souhaitait la bienvenue à sa façon, c'était mort, on était repérés.
Dame araignée, dans sa toile emmêlée, tenait dans son bec un soulier.
On a donc fini notre vin en discutant un peu avec les moins farouches, on a fait un saut aux toilettes pour y faire la connaissance de la seule araignée qui s'est pris les pieds dans ses lacets avant de s'emmêler les pinceaux dans sa propre toile, puis on est partis à la rencontre de nos hôtes. On était déjà rassurés de penser que notre présence ici ne susciterait plus aucune curiosité: on avait crevé l'abcès dès le début: la mystérieuse fourgonnette espagnole et les deux qui allaient descendre puis remonter la rue principale une ou deux fois par jour au cours des deux semaines suivantes étaient déjà identifiés, soupesés et emballés, puis étiquetés et rangés soigneusement sur l'étagère correspondante dans l'imaginaire social du village. On est donc arrivés chez G., I. et leurs enfants M. et E, où l'on a garé notre maison sur le parking devant la leur pour deux semaines. Notre backyard, c'était une petite rangée de vigne qui nous a donné chaque jour du réveil au coucher, des grappes dorées et cuivrées meilleures les unes que les autres. Un grand petit luxe! On a très bien mangé et très bien bu, la cave de G. et I. étant celle que l'on peut attendre de deux enfants de la Gironde. On a été gâtés, il faut bien le dire… Mais on était là-bas pour travailler, donc autant entrer dans le vif du sujet:

Le projet d'auto-construction de G. et I. est une maison à ossature bois de type plateforme, à un étage et d'une surface au sol de 45 ou 50 mètres carrés. Apparemment, cette technique est l'une des (sinon la) plus populaire(s), en raison d'une relative simplicité de mise en oeuvre, d'un très bon bilan énergétique et d'un coût avantageux. À la dalle en béton, on fixe une double lisse basse (de 40x140 chacune) qui recevra les montants de tous les murs porteurs. Ils ont la même taille que la lisse (40x140), mesurent toute la hauteur de l'étage et sont espacés de 60 cm au maximum.
Une fois la laine de bois posée entre les montants, on couvre la façade de panneaux en fibre de bois. Hop!
Ils sont doublés autour des ouvertures et renforcés dans les espaces sous les fenêtres. Ils reçoivent une lisse haute sur laquelle reposent les solives du plancher de l'étage. De là, une nouvelle lisse basse reçoit les montants des murs de l'étage selon le même principe. C'est clair jusqu'ici? Bien. On continue: Les montants sont ensuite contreventés à leur face intérieure par des panneaux en OSB de 16mm ; les coffrages ainsi formés entre les montants sont garnis (à l'extérieur) de panneaux isolants en laine de bois. Ils sont eux-mêmes couverts par des panneaux rigides en fibre de bois qui seront protégés par un film pare-pluie et finis avec un enduit à base de chaux, le bardage traditionnel étant interdit par les canons locaux de l'urbanisme à la lavande. Notre travail a d'abord consisté à renforcer des trucs ici et là, principalement le contreventement et la liaison dalle-murs en découpant, vissant et clouant des feuillards à la base des montants. Puis assez vite, on a attaqué la pose de l'isolant: de gros matelas de laine de bois à recouper et pousser en force dans l'épaisseur des murs. Dans un contre la montre épique avec les pluies orageuses qui s'annonçaient, on a progressivement couvert en panneaux de fibre de bois mortaisés et vissés, les murs est et nord qu'on venait d'isoler.
Le monstre de la plaque de plâtre veut un bisou (désolé).
Puis on s'est attaqué aux façades sud et ouest, toujours en parfaite synchronisation avec le soleil, ce qui fait qu'on s'est brûlé les épaules et les nuques comme d'authentiques touristes… La partie la plus rigolote du travail, c'était sans doute de bien caler l'échelle sur un terrain non stabilisé et de trouver où l'appuyer entre les montants, l'OSB, la laine de bois et les huisseries. Un peu de vent, des outils plein les mains et le stock de vis fiché dans la bouche: on ne s'est pas ennuyés. Mais en 5 grosses journées, la maison a changé de peau et quand ça se voit, ça fait plaisir. On a aussi préparé un faux plafond sous le faîte du toit, sur des liteaux suspendus à l'aplomb de la charpente (malheureusement on n'a pas fait de photos...). On l'a isolé* et on y a mis en place les tuyaux en PVC pour l'entrée, la sortie et le circuit de la VMC, avant de finalement poser les profilés pour les plaques de plâtre (* le toit est isolé en bottes de paille et la ligne faîtière constitue un faible pont thermique). Ouf! Ça fait, on est retournés au rez de chaussée pour s'occuper de la pose des profilés et des plaques de plâtre dans le salon et la salle de bains: passage de gaines, trous de prises, d'appliques, d'interrupteurs, bouchage des ponts thermiques autour des ouvertures et contrôle de l'étanchéité à l'air le long de toutes les coutures! On n'a pas chômé mais on a eu le plaisir de laisser, comme avec les enduits intérieurs/extérieurs à Clémencelle, une trace et un résultat qui se voient...
Retour au rez-de-chaussée pour l'opération placo: salle de bain (placo vert) et petit bureau/chambre du fond (placo blanc).
Bon, on a aussi pris un jour et demi en milieu de séjour, pour souffler et aller escalader à Volx, un site de couennes réputé à deux pas de Manosque. On a donc disparu le temps d'un lundi-mardi, que l'on a passé sur le parking d'un lotissement de résidences secondaires au pied des falaises, à regarder quelques films en VO et la pluie par la fenêtre. On a très bien mangé et beaucoup dormi, comme disait l'autre "c'est qu'on en avait b'soin". Et puis, quand ça veut pas, ça veut pas… En quittant S. et notre famille adoptive de la maison du rat bleu, on a flâné un peu entre les platanes fatigués et les trésors fanés du vide-grenier annuel. Il y avait déjà des relents d'automne dans le beau soleil de midi, qu'on a chassés avec du fromage de chèvre, du vrai pain de campagne, des tomates et un melon - accompagnés d'une ou deux rasades du délicieux Moulis que G. et I. nous avaient donné en souvenir. Alors, elle est pas belle la vie? Hein? Hein?
* On en a bu une autre bouteille avec les parents de Futuna quand on les a croisés en Camargue,
mais schhht! c'est une autre histoire

Friday, September 26, 2014

"Oyez! Oyez!"


Encarrilados en el eje que cruza la frontera italo-francesa, visitamos de corrido uno de los monumentos de la zona: el de los carteles "no TAV" esparcidos a lo largo del valle de Susa. En efecto, sus habitantes llevan casi treinta años de lucha para impedir que el progreso de alta velocidad que va de Lyon a Turin agujeree sus montañas. Hicimos un amén silencioso y luego vinieron una larga serie de túneles que nos llevaron casi sin pestañear hasta B. Entramos hambrientos en un supermercado* y salimos con un kit completo de aperitivo-comida-siesta all inclusive: unos pistachos, un (buen) tinto del pais, un (buen) chuletón de ternera y una (rica) tableta de chocolate con trocitos de piel de lima. Aparcamos cerca del club de petanca local para hacerle los honores al banquete.
Luego estuvimos trabajando en el ordenador totalmente ajenos a la lluvia que había conseguido abrirse camino también hasta B. y sus fotogénicas fortalezas de Vauban. Salimos a dar un paseo aperitivo entre auténticas fachadas medievales, lo que nos dió la ocasión de (re?) descubrir uno de estos oficios de antaño que la crisis ambiente y unas mentes con empeño han sabido resucitar, maquillados - como coches robados - con una generosa capa de alter-ecolo-chic: el del crieur public. Le llaman pregonero en castellano, aunque no rima con chic. Estos franceses... El encuentro fortuito con un conocido guía de alpinismo que andaba con mucha prisa y muy pocas ganas de charlar nos permitió pescar un par o tres de sugerencias de recomendables escaladas por la zona. Así pues, con la lección aprendida en el Trentino con la italiana Amelie, establecimos un objetivo para el día siguiente y ya de noche, nos acercamos al pequeño parquin' del P., a pie de la famosa y clásica vía Martine. A la mañana siguiente, nos sacaron de la cama dos coches de gendarmerie. Al salir, presurosos, intentando domar las melenas (que llevaban una semana sin pasar por una ducha) y poner caras de turistas simpáticos, nos encontramos con una docena de fortachones uniformados dispuestos a pasar su gran día de…

... escalada, bajo la lluvia!

Tras intercambiar unos amables buenos días y unos comentarios tipo "¿qué lluvia ni qué lluvia!?" o "pero, si es un día perfecto para escalar!" y "aquí la lluvia no cae en la pared, no hay problema!", desaparecieron por un caminito. Osti, ¡Parecían vascos!
En las puertas de la divina Provenza...
...como en un libro abierto.
Hay que decir que los más entusiastas eran los veteranos que veían una oportunidad única de montar prácticas de rescate en situación real, poniendo en apuros a sus novatos de turno… Llovía y seguiría lloviendo, estábamos cansados, olíamos a chivo y ahora además sabíamos que la vía que queríamos hacer estaría ocupada (por unas cordadas de aquellas que consideran el desprendimiento de piedras una de las facetas más divertidas de la escalada de vía larga). Nos sobraban los motivos! Aún así deliberamos un buen rato: a veces nos entregamos al difícil arte de tomar decisiones en estados de cansancio y sueño*.

Retomamos la carretera y no nos detuvimos hasta las puertas de la Provence: el primer lugar donde vimos, desde la misma carretera, un grupo de escaladores al sol en una gran roca al pie del río Durance. Este impresionante pliegue de roca, estrecho paso a la entrada de S., está constituido por lajas de piedra caliza que se alternan con materiales más blandos que han desparecido dando como resultado una especie de libro giganti-lítico.
En el espacio estrecho entre dos páginas, se puede escalar con vistas al río, al pueblo y su citadelle en los aires: en una placa tumbada (lisa y fina) por un lado, en un desplome (continuo y preocupante) por el otro. De hecho, las vías más difíciles de este sector las abrió el mismo Patrick Edlinger, figura patria de la escalada y paisano de la Provence. Cuentan que desde la placa tumbada las gentes miraban el desplome pensando "eso no se escalará nunca", hasta que llegó él con sus shorts rosas, su melena rubia y su taladro… La roca estaba caliente y los pies subían retorciéndose felices por las abominables grietas. Escalamos, escalamos y escalamos desde el fin de los sueños de Marta pasando por un gigante amarillo y unos tres cuartos (de qué?) hasta las finuras más refinadas de Lovy Excalibur (un 7a plaquero en el que Futuna, de subidón por cumplir años, se quedó colgado a la mitad y tuvo que recuperar material desde un objetivo más humilde...). El tipo de la roca y de sus agarres impone una escalada fina con pinzas, movimientos y equilibrios poco comunes en caliza; especialmente en la parte baja de las vías, donde la naturaleza sedimentaria y la textura granulosa de la placa requieren pies y cabeza para ir a chapar, un poco al estilo de nuestra escuela Montserratense… ¡Visca Catal… Ups, perdón!

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Campos de lavanda, viñas, olivos: nos llenamos de Mediterráneo por todos los orificios. Sólo nos faltaba una buena ducha caliente para cumplir dignamente nuestras 3,88888 mayorías de edad (dos redondas para Futuna!), pero por suerte una jubilada local nos abrió las puertas de su lujoso gîte rural abandonado en estas afueras de temporada. Allí nos pudimos entregar a los placeres de la higiene corporal, de los sobrecitos de lavanda y demás cigales de barro esmaltado esparcidos por el hogar, o del desayuno al sol con croissants frescos, mermelada de cereza casera y miel de baobab de Madagascar, seguramente casero, aunque de alguna otra casa. Con una mención especial para las cortinas de conjunto clavado con el papel de pared, que nada más correrlas, se puede jugar a "¿Dónde está la ventana? ¿Eh? ¿Eh?". Jugamos un buen rato! Ja ja ja...
En las puertas de la divina Provenza: las vistas por la ventana del gîte, S. al pie de su citadelle y el sector de escalada.
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Pero el verdadero santuario de la escalada nos esperaba a unos cuantos kilómetros de allí, en las impresionantes Gorges du Verdon. De poco más de diez casas en el corazón de la garganta, la P. s. V. se convierte en un nido negro de escaladores durante la temporada alta. A finales de Septiembre ya no esperábamos encontrar a tanta gente, pero por si acaso nos plantamos pronto en el pie de vía (que allí era pie de rápel porque el acceso a las vías se hace desde el borde de la "carretera de las crestas" descendiendo por la pared.
Ahora, ¿dónde está Wally? (que no Wallis, eh!)
Una vez en el fondo de la garganta, no queda más opción que escalar si o si hasta arriba para volver al coche: una gran escuela de motivación!). Un(t)raveling, o el arte de ir al Verdon fuera de temporada PERO durante el ÚNICO fin de semana en el que se celebra un festival de escalada*. En el Mont d'Aire, nuestro gozo madruguil cayó en un pozo lleno de coches y un grupo de la UCPA** que se apresuraba a tirar cuerdas abajo para descender hasta la terracita de inicio de las vías.

En Gringo Loco, dos cordadas. En el petit chat, dos cordadas. Y en Dolce Vita (la más difícil de las tres), pues una cordada.

– Una cordada no va a ser más peligrosa que dos, haremos Dolce Vita! Yuhuu!

Día de UCPA en Mont d'aire; en el primer largo de Gringo loco; en el tercero de Dolce vita.
Muy bien. Wallis abre el primer largo, un V+ que sigue primero una fisura-diedro para salir luego a una placa tumbada. En la primera reunión se encuentra con el segundo individuo de la primera cordada que emprende la subida del segundo largo asegurado desde arriba por el primero. Está algo nervioso. En un paso lateral empieza a patalear, a rascar la pared como un gato en pánico y en medio de una pirueta, sale disparada una cinta exprés que aterriza a los pies de Futuna.

– F = mg = 2.000 N, eso es mucho? 
– Bueno, es como si una cinta exprés te cayera en la cabeza desde una altura de treinta metros. 

Al cabo de un rato, en Gringo Loco se escucha un grito; un walkie-talkie volador se desintegra a unos metros de Futuna y con un rebote artístico, se separa en muchas piezas que se esparcen por el valle, el río, los arbustos.

Visto en el diario local: "buitre hambriento busca escalador-volador
para chuparle los huesos"...
Futuna abre ya el segundo largo cuando el mismo chico, que se arrastra colgado de la cuerda por el tercero, consigue arrancar de la pared una roca del tamaño de una sandía que en su caída al vacío se va partiendo en trozos de los cuales uno aterriza en el tobillo izquierdo de Futuna mientras que el resto sigue garganta abajo. Del susto, se apartan hasta los buitres que sobrevuelan desde hace horas bien cerca de las paredes a ver si cae alguien y se pueden montar un banquete a lo grande. En el Verdon hay una de las mejores calizas de Francia (sic), palabra de escalador. Pero a veces Todo no es suficiente. Puede pasar que te caigan walki-talkies del cielo o quien sabe qué más. Y si caes tú, te esperan los buitres. En la montaña, toda precaución es poca y meterse en una vía detrás de otra cordada es poca precaución, directamente*.

Por lo demás, la vía Dolce Vita (90m en tres largos: V+, 6a+, 6a+) es una maravilla, menos el inicio del segundo largo (6a+) que empieza con un par de pasos laterales feos y mal protegidos por debajo de una laja invertida. Luego, se remonta una placa agradable y expuesta, que tan solo es un prólogo para el hermoso tercer largo: 35 metros sostenidos y contínuos, a dedos abajo y a brazos arriba! Tras encadenarlo, se llega al sol y al parquin' con gran satisfacción! Luego probamos su hermana menor y vecina, la vía Gringo Loco (90m - 6a) que sale del mismo sitio para llegar al mismo lugar, en tres largos homogéneos y un poco más fáciles (V, 6a, 6a) aunque más patinados por las numerosas repeticiones de las cordadas del UCPA** a las que por suerte, por haber terminado su cursillo, ya no nos encontramos este día.
Inicio de los rapels de las Dalles Grises; Wallis en los segundo y cuarto largos de Afin que nul ne meure...
Nos esperaban dos semanas de chantier de auto-construcción de una casa de madera a un par de horas de allí, así que de las mil vías que nos llamaban por todas las Gorges, pudimos elegir tan solo una más. Compaginando las ganas de sufrir un poco con la fama de difícil y expuesta de la escalada local, nos decidimos por Afin que nul ne meure (170m, 6a+), línea muy accesible entre las áusteras paredes del belvedere de la Carelle y su caliza compacta de ensueño. Llegamos al inicio de los rapels de las Placas Grises con un viento helado, y decidimos esperar un rato a ver si con la salida del sol... Empezamos a bajar empujados por dos cordadas de viejos locales, de muy mal humor al descubrir que no habían llegado primeros en la cola. Decir que nos tiraron las cuerdas en la cabeza durante los 4 rapels no es ni metafórico! Después de un patético y fallido intento de adelantarnos literalmente a pie de vía, se quejaron durante nuestro primer largo, escalando a un par de metros detrás de Wallis y escapándose finalmente por una vía más a la izquierda. Este primer largo (V+), no lo disfrutamos mucho: gran flanqueo patinado y resbaladizo que desemboca en una fisura fácil y una reunión cómoda. Segundo largo (V+) mucho más bonito y R2 montada encima de un árbol colgado en el vacio: espectacular. El tercer largo (6a) remontaba, tras superar un paso vertical bien fino, un gran esperón, llevando sin sorpresas a la R3.
El quinto largo desde la R4, con su techillo arriba de todo; Wallis al salir de dicho techillo; los vecinos de al lado. 
El cuarto largo (V+) fue quizás el más delicado por su marcada tendencia al flanqueo sobre una placa tumbada, con gotas y canales esculpidas en una roca muy compacta, y con unos parabolts que alejaban cada vez más: daba la sensación que los equipadores (gracias por su gran labor y por esta vía preciosa!) se estaban quedando cortos de material y apuraban para terminar...

Desde la R4, se apreciaban unas vistas a las Gorges y al agua verde allí al fondo, pero sobretodo, al empinado último largo y su techito final: un "6a buen peso" (sic.) subido a 6a+ en las reseñas actualizadas. A unos metros de la R5, Futuna se volvió a encontrar con el mistral furioso que soplaba a la mañana, y encadenó feliz pero pensando en lo que esperaba a Wallis con semejante ventada... Escalar en les Gorges du Verdon con Mistral, la última tendencia en deportes de aventura*!

El resto de la historia ya les sonará familiar: cocinar una pantagruélica pasta al contadino en la furgo, comer al sol y tomarnos un cafecito en algún pueblo en el camino y con el atardecer, llamar al timbre y entrar en la casa, la vida y la historia de una familia de aún desconocidos…

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* Un(t)raveling recomienda a sus lectores que no intenten hacer esto en sus casas.
** Universalmente famosos por sus Cagadas en Paredes Alpinas.