Saturday, November 18, 2017

home(t)raveling: semanas 19 y 20

¡tocando madera!

Eso es: tocando madera. Llegados a mediados de noviembre con la fleur au fusil (como dicen al norte del pirineo) o com un parell de bledes assoleiades i amb el lliri a la mà (como dirían al sureste del pirineo), sin estufa ni ventanas en la salita, hubo un momento en el que empezamos a cuestionar con legítima preocupación el realismo de nuestra planificación de la obra. Pero bueno, nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento y atrevernos nos hemos atrevido aquí: qui no risca no pisca!
el cal-cáñamo casi seco, la nevera en su sitio con sus estantes, la pared pintada
y el suelo limpiado unas 10 veces ¿qué faltará pues? tal vez un buen par de venta...
El objetivo (aparentemente razonable de antemano) de tener el espacio de la planta baja acondicionado - con cocina montada y demás cosas ya listas, además - se desvaneció ante la cruda (y bien fresquita) realidad. Otros dirían que se estrelló contra el paredón del invierno pirenaico. Total: llevábamos un retraso de la ostra y había que inventar un plan B. El frío había hecho una breve aparición a mediados de octubre, mostrando músculos y soplando su gélido aliento sobre el jardín y la gran ruina en la que pretendíamos pasar este primer invierno (y los siguientes, insh'Allah por muchos años). Eso nos llevó, pues, a instalar una estufiña provisional en el hangar, muy a lo basto, para seguir así disfrutando de nuestra cocinita provisional 'de verano' y tomando los desayunos, comidas y cenas al aire libre y con vistas... pero con un bienvenido calorcito y la satisfacción de ver bajar poco a poco la impresionante pila de maderas viejas y trozos de parquet carcomido amontonados en la granja.

Aun así, casi un mes después, ni con estufiña ni con ostras: el piedra-papel-tijera matutino para decidir a quien le tocaría salir de la cama, abrigarse bien y bajar al jardín a hacer el café se estaba volviendo un motivo de crispación, por no decir de feroces discusiones. Hubo entonces que rendirse ante la evidencia y tomar medidas de cortafuego. Instalar la cocina provisional 'de invierno' en los 5 metros cuadrados del recibidor, al pie de la escalera ; preparar e instalar la antigua pica de la cocina en la futura buanderie (lavadero) donde el calentador de agua y donde estas baldosas de barro tan bonitas recicladas de casa de C. & L. ; y sobretodo, ocuparnos de una vez de las ventanas de la salita que llevaban 4 meses muertas de asco, decapadas y firmemente sujetas con sargentos en unos caballetes debajo del hangar, esperando el tuning de doble cristal que les devolvería una segunda juventud... Reconocerán que así es como mejor cumplen con su papel de protección física, térmica y acústica de la vivienda, ¿verdad? ¿hein?

un clásico del DIY un(t)raveling: los muebles de palets! aquí eficaz y robusto, con poco tiempo y un toque envejecido rústico.
Yendo a lo fácil (y tirando pal monte: siempre nos han encantado los proyectos con palets), empezamos con la estructura para recibir la antigua y pesada pica que haría de safareig. Nada complicado aquí: robustos listones de palets, encajes rústicos, anti-carcoma y broux de noix (una antigua y oscura decocción de alguna nuez - oscura tanto por su color como por el misterio de su receta). Pim pam pum, como diría el amigo Gil, y marchando. Una vez hecho esto, y sin muchas escusas para NO empezar con la delicada tarea de tunear nuestras viejas ventanas, decapadas y tratadas con cariño, paciencia y perseverencia por la mayoría de los ayudantes del verano. Pero parecía como si nos retuviese algo. ¿El miedo a cagarla y cargárnoslas, tal vez? Pues podría ser, miren... Decidimos hacerle una pequeña ofrenda a la diosa de la dilación - a.k.a. procrastinación. Verán, con la visita de la Glustins Powers a principios de mes, quitamos la pared de separación (y de ladrillo) entre las dos habitaciones de la planta primera. ¿Será Amor vacui?

máquina infernal en acción ; cubo de serrín al mediodía ; salón tras un cuidado integral (también) ; antes vs. después in situ y sin filtro.

¿Qué mejor momento que este, entonces, para lijar del tirón todo el parquet de la macro-mono-habitación? Pim pam pum nuevamente: fuimos a alquilar la máquina infernal al señor aquel 'tan poco amable pero nos cae a un kilómetro de casa y tiene todo tipo de material super-hiper-mega-pro'. Aquel que nos mira cada vez con cara de "aiiish! estos dos pájaros que van de paletas" o como si fueramos a matarnos con su martillo neumático o yo qué sé. No queremos imaginar el susto que le dará el día que le vayamos a pedir la plataforma elevadora más alta de todas, preguntándole con la máxima ingenuidad donde están el embrague y el intermitente... En fin, esta vez, se trataba de pillar la máquina infernal esa, la que transforma los suelos de madera en serrín fino fino. Nos la dejó no sin recordarnos la suerte que teníamos de podérnosla llevar sin haber hecho reserva telefónica unos días antes. Apenas llegados a casa, le dimos al asunto sin miedo ni reparo: ¡toma! Y el parquet nos quedó fresquito, limpito, clarito, bonito. En una palabra, nuevo.

otra máquina infernal, aunque de un tamaño más razonable...
Al final, hay un momento, chicos, como bien sabe y dice John Rambo, en el que un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer (sic.). Así que una buena mañana de la semana 20, bebidos los cafés con leche preceptivos, sacamos la fresadora y no sin cierto temor, nos dirigimos al hangar y nos acercamos a las ventanas. El objetivo estaba claro: reemplazar la multitud de pequeños vidrios sellados con masilla vieja por un solo vidrio grande, de doble cristal. Pero evidentemente - ¿sino qué gracia hubiera tenido? -, conservando las maderitas y su encantador dibujo retro. Decidimos rebajarlas, juntas con el borde interior del marco por el lado que llevaba la masilla, hasta poder colocar el doble cristal, hundido al máximo sin comprometer la resistencia del marco. Si los vidrios originales eran de 3 mm de grueso, el doble cristal que pensábamos comprar era un "4-12-4" o sea, 2 vidrios de 4 mm cada uno, separados por una capa de gas Argón de 12 mm. Un cacho cristal de 2 cm de grueso y que pesaba más del doble del original. Lo podíamos encargar por internet, procedente de no sé sabe donde, o en una empresa local que lo fabrica a medida en 3 días. Una vez preparada la ventana, comprado e instalado el cristal, nos quedaba preparar y fijarle por encima un marco adicional para sujetarlo en posición. ¿Se entiende? Claro que no... Para esto están las fotos aquí debajo. Nosotros tampoco entendíamos bien bien cómo rayos habría que hacer, ni si funcionaría, ni si los marcos antiguos aguantarían el aumento de peso, ni de cuánto se podía rebajar la madera sin debilitarla demasiado, ni como íbamos a conseguir cortar a una profundidad perfectamente regular, ni si... Etc, etc.  Solo nos falta añadir que la fresadora era para nosotros otra máquina infernal más, cuyo manejo nos resultaba tan familiar como la puntuación en un partido de cricket o la cría del cuy para el consumo, por decir algo. Era como bailar con lobos en la oscuridad - pero sin Björk ni Kevin Costner - y por algo habíamos esperado tanto. Pero, venga, ¡vamos! Tienen aquí todo el (lento y doloroso) proceso en imágenes:

Siguiendo nuestra intuición y aprendiendo a base de equivocarnos, rebajamos primero la ranura exterior del marco y luego, las maderitas centrales cruzadas. Hubo experimentos por si empezar por la horizontales o por las verticales, ya que una vez rebajadas las unas, pierdes el punto de apoyo y la referencia de nivel para las otras. Hubo experimentos de hacer plantillas y carritos para deslizar la fresadora sin perder el nivel. Hubo pases y pases y pases milimétricos para intentar igualar el nivel exacto en todo el marco y para que no estallara la madera, versionando el chiste del tío que le quiere cortar las patas a la mesa y no termina de igualarlas nunca y la mesa acaba a nivel del suelo: momentos en los que "casi estába to' niquela'o y ¡jolines! la maldita tuerca de profundidad de la máquina infernal se aflojó con la vibración y justo se soltó y se comió demasiada madera y ahora hay que volver a rebajarlo todo hasta aquí otra vez".

Pero al final, una vez logradas unas ranuras razonablemente homogéneas y regulares, pudimos atrevernos a medir el tamaño definitivo y encargar los cristales. Fue necesario ir a recogerlos 3 días después con un colchón en la parte trasera del 2c15, sufriendo por si se iban a romper en el trayecto - ya que con lo que nos pretendían clavar para la entrega, ya no salía a cuenta hacer todo eso. Colocarlos bien en su sitio, acolchados con una goma aislante, e ir preparando los marcos adicionales*, colocar y clavarlos tras haberles pasado 3 capas de aceite. Y finalmente, instalar las ventanas y la puerta entre la salita y el recibidor de la escalera, cruzando los dedos para que no se partieran ni se cayeran por su propio imponente peso. Y aquí están, hechos con mucho amor y con muchísimas horas de trabajo. Ahora, cada persona que entra en casa nos pregunta "si sale a cuenta hacerlo en lugar de encargar ventanas nuevas" y respondemos que el total de los cristales sale más barato que el precio de una sola ventana nueva a medida. Y que las horas, las dedicamos porque queríamos hacerlo, aprender y sobre todo salvar las ventanas existentes que nos parecían muy bonitas y formaban parte del alma y el carácter de esta casa, con lo que para nosotros, valía la pena restaurarlas. A pesar de los días (y las noches) de trabajo (en el frío del hangar, con linterna!).

testimonio seudo-artístico de las sesiones de tarde bien tarde, apurando con la luz en el hangar, para acabar los marcos...

Entonces, es cuando nos miran raro y tras unos segundos de silencio, nos suelen decir algo como: "Igualmente, por el tiempo que debéis haber tardado, salía más a cuenta comprar unas nuevas, que además seguro que cierran mejor". Hasta hay quien nos dice que "las de PVC están bastante bien de precio hoy en día y además, puedes elegir el color y no hay que tratarlas ni barnizar ni historias así". Entonces, es cuando sonreímos y cambiamos de tema, porque al final, para gustos - justamente - los colores del PVC. Las mejores salidas a conversaciones un poco awkward en estos tiempos prenavideños, son: "Y qué caprichito tenéis en la lista para el Black Friday?" o "Os habéis enterado que sale el nuevo Star wars a mediados de diciembre? ¿Iréis a verlo?". O bien hablar del lindo gatito de los vecinos que se pasa la vida por el jardín e intenta domesticarnos para su exclusivo beneficio... ¡Malditos gatos!




Y ya está para hoy:
volveremos pronto
con más aventuras
y con el invierno.
Abrazos pa tod@s!
F. & W.


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Claro, nos faltó contar la aventura de no querer comprar cualquier listón de pino importado, porque ya que vivimos en una zona boscosa en la que hay un cerradero en cada pueblo y dinámicas de silvicultura sostenible, nos parecía importante encontrar madera frondosa que fuera bonita y local. También porque al decapar estos palimpsestos de laca grisácea, descubrimos unos marcos de castaño y roble preciosos y nos pareció que se merecían algo a la altura. Fue el cerradero Sanchez, en el pueblo de V., que nos propuso unas tablones de roble viejo bien seco que tuvimos que recortar en listones, lijar y pulir, fresar para ranurar y tratar antes de poderlos aceitar. Mismo tono y misma veta que los marcos, el resultado, para nosotros al menos, valió la pena.


Monday, October 30, 2017

home(t)raveling: mooooonth 4!

And there was evening and there was morning, one day. It was month four and Wallis and Futuna saw it was good. It felt good indeed, although they (that is us, actually) were so freakin' exhausted they could hardly blink. So they kept working harder, better, fast..., regardless of the lightness of day that had become separate from the darkness of night.

the first layer of hempcrete getting dry (finish will come before xmas, hopefully)
The genesis: no matter how or when, they just kept working plain hard, sweating their ashes off and obviously NOT taking any eighth day off to rest, nor to even sit on a cloud and proudly contemplate the job done. "This ark of ours won't build itself, will it?" said Wallis. "Sure won't!" said Futuna. And there was a silence in heaven for about half an hour, most probably because they'd gone for a coffee break by the hangar... With the hempcrete (our über-cool, chic and natural hemp and lime plaster) slowly getting dry in the living-room (a.k.a. the Noah's ark, a.k.a. the project's phase I base camp), we were now free to set and build all the false-ceilings and to work on the future kitchen's technical wall. "Technical" might sound like a big deal, but that's basically where the stove, oven, sink, fridge and stuff will go, with all power and water running behind. So we first put up those metal frames to receive the plasterboards, then insulated the whole thing with rockwool before passing the wires and pipes, including the fresh air-in for the wood stove and greasy air-out for the kitchen fan. Finally, we screwed these sexy grey (plain), green (waterproof) and pink (allegedly fireproof but it'd later appear they were not) plasterboards all over the place. At these points, it looked like that,                   then like that,                                  then like that:

the kitchen wall before (left, w. the stones and railings), before (center, w. the rockwool, power and pipes) and before (right, w. the "placo").
The reality check: to be fair, almost two weeks of actual, real-time passed between these first and third pictures. For Futuna and Wallis are human beings, they need to eat, sleep, go to the toilet and eventually work for a living in between building stuff and renovating this house of theirs. Not all of that time was invested in eating, sleeping and going to the toilet, though. Some time was dedicated to the one I love the first floor's false ceilings, as the pictures below unambiguously suggest. We/they (this schyzophrenic trick of third-erpson writing is increasingly bothering, should consider getting rid of it...) were extremely lucky that our/their (again!) skilled, friendly and beloved mason, Mr. K, was kind enough to lend his plasterboard lifting trolley, laser level, plasterboard saw and plane, plus a handful more of indispensable tools... Thank you so much again, Mr. K! (this one is a special interlude for the benefit of Mr. K...)

the magic mystery plasterboard lifting cart and the fruit of its work on the 1st floor: false ceilings in the future bathroom and the two bedrooms.
The caterpilar effect: our initial plans* for the first phase of the LaMeunière project (= the renovation of the old house into a functional 90 square meters home) also included that we put up a small bathroom on the first floor, just on top of the (old and decrepit rustic) existing one. And as the soon-to-be-revealed-to-the-world caterpilar theory explains, even the mildest fart of a caterpillar into its cocoon here and now - long before it even gets wings - is likely to unleash long-lasting consequences of unprecedented magnitude in another corner of our round planet... True story. Well, the same happens with home(t)raveling; long story made short, the embodiement of the caterpilar effect: so as to put up a bathroom on the first floor, we first needed to replace the abestos-containing flooring tiles. This caused us to cut off and throw away the wooden slats the abestos tiles were stuck to. We then were ready to remove the old toilet - which was the one and only toilet around! Grin.
the  future toilet, concrete floor removed , in the process of leveling the first tiles. 

And you'll see: we're not angels. We need to go there every now and then. So BEFORE taking the toilet away, we needed to set up a place to put it back in more or less no time at all and ideally in the same gesture. It took us weeks to find a suitable place, but also to do a few round trips to L., home of our dear C., L. and the Loulouttes, to load the 2c15 with a huge pile of old vintage tomettes (terracotta tiles) they wanted out of the girls' room and we thought we could give a second life to. This step included taking them down a ladder to the street, taking out and scratching out all the lime and sand, driving them back home, thoroughly cleaning them and soaking them in white vinegar overnight before preparing the floor to put them back into place on a bed of sand, adding lime and water in the right proportions, then finally placing them levelled and even, jointing them with "lime milk" and waiting for them to get dry. Since we wanted our "buanderie" (a.k.a. utility room) to be cleaner and neater on the long run (we'd like to have an old recycled sink there, as well as the washing-machine plus shelves to store stuff), it made a lot of sense to progressively get rid of the (elevated) concrete flooring and make this actual plumbing spine of the house tidier and drier... For all these reasons, and more romantic ones too, we loved the idea of re-using C. & L.'s tomettes for this area. At the same time, the amount of work required to get the whole floor done at once was simply not compatible with our schedules and with the coming winter cold and bad weather: too much to do in too little time! So, we focused on the incompressible 4 square meters that'd receive the toilet and electric water heater, then left the rest waiting for (*what?*) until (*when?*). *Who knows?* Not me. We never lost control etc. Another absolute classic!

the first pieces in position ; more tiles getting dry , old pipes and water heater still in place ; a little jump in time : toilet and electric heater on.
Another brick (less) in the wall : the last two weeks to complete this fourth month were already quite busy, we were unsure we'd make it to the fatidic date of october 31st AND the imminent change due to the daylight saving time promised to hit severely on our already challenged, over-clocked pituitary glands. That's when we got two news: a bad one and a good one (even though master Oogway knows and teaches there's no such thing as 'good' or 'bad' news). The bad one was the brick wall between the two bedroms upstairs was no longer self-sustaining and should be removed and replaced by a whole new structure. Being 5cm thin and disconnected from the former false ceiling, there was nothing left to garantuee it wouldn't fall on us anyday. The good news was our friend S., a.k.a. Bustins Powers, a.k.a. Glutis D'orus, planned to visit us for the weekend: two extra arms and a super-fit victim to help us get through the unexpected wall incident (and its unscheduled, additional workload). Plus, she's a living promise of tons of fun!

1- we don't need no education ; 2- we don't need no thought control ; 3- no dark sarcasm in the classroom
4- teachers leave the kids alone ; 5- on and on you're just an- ; 6- -other brick in the wall.
With Glutins powers, we worked hard, very hard and even harder than you'd believe. She's tough. Oh yes, she sure is. She cyclotours restlessly, hiked the transpyrenean trail from sea to ocean without fixed ropes nor supplemental oxygen, she's fluent in at least 6 languages (mandarin included) and she kicks asses, all which - borrowing to Guy Ritchie - make her harder than a coffin nail! We got rid of the wall in about a moment, drove all the wreckage and rubble to the déchetterie, prepared the ground floor's ceiling for the jointer who was to come the next day (filling the wall-to-ceiling and board-to-board junctions with adhesive plaster), finished the first floor's ceiling in half an evening and, of course, ate a lot while watching a few (average-to-bad) movies all covered in blankets and down sleeping bags.

drilling a hole on the plaste-e-rboard** ; the [wall] is gone and mamma says it makes one nice big room without it ;
meanwhile, downstairs the jointer has done his job and left his footprint: tiz getting neat in here!

Well, that's pretty much it, but it's not bad at all for somebody who initially came to take a weekend off and was unaware of our plans for her! Ha ha ha! Next thing we know, there was evening and there was morning, the next day. We drove her back to the train station smiling and seemingly happy, enthusiastic about future visits in spring and summer, to... wait for it... work in the garden, in the barn and even on the roof! -we didn't say it, she did!- Thank you for your help and support, Glutins Powers! Take great care and come back to us soon: we still have a good load of (a) unhealthy food in the pantry and (b) crappy movies on the hard drive and it's more fun to (a) eat, (b) mock and delete them with you! [heart][heart][heart]


And that'll be it for now:
more in 2 weeks!
Love to all,
F & W


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* whose patient, wise, caring and tailored designs we owe to our beloved Catalonian architect friends M. & A.

** it's been quite a lot of contributions from the Beatles to these columns' soundtrack, so we unilateraly decided to skip this one. If you really wanted/needed to hear it rightnow anyway (and even though it might compromise the whole timing to reading this post), you can still click here at your own risks ; the authors decline all liability in case of surprise and/or disappointment...


Monday, October 16, 2017

home(t)raveling : semaines 14 et 15


la "cuisine" un lundi matin d'octobre (gloups!) avec, au fond à droite, l'unique évier...
Le calembour est un poil poussif, mais faudra faire avec. Le fond de l'air est frais, mais ça se soigne. Et le tout paraît très confus, mais ça c'est pile! Voilà, on peut donc commencer : on est en Ariège, on est - pour quelques années encore? - à environ 450 mètres au-dessus du niveau de la mer. On rentre doucement dans cette saison qui n'est certainement plus l'été ni exactement l'automne et pas encore tout à fait l'hiver. La mi-octobre darde de froids matins et étend ses grises journées sur la vallée comme la lavandière ses draps sur le fil*. On est fatigués, on est dans les travaux jusqu'au cou, pour ne pas dire jusqu'au nez, et on n'en voit, évidemment, pas le bout. On en a soupé jusqu'à plus soif et en définitive on en a bu plus ou moins jusqu'à la lie. On a de la poussière et des gravats jusqu'au fond des plis de peau les plus intimes (pardon pour ce détail dont vous vous seriez sans doute passé(e)s sans trop de difficultés). Tel un président fraîchement élu, on aborde et on double le cap des 100 jours contents mais les traits tirés. Et la balance est formelle : on a bel et bien perdu 5 ou 6 kilos chacun! On dirait que c'était hier : on avait les clés dans la poche et toute la vie tout l'été devant nous! Après deux mois de chauffe, de nettoyage par le vide et de démolition(s) contrôlée(s), le chantier en est vraiment devenu un. Bref, c'est "un peu" affolant mais on finit par s'habituer. Ha ha ha! (rire nerveux)

qu'il est long le chemin gnagnagna la lumière, etc.
Jugez plutôt - façon le poids des mots, le choc des photos - à quoi ressemble la cuisine en ce beau lundi matin où l'on attend - avec impatience et des chocolatines encore tièdes - nos deux héros de la semaine: monsieur K. et monsieur T. Ils sont jeunes, ils sont beaux, ils sont dynamiques, ils sont maçons et ils ont une tendresse particulière pour les enduits naturels sans substances volatiles, sans retardateurs de feu bromés, sans perturbateurs endocriniens et sans additifs chimiques. Allez, ouste! Boutons les phtalates de nos murs! (Et contentons-nous de les retrouver dans l'écrasante majorité des produits de consommation courante qui nous entourent, nous habillent, nous soignent et nous nourrissent depuis une quarantaine d'année... Mais vivons dans des murs sains! Oui! Ô la douce absurdité de la démarche éco-responsable dans un monde qui est déjà bourré jusqu'à la gueule de notre stupidité et de nos saloperies polycycliques et halogénées...). En tout cas, un enduit épais de chaux-chanvre sur les deux murs extérieurs (ouest et nord) et la cloison entre le salon et l'escalier, en plus d'être très joli, rattrape les inégalités des murs en pierre originaux tout en les laissant respirer et évacuer l'humidité capillaire caractéristique des maisons anciennes construites sur de la roche, sans fondations. Ça régule naturellement l'humidité dans la pièce, c'est un isolant excellent qui ne sépare pas l'intérieur de la pièce de la masse thermique du mur (90 cm au nord) tout en évitant l'effet de paroi froide, et qui atténue les sons un peu comme le fait la neige fraîche. Les arguments avaient de quoi nous séduire, autant sans doute que les recommandations chaleureuses et enthousiastes de plusieurs amis qui avaient travaillé avec monsieur K. On leur a donc demandé de venir créer ce petit miracle de maçonnerie écologique ici, pour la pièce du rez-de-chaussée. Ils nous ont demandé en échange et au préalable, de revenir à la pierre nue sur tous les murs de la pièce, de coffrer les tours de fenêtres, de bien bâcher le chemin depuis le jardin et de soigneusement protéger le sol. Et un beau matin, sans crier gare :

le nerf de l'éco-guerre, le Fort-Knox de la chènevotte, la mère de toutes chaux.
Bim! Ils sont arrivés. Il y a d'abord eu quelques aller-retours pour vider les fourgonnettes, sortir plein de trucs et de machins plus ou moins lourds et familiers, préparer un tuyau d'arrosage, des linges propres, plus de bâches, de l'eau bouillante, des seaux et des pelles, plus de café... Puis il y a eu un silence d'environ une demi-heure. Et soudain, quand on a commencé à se demander s'ils étaient partis au café du coin, ils ont branché les bétonnières et on a eu la réponse. Et là, pendant de longues heures, elles ne se sont plus arrêtées. En même temps, on a été très surpris de constater à quel point tout est allé très vite. L'une des (nombreuses) différences entre deux amateurs enthousiastes et deux professionnels enthousiastes! On a vite compris qu'il valait mieux sortir du passage et ne pas être dans leurs pattes. Et tel deux Héraclès sans leur arc, en proie à un vide existentiel aussi subit que subi, on est allés sous le hangar consulter le whiteboard offert par notre cher Mr. Chris et y choisir, dans notre liste de Sisyphe**, un truc utile et urgent à faire ; en l'occurrence, finir les faux-plafonds du premier étage qui avaient douloureusement pris du retard après avoir cru, comme Icare (ou comme celui-là qui construit la cloison), pouvoir défier la gravité. Il s'agit évidemment d'une allusion à un épisode antérieur et malheureux de cette notre grande Odyssée de rénover Ithaque avec nos deux fois deux mains et with a little help from our friends. Un truc du genre, quoi. Avec ou sans mythologie bon marché, selon les goûts. À un moment donné (pardon, à la tarnaise "am'endonné"), on a tendu l'oreille et risqué un œil dans l'escalier, juste à temps pour apercevoir quelque chose de bleu qui paraissait tunnel (las, ce n'était qu'une bâche gonflée par le vent qui se prenait, en définitive, pour une voiles au loin descendant vers Harfleur. Une fois franchi le seuil :

pendant, pendant et pendant la mise en oeuvre du corps d'enduit (pause café incluse) ; après, après et après : place au séchage!
En entrant dans la salle d'en-bas, après seulement 3 jours, on a trouvé ça. Bon, les 3 jours c'est comme dans les vieux livres sacrés, il ne faut pas le prendre littéralement. On a naturellement suivi la chose de près pendant toute la durée des opérations, on a donné des coups de main, fait des cafés, nettoyé les outils, balayé, rangé... On a juste laissé le boulot aux spécialistes, on a appris en observant et c'est aussi beau à voir qu'agréable à regarder ! Voilà.

Maintenant il nous reste simplement à attendre que ça sèche. Et ça met, comme le fut du canon pour refroidir : un certain temps. La consigne est de ventiler au maximum ; ça tombe bien les fenêtres sont démontées et attendent sous le hangar qu'on puisse/sache s'occuper d'elles (le décapage, le ponçage et le traitement ont été faits, il faut encore les préparer pour recevoir du double vitrage, les remonter, les passer à l'huile dure et les ré-installer - voyons le temps que ça va nous prendre!), la pièce étant ouverte aux quatre vents 24 heures sur 24. D'ailleurs, la vie suit son cours côté jardin, où l'on a quand même, grâce à des amis qui n'en avaient plus l'utilité, pu se mettre un petit poêle à bois pour tempérer un peu l'espace aux heures de cuisine et de repas. Les petits déjeuners commencent à piquer et on avance petit à petit l'heure du service pour la soupe.

nouveau venu sous le hangar : le petit poêle brûle-tout (surtout les vieux parquets vermoulus) et son conduit 100 % aux normes.

Bon, on vous racontera tout ça en temps utile (et plein d'autres choses aussi), on n'est pas encore au bout de nos peines et il nous reste un bon morceau de boulot à abattre avant de pouvoir nous installer à l'intérieur. Dans cette course contre la montre face à l'hiver, qui va l'emporter ? On commence à entrevoir, déjà, une réponse, mais faisons durer le suspens et n'ayons l'air de rien. Pour l'heure, on profite de ces petites flambées clandestines, les voisins ne s'en plaignent pas, la mairie n'a pas envoyé les gendarmes. Donc, tout va bien!


Prenez soin de vous,
on revient bientôt
et on vous embrasse,
Futuna & Wallis


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* l'image n'est peut-être guère des plus heureuses, ne serait-ce que pour l'angle que forment le plan (horizontal) des grises journées avec celui (vertical) du drap étendu de la lavandière mais : 1- c'est comme ça et c'est la licence de qui écrit que de se repaître de clichés ou d'enchaîner des métaphores douteuses... Pas vraiment une excuse mais le froid engourdit le cerveau et l'imaginaire s'en trouve quelque peu rabougri. C'est l'hiver, c'est la vie. On en reparlera quand il fera bien chaud au coin du feu, c'est promis.

** subtile allusion au rocher qui n'en finit pas de s'échapper et de rouler à nouveau tout en bas de la colline - à l'inverse de la chèvre de M. Seguin qui elle s'élève vers la montagne, nous donnant à penser que selon toute logique ils doivent nécessairement se croiser quelque part en cours de route. Et s'il fallait faire traverser un cours d'eau à Sisyphe, son rocher et la chèvre dans une barque, comment s'y prendrait-on ?  Allusion également aux travaux qui n'en finissent pas de se succéder (sans grand espoir pour nous comme pour le foie du pauvre Prométhée, d'en voir jamais la fin), la liste dudit whiteboard s'allongeant d'un nouvelle tâche chaque fois que l'une d'elles est cochée puis effacée. Enfin...