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Monday, October 19, 2015

Zen y el arte del cicloturismo

El pasado fin de semana, aprovechando una visita inesperada del Lorenzo, fuimos a andar por el monte. Preciosa excursión al Montcalm y la Pica d'Estats (podéis leer aquí el correspondiente post si os apetece). Pero larga, muy larga. Tan larga que a Wallis, le dolió mucho la rodilla derecha durante la bajada y después.

por suerte, uno de los escasos carriles de bici pasaba por donde nosotros...
Así que, llegado el viernes y con la rodilla aún sensible, cuando Futuna empezó a preparar mochilas para ir rápido al Carlit por el estanque del Lanoux (preciosa cara norte) antes del invierno, hubo una especie de pequeña revolución en el hogar: "¿cómo, qué? ¿pero qué dices? ¿andar otra vez? ¿con lo que me dolió? ¿serás un monstruo sin corazón? ¿pedazo de verdugo sin piedad?" etc. Bueno, la historia no fue así, pero (y creo que es más divertido así) así lo contamos... Y se llegó fácil- y pacíficamente a la decisión de hacer una ruta en bici, inspirados por un lado por el ejemplo de nuestros amados U. & L., expertos en cicloturismo de verano y por otro lado, por las andanzas con ruedas de nuestro querido (aunque muy virtualmente) Albert Sans, cuyo vidaje seguimos a distancia. Y como no, por los inolvidables paseos junto a (o más bien detrás) del hombre-máquina ciclista más diesel que conocemos, nuestro adorado M. Una ruta en bici, pues. ¡Ole! ¡Qué bien! En el fondo es lo mismo. Y en la superficie: en lugar de cargarlo todo en los hombros, cargas unas alforjas - que no dejan de ser unas especies de pequeñas mochilas cutres, cuadradas, rígidas e incómodas de llevar - que por suerte puedes sujetar de la bici en lugar de metértelas en la espalda. En fin...

primera pausa en el pueblo fantasma de Celles ; el castillo Cathare de Roquefixade en su peñon ; el inicio del Chemin des Filatiers.
La ruta, la definimos en un plis gracias al Google maps: haríamos el "Chemin des filatiers": una vía verde de 39 km que va de Lavelanet a Mirepoix, recorriendo por una antigua vía férrea el país d'Olmes (No de Sherlock. Ni de Katie), en los confines del Ariège y del Aude.

Paréntesis historicultural y fantasioso: el país d'Olmes es una zona conocida localmente por su antigua tradición textil y universalmente por su terrible, lenta y triste decadencia desde la década de los ochenta, fruto de la deslocalización de la industria del sector hacia el sureste asiático, donde la mano de obra era (y sigue siendo) más barata. Un drama social finalmente clásico en la vieja Europa - como lo ilustra, por ejemplo, cualquier película de Ken Loach -, encarnado en las grises y desconchadas fachadas de las humildes casas obreras alineadas, con una húmeda monotonía, a lo largo de las calles con nombres de pájaros que dejaron de cantar años atrás (a veces Futuna tiene eso de exagerar en lo dramático). Desempleo, deflación, depresión, tabaquismo, alcoholismo, éxodo rural... A ver, el país de Olmes también nos dio un portero de Copa del Mundo de primera, calvo y mítico. Y unos castillos de los Cátaros. Y creo que no me dejé nada de interés ya...

cicloturismo de alto riesgo: superando la terrible subida de Nalzen para luego adentrarse hacia el centro de la tierra!
Para llegar a Lavelanet, nos esperaban nada menos que 30 km de carreteras secundarias, bonitas y soleadas. "Para calentar motores", nos dijimos...  La idea era acampar cerca de Mirepoix, después de unos muy honestos 70 kilómetros, para cerrar el circuito al día siguiente, remontando el valle de la Ariège unos 55 kilómetros hasta nuestro querido hogar. Dos días, un poco más de 120 kilómetros con desnivel muy moderado y todo el chiringuito en las alforjas: tienda, esterillas, sacos gordos, estufa, cantina, comida, ropa de abrigo, agua, calzoncillos de recambio... bueno, lo clásico. Gracias a la Xtracycle, fue fácil cargarlo todo y ni nos dio demasiado miedo, a pesar de que se trataba de nuestra primera salida. Bueno, Wallis era la veterana aquí, ya que en su tierna juventud, había hecho cicloturismo. Pero al parecer, había sido eso muy a lo hippie de San Pedro: por caminos costeros, con cestos de mimbre, pareos y fruta fresca, y mucha playa al ritmo de 12 o 15 kilómetros por día, lo justo para secar el bañador entre chapuzón y chapuzón... o así lo cuenta (bueno, realmente no lo cuenta así en absoluto, pero "nos" parece más divertido).

yuhuuu! el juego de las 7 tipos, ¿sabrás encontrarlas todas?
Hacía un frío del copón al sol cuando arrancamos, con las campanadas de las once de la mañana, abrigados como los de la peli Everest. El primer tramo fue realmente sin historias - llano y tranquilo - excepto UNA subida fácil para llegar al pueblo de Nalzen, donde nos tomamos un sucedáneo de café con leche acompañado de fougasse aux olives y queso, para celebrar que solo quedaba bajar! Llegamos a Lavelanet en algo menos de dos horas en total, contentos y frescos todavía. Curiosamente, por eso de la depresión y estas cosas que contamos antes, mientras uno cruza Lavelanet, parece que los colores se van desaturando poco a poco. Como si el gris fuera una especie de enfermedad de piel indolente e insidiosa cuya progresión pasa desapercibida... Hasta que de repente, mirándote en un charco de agua, ¡te ves casi casi en blanco y negro! Este curioso fenómeno se va potenciando a medida que pasa uno tiempo en el País d'Olmes, como ocurre con el agua y la bolsa de té, solo que al revés. Y a diferencia de los espíritus o los vampiros, esto no desaparece en las imágenes fotográficas, como a continuación podrán apreciar... - efecto de gritos fantasmagóricos. Muy bien. Sacando nuevamente nuestros providenciales guantes, gorros, "buffs" y abrigos de invierno, emprendimos sin tardar el Chemin des Filatiers.

Futuna por el chemin des filatiers, en el país d'Olmes ; Wallis por el chemin des filatiers, en el país d'Olmes.
Si bien es llana, la vía verde a menudo se encuentra cubierta de hojarasca (¡qué liiiindo!), de gravilla (¡qué desagradaaaable!), o de arena (¡qué duuuuuuro!), así que pedaleas a muerte, haces fuerza mucho, te cansas bastante y avanzas poco. Pasamos por los parajes del lago de Montbel, una de las Mecas del turismo de ocio en Ariège (hace 25 años) y resistimos al canto de sus sirenas para, al menos, llegar a Chalabre antes de comer. Fue sorprendente ver como esos últimos seis kilómetros de la - por entonces bien avanzada - mañana se nos hicieron eternos, y sentir con que felicidad abandonamos los perfilados sillines de plástico por un austero banco de piedra medieval en el viejo mercado cubierto del bonito y concurrido (??) pueblo audense. Pan, queso, salsichón y café con leche y chocolate hicieron allí un verdadero milagro. Y si la estancia en Chalabre acabó con nuestros colores, un buen trago de vino tinto nos regaló unas brillantes y muy claras visiones psicodélicas de caballos y caballeros sacados de un remoto pasado... Le faugères Mas Olivier es definitivamente un vino recomendable, rico y a buen precio!

Wallis en la puerta de los infiernos ; al llegar a Chalabre ; premio en la pausa picnic ; la procesión va por... el centro-pueblo.
¡Fantástico! Una vez desaparecidos los de la mesa romboide, también nos subimos a la respectiva montura para terminar el tramo que quedaba del chemin des filatiers, es decir, el que nos llevaría a Mirepoix pasando por Camon y Lagarde. Cuanto más bajaba el sol, más frío hacía otra vez. La perspectiva de cocinar en el viento del anochecer y pasar una larga noche de tienda con esterillas y sacos, por algún prado húmedo con olor a vaca, nos preocupaba menos - al final - que la de despertarnos en el rocío helado, desayunar a la sombra y empezar a pedalear con los cuerpos encogidos por el frío, sufriendo en silencio hasta que el sol nos despertara a eso de las doce o incluso la una...

los protagonistas, mimetizados ya en su entorno: en cincuenta sombras de gris.
La conclusión que nos iba resonando en las cabezas (cada uno con la suya, eh! aunque con sorprendente conexión) era la siguiente: "estamos a mediados de octubre, el verano ya pasó y lo que no pudimos hacer en julio y agosto, lamentablemente tampoco lo vamos a recuperar ahora; hay que ser gilipuertas para meterse con las bicis en este rincón perdido del piemonte pirenaico y pensar que será bonito y cómodo". Realmente, bonito lo fue. Pero cómodo... Y poco a poco, cada uno por su cuenta, empezamos a imaginar en apurar el día al máximo, pasar Mirepoix de largo y cubrir de un tirón los siguientes 25 kilómetros, no hasta Varilhes (que quedaba más lejos pero en el trayecto de nuestro hipotético día dos), sino hasta Pamiers, donde podríamos pillar uno de los últimos trenes del día con rumbo a Latour-de-Carol y aterrizar a nuestro querido hogar para devorar una cena y pegarnos una ducha, ambas calientes y con sabor a gloria!

Una vez metida en la respectiva cabeza semejante idea, ya no hay vuelta atrás Como mucho, el orgullo individual hace que ninguno de los dos quiere ser el/la que primero suelta la propuesta, haciendo muestra de lo que se podría interpretar - en su contra - como debilidad, o peor: fofismo! Entonces, el/la otro/a le podría contestar: "- Bueeeeno, yo estoy muy bien y me apetecía bastante dormir así a la intemperie y estas cosas. Pero si estás cansado/a, con frío y miedo metidos en el cuerpo, pues... daaaaaale! Volvamos a casa, que lo necesitas...". Por la mayor suerte de todos, llega bastante rápido, este punto en el que el ego se queda apagado y una voz tímida se arriesga a decir: "- ¿Y si? ... - ¡Claro que sí! Me parece una gran idea, vamos pa' casa ya!". Y listo. Dicha la misa, amén y la puerta está por aquí. Solo nos faltó algo de Bach en el gran órgano celestial para enterinar el trato...

otra vez cruzando puentes ; instantáneo en pleno chemin des Filatiers ; naturaleza salvaje bajo el sol del mediodía.
Y así, entrando en Mirepoix pasadas las seis y con una última hora de luz por delante, nos lanzamos sin descanso a la transitada D119, con la firme intención de llegar a Pamiers... Apenas nos tomamos los cinco minutos obligatorios para admirar les couverts médiévaux et leurs touristes en terrasse. Un espectáculo typico del pequeño pero cotisado pueblo ariégeois... El nivel de cansancio era ya honestamente patente (y considerable), teniendo en cuenta los 30+40 kilómetros que teníamos en las piernas y los cuerpitos (y en el trasero!), la carga de las bicis y la falta de entrenamiento (para los protagonistas de esta aventura épica, "ir en bici" significaba básicamente "ir a comprar pan" o "llevar la ropa al laundromat"). Cansancio, pues. Pero al fin y al cabo, lo peor de este tramo fue la naturaleza del terreno: una carretera principal y más transitada que todo lo que habíamos visto a lo largo del día. Y al anochecer!

Cultivándonos en el trayecto ; luego en la medieval y concurrida Mirepoix, joya turística de l'Ariège del levante.
Hubo mucho tráfico por allí entre las seis y las ocho: gente cansada y rallada por su largo día, turistas volviendo a sus B&Bs con ganas de una cerveza con chips, camiones, tractores y máquinas agrícolas varias, motos... Teníamos cascos, eso sí, pero luces no: ¿quien iba a imaginar que terminaríamos a la noche? Futuna sufría como una mala cosa. Wallis sentía hasta el último detalle de la orografía de su isquion. Íbamos el uno pegado al otro como en los tramos con viento del Tour. Los frontales atados detrás de las bicis hicieron el papel bastante digno, aunque nos pitaban en ráfaga, adelantándonos en la larga recta entre el aeródromo de Les Pujols y la entrada de Pamiers. Llegamos allí a las 19:43, cansados y con las entrepiernas doliendo no: lo siguiente. Por muy poco nos perdimos el primer tren y nos tocó esperar hasta la 20:50.

En resumen y en color: el bonito circuito, el plan inicial y... la paliza real!
El corto tramo entre la estación de llegada y nuestra amada madriguera fue corto pero encantado por sueños de pizzas del Dr. Höetker y fantasías casi eróticas de sopas de sobre Kñorr. Ducha, cena, equipajes abandonados por el suelo de la cocina y a las 22:15, en la cama, fritos y felices, apagando luces y llamándolo a day (en spanglés en el texto)!

O sea, y a modo de conclusión: en lugar de 125 kilómetros en dos días, objetivo razonable y muy decente para unos novatos con carga y sin entrenamiento (o eso es lo queremos escuchar, por lo menos), terminamos haciendo un poco menos de 100 kilómetros en un día (y unos treinta más en tren, que no cuentan, pero casi que sí, a estas alturas!), saliendo de casa a las once de la mañana y volviendo a las... diez de la noche! Lo más desagradable de la experiencia? Cuando el dolor en la entrepierna se suma al frío, aún está bien. Lo más desagradable de la experiencia, pues? Cuando el dolor en la entrepierna se hace tan intenso que borra la sensación de frío en el resto de cuerpo... Lo más agradable de la experiencia? Prácticamente todo lo demás: el paisaje, el aire, el hecho de moverse estando casi sentado y lo poco que cansa, al final, andar en bici. Y el ritmo al que se mueve uno, que es intermedio entre ir a pie e ir en moto, con las ventajas de los dos y casi ningún inconveniente. Excepto por el dolor en la entrepierna - vale la pena decirlo para acabar con estas cuestiones prácticas.

Chalabre en la hora de la siesta, ilustrando como pocas veces los versos de J.M. de Heredia:
"Où le feuillage épais tamise un jour pareil, Au velours sombre et doux des mousses d'émeraude".
Entonces, se preguntarán algunos: el fin de semana que viene, ¿qué haremos? Pues yo diría que nos iremos a escalar, o cuidaremos del huerto, o nos dedicaremos a escribir unos varios posts que se retrasaron en los últimos dos meses, mientras nos zampamos pizzas del Dr. Höetker y sopas de sobre Kñorr...


Saturday, March 28, 2015

van provar per a vosaltres: l'un(t)raveling...


en el desktop os-x: vista de la galàxia d'Ariega des del sofa.
En una galàxia contigua a uns pocs anys llum de distància viuen els nostres amics Wallis i Futuna, dos fantàstics subjectes perduts i retrobats. Malgrat la perillositat del viatge, la S. i en G. vàrem decidir emprendre el camí de l’aventura i anar-los a visitar en la nostra nau especial. Gràcies a les indicacions de Wallis (que ens va acompanyar en el trajecte d’anada-viatge) i a diferents forats de cuc intergalàctics gegants de noms estranys, com Cadí i Puymorens, només vam trigar tres anys llum i mig per cobrir la distància que separa la capital de la galàxia fronterera Barcelona amb T., la ciutat que acollia els nostres hostes de la galàxia d’Arieja.

Donada l’excepcionalitat d’aquests éssers, vam voler compartir unes estones de cultura i espiritualitat, solventar els problemes d’ambdues galàxies i trobar una nova font d’energia renovable i neta... però al final vam dedicar el nostre temps a ingerir sòlids i líquids, emetre sons peculiars produïts pel moviment dels músculs de la cara (acompanyats ordinàriament de sons explosius del pit i de la gola) i a fer sortir mostres d’amor fratern i espontani.
ponts, forats de cucs, ingestió de líquids i semi-sòlids, col.lisions inter-galàctiques de superheroes: tot aixo es Arieja!
Si després d’un llarg viatge amb nau especial et sents com si tinguessis un forat negre estomacal, no pateixis, Futuna prepara un “pot-au-feu au confit de canard” que fa que la vida a la galàxia nord et sembli meravellosa i vulguis cantar:

 

La particularitat de la galàxia dels nostres amics és que disposa de moltes construccions, anomenades castells, llocs on antigament hi habitaven terrícoles prealienígenes i on hom pot sentir-se tot un cavaller de l’Edat Mitjana, un explorador o un conqueridor. Aquestes construccions, penjades al cel, apareixen entre boires, enfilades al capdemunt d’altíssimes parets que ve de gust grimpar.


alieni-gentes en terres desconegudes, castells empinats i més super-heroes...
Sota un fi plugim (fenomen típic de la galàxia nord: H20 manifestat en ínfimes quantitats caigudes del cel a un ritme variable) i esguardats per una rèplica exacta de la nostra Pica d’Estats, vam recordar vells temps en què de petits jugàvem a ser pre-alienígenes. Finalment vam aconseguir assaltar el castell de R. El setge va durar tot un matí i per no ser vistos pels guardes del castell vam fer marrada i - gràcies a la pols estelar invisible - ens vam mimetitzar amb paisatges que coneixíem bé, ja que eren una mica garrotxins, tirant a banyolins. Com no podia ser d’altra manera ens vam fer amos i senyors del castell. Vam embeinar les nostres espases làser i vam desembeinar les nostres càmeres de retratar per tal d’immortalitzar el moment de la victòria.

conquistant cims i sotaboscos, la Pieta ariegensis, la super-heroïna banyolenca migdiadant i ¡encara un altre castell empinat!
Si l’absència de resistència no ens va demanar gaire esforç, la nostra gana no se’n va ressentir, i amb un budell buit ens vam encaminar a T., previ pas per la vil·la de Fenc (on una fegada un fenedor de fetge es fa dir: a fe que és la primera fegada i la darrera fegada que fenc fetge a la vil·la de Fenc...) i previ aprovisionament de formatges, destil·lats i altres queviures típics de la zona, vam fer cap a l’estació espacial internacional dels nostres companys i veïns galàctics.

macrofotografía digital de les cocotxes al pilpil (els talls d'alls donen l'escala).
Allí, vingudes especialment de la galàxia sud, ens esperaven unes menges exquisides: diuen que alguns bacallans es van quedar sense paraules després de tastar les cocotxes del capità G. A l’estació espacial internacional el que no falta mai son uns bons amanits i un bon visionat amb raig gamma del millor cinema d’autor, i si mai la son et sorprèn resulta que ja ets a la càpsula dels somnis i només t’has de deixar bressolar per la ingravidesa!

Malauradament la fi de la nostra estada s’acostava... Ens restava el temps suficient per saber que als forats blancs de la galàxia nord tant hi viuen éssers prehistòrics, com s’hi refugien famílies, com de vegades en surten avions. Vam tenir temps també per conquerir un parell més de castells i per recórrer la part meridional-oriental de la galàxia nord escortats per Wallis i Futuna fins ben bé el llindar d’aquesta.

Queda im-mortalitzat un pic-nic d'invern al llac meridio-riental de Puivert.

Temps en definitiva per clavar una darrera queixalada a l’exquisit formatge de llet crua de via làctia que vam deixar tremolant i esquifit, temps per una darrera i forta cenyida de braços interpersonal, temps per travessar un nou forat de cuc intergalàctic de parets rocoses i temps per retrobar el Canigó fonent-se amb el mar Mediterrani.



_________________


* els autors regulars de l'Un(t)raveling donen les gracies i reiteren el seu amor i carinyo a la senyora Ustins Powers i al senyor Willy Fog per aquesta preciada i apreciada contribució - la tota primera, s'ha de dir, en Català!



Monday, June 30, 2014

complètement à l'Est, ou la machine à remonter le temps.

(este artículo está traducido al castellano allí abajo de todo!)

introducing l'équipe de choc à Guédelon: Wa et Fu, Ma et Ma, Je et Th.


Pour notre dernière journée de travail à Clémencelle, notre acolyte et docteur ès enduits en terre, le jeune M., nous avait négocié un super programme: puisque notre équipe (réduite mais décidément de choc) avait terminé les enduits extérieurs et démonté les échafaudages la veille, elle avait bien mérité une petite visite à Guédelon. Pour ceux (nombreux, I suppose) à qui ce nom ne dit absolument rien, il s'agit ni plus ni moins d'un chantier de construction de château fort du XIIIième siècle, démarré en... 1997! Bien évidemment, les compagnons et les bénévoles bâtissent avec les technologies, les techniques et les outils du XIIIième siècle, sinon ce ne serait pas drôle (je dis ça, je dis rien mais depuis 140 ans à la Sagrada Familia, ils n'ont aucun mérite). Juste pour vous donner une idée, le système métrique n'existant pas à Guédelon, on mesure donc tout en coudées, pouces et onces. Tout est produit et fabriqué à partir de matériaux trouvés sur place: sable, argile, grès ferreux, calcaire et marne pour la construction, bois pour le chauffage, la construction, les fours et les outils, chanvre et ortie pour les cordages etc. C'est louable, en plus d'être pratique. Les forgerons ont extrait du minerai de fer et forgé les premiers outils pour que les bûcherons et charpentiers commencent à faire des échafaudages et des cabanes, puis des charpentes. Les tailleurs de pierre ont fait monter peu à peu les fondations puis les murs, les tours et les remparts... Ils sculptent les ogives des fenêtres et les voûtes intérieures des tours.
salut royal depuis le grand escalier; forgeron à l'oeuvre et atelier des charpentiers.
Il y en a qui font des chariots et des poulies, des briques et des tuiles cuites au four, des habits et des pigments pour les peintures murales des salles de réception... Ça fait tourner la tête et ça laisse songeur, surtout si l'on se prend à se demander pourquoi tout ça. "Pourquoi pas?", pourrait-on nous rétorquer. Touché! Et puis, il paraît que ça permet à plein d'archéologues éminents, de chercheurs médiévistes et autres castellogues distingués de comprendre vraiment comment on faisait il y a 800 ans pour utiliser ces outils, pour calculer des angles, pour monter des murs ou pour dégauchir des poutres de vingt mètres à partir du tronc d'un chêne deux fois centenaire sans laser ni électricité. Donc s'il faut être sincères: oui, c'est très impressionnant. Maintenant, tous ces gars - compagnons bâtisseurs et bénévoles, que l'on félicite pour leur extraordinaire travail et leur absolue dévotion au projet - qui passent leurs journées déguisés avec des peaux de moutons et des gilets en grosse laine qui doivent les gratter et qu'ils n'ont le droit de laver qu'au lavoir, qui abattent des arbres à mains nues pour en faire des gabarits d'arcs-boutants à l'ancienne et qui le soir venu prennent leur voiture sur le parking du site et rentrent dans une "vraie" maison pour y utiliser un bon vieux micro-ondes, ça me parait, disons, insolite. Enfin...

On est rentrés à Ch-A pour une dernière soirée très agréable, on a dormi du sommeil du juste et le lendemain, après un inoubliable petit déjeuner déjà chroniqué dans ces colonnes, on a repris la route. Au bout de quelques kilomètres, laissant derrière nous la maison en paille de J. et Th. (et les baignoires de terre, celles de barbotine, les seaux d'enduits multicolores, les bassines de chaux ou de sable, les tamis, les lissoirs, les taloches, les truelles, les chemins de fer et autres trucs aux noms exotiques*), on a bien pensé pour quelques secondes, faire demi-tour et y rester un peu plus longtemps.
* poulie à démultiplier maison: a-t-elle un nom exotique?
Mais la route nous appelait, l'Est et le Nord étalaient devant nous leur morne plaine et Bruxelles nous attendait les bras ouverts, les Manneken débraguettés et les moules, bin euh... frites. On a donc tenu bon, serré les dents et - pudiquement - prétendu que cette larmette était le fait d'un moucheron entré par la fenêtre ouverte. Cap au nord-est, toutes voiles dehors! Après vingt minutes, on s'est arrêtés en gare de Joigny pour y faire un dernier câlin d'adieu à M. qui attendait son train pour Paris. Autre petit moment d'émotion puis re-le-départ, cette fois pour de bon. On a passé Troyes, fait quelques tours dans sa grande zone commerciale balayée par une pluie froide. Là, on a craqué pour un convertisseur 12-220V pur sinus qui, connecté à la batterie auxiliaire, nous donne maintenant la possibilité de brancher le laptop sur le secteur pour écrire des posts de blog toute la nuit. Ah ah ah! Free internet et le secteur dans le TRANSITion: plus d'excuse qui tienne, il va falloir écrire. Et si on nous reprend encore dans un Mc Donald's à l'heure de pointe, à écouter NRJ et respirer des vapeurs de florida beef et de flurry à nappage M&Ms, ce sera que vraiment, on aime ça.

Tout à côté de Troyes, on s'est soudain retrouvés dans le Parc Naturel de la Forêt d'Orient et ses lacs: lac d'orient et lac du temple, qui doivent leur nom à la tradition templière: plein de villages aux noms mystérieux (La loge aux chèvres) et une ambiance à la Pendule de Foucault tout au long des berges. La pêche, la baignade, le nautisme, le camping, le caravaning, le barquing et même le promening y sont réglementés strictement. La population (locaux et visiteurs venus de Dieu-sait-où) se la joue océan, cabines de plages et air marin: entre les boutiques d'accastillage et celles de pull marins, mocassins à glands et petite robes à fines rayures, on se croirait à Deauville. Même s'il faut bien reconnaître que ça manque un peu de sel...
le lac d'Orient, les palétuviers et le fameux marchand (de gaufres) du Temple!
On a créé l'événement en installant la furgo entre les racines de deux gros palétuviers et en se douchant nus parmi les alligators. Les indigènes n'en revenaient pas tandis que les moustiques s'abattaient sur Wallis comme les vendeurs de bière sur un touriste descendant la Rambla. On s'est mis sur notre trente-et-un pour un petit tour du Casino et des yacht-clubs, plutôt fermés il faut bien le dire. On a résisté après bien des hésitations à une crêpe au Nutella en terrasse du Relais des Templiers - qui doivent se retourner dans la tombe en voyant ce qui reste de leur mémoire en ces lieux. On a eu une pensée émue et puis on est partis sans demander notre reste, ignorant toujours tout des secrets bien gardés, des vérités supérieures et des mystères hermétiques. Ce qui ne se sait pas nous rend plus fort et ce qui ne nous tue pas ne peut pas faire de mal, c'est bien connu!

Toujours plus haut, toujours plus à droite, on a traversé des coins qui figurent à peine dans le guide de la route. Disons qu'ils y figurent mais pas intentionnellement. Ou plutôt si. Enfin, on se comprend. Ils y figurent: parce que le guide de la route sert précisément à ça. On avait été plutôt secoués par l'expérience du vrai-fort château-faux et par l'empreinte encore toute fraîche des chevaliers templiers dans la boue verdâtre des abords du lac d'Orient. On s'était dit, il faut le reconnaître: "ils sont quand même pas mal perchés dans la région, ils doivent pas boire que de l'eau". Et puis au détour d'une départementale, les deux bouches bées, on a vu ça:
nom latin: Cannabis sativa - utilisation: fourragère et textile; toute ressemblance avec...
Juste devant nous, en plein champ, sur environ deux hectares. Avec la pluie qui tombait, ça sentait bon la terre humide et... bin euh... la Jamaïque. On a trop rien dit, on s'est regardés comme ça, un peu surpris et on a continué de rouler le long de notre départementale. Un peu plus loin, on est tombés sur ça:
nom latin: Papaver somniferum - utilisation: fourragère et alimentation humaine; toute ressemblance avec...
Le champ s'étendait à l'infini, il y en avait partout: à perte de vue, comme la mer. Sa surface vallonnée comme la mer était houleuse comme la mer et d'un bleu-gris profond comme la mer dans la lumière gris-orangé d'un orage sur la mer. Les poppy fields forever, en somme (sauf qu'on était pas dans la Somme mais dans la Marne - jusqu'au cou, d'ailleurs). Là, on a commencé à avoir des soupçons, quand même. On ne s'affole pas, on reste pragmatiques. On considère les faits avec prudence et rigueur. On observe, on analyse, on synthétise. Mais à force de se répéter: "Ooooh, mais c'est bon là! Nooon, c'est des variétés fourragères; ça ressemble mais c'est pas pareil; ils le font pousser pour le bétail, pour l'isolation des maisons etc.", bin on endort le bon sens. Et des fois, il faut avoir le courage d'appeler un chat un chat (-nnabis). Il y en a bien en Afghanistan et en Colombie, pourquoi pas dans le Nord-Est? Finalement, en traversant le village suivant on est passés devant cette maisonnette et là, le doute n'était plus permis:
ça se passe de commentaire...
Un festival d'animaux gonflables multicolores, carrément en train de grimper aux murs. On appréciera la dimension métaphorique... Le gars s'est monté un Boom Festival pour lui tout seul devant sa maison. Au beau milieu des Ardennes!!! ALors on s'est dit: "Mais que fait la police? Deux ans de gouvernement socialiste et voilà le résultat: le pays part à vau-l'eau" et plein d'autres trucs du même tonneau. Avec tout le due respect, si on laisse les gens (dans le Nord-Est ou ailleurs, ce n'est pas la question et il ne faut stigmatiser aucune région ou province) faire pousser et consommer tout ça sans aucun contrôle, c'est pas étonnant qu'ils se croient à l'île d'Oléron avec leurs parcs à huitres et leur pédalos en plastique, qu'ils s'habillent en chevaliers vendeurs de gaufres au beurre salé et qu'ils construisent tout plein de vieux châteaux-forts au beau milieu de nulle part. Enfin, mais c'est n'importe quoi. Les drogues oui, mais avec modération, c'est comme pour le pinard en définitive. Et que quelqu'un parte en croisade et aille nous mettre un peu l'ordre par là-bas, nom d'un petit bonhomme! Templiers d'hier et d'aujourd'hui, levez-vous! Bon...

Voilà, ce n'était pas facile mais il fallait le faire. Et le dire. En conclusion: nous, on a accéléré et on a poussé jusqu'à Hirson où nous attendait un authentique petit coin de paradis. Donc on vous laisse méditer tout ça et en tirer vos propres leçons. Pour l'heure, faut qu'on retourne dessiner les futurs vitraux néo-gothiques du TRANSITion!




presentando al equipo de choc en Guédelon

Para nuestro último día de trabajo en Clemencelle, nuestro acólito y doctor en revestimientos de tierra, el joven M. preparó para nosotros un súper programa: ya que nuestro equipo (reducido y definitivamente de choc) había terminado el día anterior los revestimientos exteriores y había desmontado los andamios, era de merecer una pequeña visita a Guédelon. Para aquellos (numerosos I suppose) a los que no les diga nada este lugar, se trata ni más ni menos que de una obra de construcción de un castillo fortificado del siglo XIII que se empezó a construir en…1997! Evidentemente los miembros y voluntarios del proyecto trabajan con las técnicas y herramientas del s. XIII, sino no tendría gracia (yo digo esto y no digo nada pero los 140 años en la Sagrada Família no tienen mérito alguno). Sólo para que se hagan una idea, siendo el sistema métrico inexistente en Guédelon, todo se mide en codo, pulgadas y onzas. Todo es producido y fabricado a partir de materiales extraídos de la zona: arena, tierra, gres metálico, calcáreo y marga para la construcción, madera para calentar, para la construcción, para el horno y para las herramientas, cáñamo y ortiga para el cordaje. Es de admirar, además de ser práctico. Los herreros extrajeron el mineral de hierro y moldearon las primeras herramientas para que los leñadores y carpinteros pudieran empezar a fabricar andamios, cabañas y armazones. Los picapedreros levantaron poco a poco las fundaciones, luego los muros, las torres y las murallas…Esculpieron las ojivas de las ventanas y las bóvedas interiores de las torres. Los hay que hacen carros y poleas, ladrillos y tejas cocidas al horno de leña, trajes y pigmentos para las pinturas murales de las estancias previstas para las grandes recepciones…Es inevitable que a uno le de vueltas en la cabeza la gran pregunta –y todo esto para qué? Y por qué no? podríamos replicar.  Touché! Y además parece que permite a una generación de arqueólogos eminentes, investigadores del medievo y otro castelólogos distinguidos entender cómo se las ingeniaban hace 800 años para usar estas herramientas, calcular ángulos, levantar muros o desalabear vigas de veinte metros a partir de un tronco de roble bicentenario sin láser ni electricidad.

saludo real desde la gran escalera, leñadores en acción i el taller de carpintería

Pues si hay que ser sincero: sí, es muy impresionante. Ahora bien, todos estos tipos, integrantes del proyecto y voluntarios a los que felicitamos por su trabajo extraordinario y por su dedicación devota, esos mismo que se pasan el día disfrazados con pieles de oveja y jerséis de lana gruesa que deben picar lo que no está escrito y que sólo deben poder lavar a mano en el lavadero, los que tumban árboles con las manos desnudas para hacer los gálibos de los arbotantes como antiguamente y que cuando cae la tarde cogen su coche en el parking del castillo-centro arqueológico y vuelven a sus casas, casas de las de verdad, para meter la cena en un buen microondas de los de siempre. Digamos que me parece algo insólito. En fin…

Volvimos a Ch-A para una última noche muy agradable, dormimos (merecidamente) como ceporros y al día siguiente, después de un inolvidable desayuno del que ya dejamos una pequeña crónica en este cuaderno de viaje, retomamos la ruta. Al cabo de unos cuantos kilómetros, dejando atrás la casa de paja de J. y Th. (y las bañeras de barro, la tierra, los tamices, las paletas de albañil y todas las demás herramientas de nombres exóticos) nos atravesó la idea de dar media vuelta y quedarnos allí un poco más de tiempo. Pero la carretera nos reclamaba, las tristes llanuras del Este y del Norte se extendían ya a nuestros pies y Bruselas nos esperaba con los brazos abiertos, los Manneken desbraguetados y los mejillones..bien, ehem, fritos.

Así que aguantamos el tipo, apretamos los dientes y  -púdicamente- fingimos que esa lagrimita era por culpa de una mosquita que había entrado inadvertidamente por la ventana. Viento en popa, al noroeste y a toda vela! Después de unos veinte minutos o así, hicimos una pequeña parada en J. para dar un último abrazo a M. que esperaba su tren hacia Paris. Otro pequeño momento de emoción y luego la re-partida, esta vez de veras.

Pasamos por Troyes, dimos unas cuantas vueltas por su gran zona comercial barrida por una gota fría. Allí sucumbimos a la tentación del gasto y compramos un convertidor 12-220V pur sinus que conectado a la batería auxiliar nos permite enchufar el ordenador portátil para poder escribir posts de blog desde la furgo noche y día. Ah ah ah! A partir de ahora no hay excusa que valga, habrá que escribir sí o sí…
Si nos vuelven a pillar en un MacDonalds en hora punta, escuchando NRJ y respirando vapores de buey a la barbacoa estilo florida y de flurry con cobertura de M&Ms, será porque nos gusta.

multipolea desmultiplicadora casera: les parece que tiene un nombre suficientemente exótico?

Bien pegadito a Troyes, nos encontramos inesperadamente con el Parque Natural de la Fôret d'Orient y sus lagos de Oriente y del Templo que deben sus nombres a la tradición de los templarios: pueblos con nombres misteriosos (como por ejemplo El cobijo para la cabras) y un ambiente del Péndulo de Foucault a lo largo de la orilla. La pesca, el baño, los deportes náuticos, el camping, el caravaning, el barquing e incluso el paseing están estrictamente regulados. La población (locales y visitantes de Dios sabe donde) se dan aires oceánicos, cabinas de playa y brisa marina: entre las tiendas de acastillaje y las de pullovers de marinero, mocasines con borlas y vestiditos de rayas, uno se imagina en Deauville. Aunque hay que reconocer que le falta un poco de sal al asunto…

el lago de Oriente, los mangles y el famoso vendedor (de gofres) del Templo!

Causamos impresión instalando la furgo entre las raíces de dos grandes mangles y duchándonos desnudos entre los cocodrilos. Los indígenas que pasaban por allí no daban crédito (ni volvían a acercarse) mientras que los mosquitos se abalanzaban sobre Wallis como los vendedores de birra sobre un turista paseando Rambla abajo. Nos vestimos de 21 botones para un pequeño paseo por el Casino y los clubs náuticos, más bien cerrados hay que decir. Nos pudimos contener las ganas aunque con muchas dudas de comer una crêpe con chocolate en la Terraza de los Templarios - que se deben estar revolviendo en la tumba de ver lo que queda de su memoria en estos lugares. Les dedicamos un pensamiento y luego nos fuimos sin pedir el cambio y sin llegar a conocer sus secretos tan bien guardados ni sus verdades superiores. Ojos que no ven nos hacen más fuertes y lo que no mata no es malo para el corazón!

Aún más arriba, aún más a la derecha, atravesamos rincones que no merecían mención en el mapa de carreteras. O digamos que si aparecen no es intencionadamente. O más bien sí. En fin, ya nos entendemos: aparecen en el mapa porque para eso sirve.
La experiencia del castillo fortificado nos dejó estupefactos igual que la huella aún fresca en el barro verdoso del lago de Oriente que había dejado estos templarios. Nos dijimos: "hay que reconocerlo, están un poco chiflados por aquí, no deben beber solamente agua". Y de repente tras una curva en una carretera departamental, vimos esto:

nombre latín: Cannabis sativa - uso: forrajero y téxtil, todo parecido con la realidad…

Justo delante nuestro, ahí en medio, cubriendo una superfície de unas 2 hectáreas más o menos. Con la que caía, todo olía a tierra mojada y beeeeno…a Jamaica. Nos quedamos medio mudos, mirándonos el uno al otro, un poco sorprendidos y seguimos recorriendo nuestra carreterita. Un poco más adelante nos topamos con esto:

nombre latín: Papaver somniferum - uso: forrajero y alimentación humana, todo parecido con la realidad…

La parcela se extendía hasta el infinito, había parcela por todas partes: hasta donde ya no llega la vista, como la mar bajo una luz gris-anaranjada de una tormenta. Poppy fields forever, en resumen. Empezábamos a tener la mosca detrás de la oreja. No nos precipitemos, seamos prácticos. Consideremos los hechos con prudencia y rigor. Obervemos, analicemos, sinteticemos. Pero vaya, sólo a fuerza de repetirnos muchas veces que no pasaba nada conseguimos adormecer el sentido común. Y es que a veces, hay que llamar las cosas por su nombre. Bien que lo hay en Afganistán o en Colombia por qué no en el Noreste? Finalmente, tras atravesar el pueblo siguiente pasamos por delante de esta casa y ahí ya no nos quedó ningún tipo de duda:

sin comentarios…

Un festival de animales hinchables multicolor, claramente subiendo por las paredes de la fachada. Podemos apreciar bien la dimensión metafórica…El tío se ha montado un Boom Festival para el solito, delante de su casa. En medio de las Ardenas!!! Pero a ver, "Qué hace la policía? Dos años de gobierno socialista y  he aquí el resultado: el país a la deriva!!! Con todo el debido respeto, si dejamos que la gente (en el noreste o donde sea tampoco se trata de estimatizar a nadie!) plante y consuma cualquier cosa sin control, luego no nos sorprendamos de que se crean en la isla de Oleron con sus parques de ostras y sus patinetes de mar, que se vistan como caballeros para vender gofres con mantequilla salada y que construyan castillos en medio de ninguna parte. Esto es el colmo! Que alguien vaya allí y ponga orden por el amor de Dios! Templarios de ayer y hoy, levantad vuestras armas! En fin….

No fue fácil pero había que soltarlo. En conclusión: aceleramos y empujamos la línea de ruta hasta Hirson donde nos esperaba este auténtico rincón paradisíaco. Así que os dejamos meditar todo esto y sacar vuestras propias conclusiones. Nosotros tenemos que ir a diseñar los futuros vitrales neogóticos de la TRANSITion!