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Friday, May 9, 2014

canción de las simples cosas


tomando el sol en Can Baró, al pie del turó de la Rovira.
"Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida
Entonces comprende
Como están de ausentes
Las cosas queridas..."

Me llegó hace años cantada por Chavela Vargas, pero cuando se la apropian Buika y Chucho Valdés (en youtube aquí), se convierte en una de las (simples) cosas más bellas que hay. Llevamos unos días re-escuchándola una y otra vez en la furgo, como el himno de nuestra mini-vuelta a Barcelona. Nos habíamos apuntado en Enero a una semana de trabajo con la asociación Tripalium, que propone talleres participativos de construcción de molinos eólicos para auto-producción eléctrica (más información sobre los talleres aquí). Se nos canceló a última hora por falta de asistentes, así que con unos días de antelación y con pretextos varios de trámites y cosas que arreglar, volvimos a un viejo sitio donde amamos la vida. También fue una gran oportunidad para celebrar 6 meses ya de Un(t)raveling rodeados de seres queridos y cerrar un primer ciclo-círculo. Paso rápido con el tema ITV, seguro e impuestos varios del TRANSITion!, así como renovación de documentos y puesta a día de datos personales en algún que otro archivo o padrón municipal. No fue especialmente interesante. Como bien decía John Rambo a finales de los ochenta: "un hombre debe hacer lo que un hombre debe hacer"... Gracias, John. Ahora ve a descansar un poco. Y pégate una ducha ya, hombre!

Durante estos días de urbana locura, nos quedamos - muy a gusto, la verdad - en casa de U. y L. Meses atrás, justo antes de irnos de Barcelona, celebramos el suyo mutuo amor con saltitos de alegría (ver nuestro primer post) y pues, ya os imaginais: les echábamos de menos, un poquito. Por eso muchacho no partas ahora, pensando el regreso... Disfrutamos mucho de su lujoso y cómodo ático en forma de loft, de su colchón inflable para invitados, de su cocina hiper-equipada y de su hospitalidad re-que-te-comprobada ya. Cenamos y charlamos muy bien hasta las pequeñas horas de la madrugada. Lejos de cansarnos mucho, parece que hasta nos dio fuerzas para córrer parriba-pabaho sin descanso. O será que andando por la calle medio-zombie, la gran maratón administrativa façon Brazil (la peli, no el país), a uno se le hace menos pesada? Puede que suene muy guiri, o muy campesino-que-baja-a-la-ciudad pero: Barcelona es muy grande, ruidosa, sucia, agitada, contaminada y desesperadamente llena de gentes. Vaya reencuentro después de 6 meses dando vueltas por allí, entre lo verde! Nos dio la sensación de estar todo el rato mirando a la gente por la calle y en el metro como si acabáramos de llegar de otro planeta. Para aguantar tanto estrés, hasta tuvimos que cenar alguna carne a la brasa en la Malandrina y digerirla con luces suaves e infusiones de poleo-menta al volver a casa. Quedar con mucha gente en poco tiempo, ponerse a día, escuchar historias y noticias, es un ejercicio más difícil de lo que parece y para asimilar tanta información, las luces suaves e infusiones de poleo-menta van muy bien también.

las vistas desde nuestro colchón inflable: Hi-Fi y Low-Light.
Aprovechamos el jueves festivo para entrar de una vez en la piel de unos turistas: nos metimos en los atascos de la salida de Barcelona a eso de las 12 del mediodía, nos asamos escalando bajo el sol en las peores horas del día y nos tomamos unas cañas en el chiringuito de la playa de Garraf. Con los hombros y la nariz quemados, volvimos a Barna, a pasear nuestro nuevo look gamba por l'Eixample y el Barrio Gótico, hasta un concierto de nuestra querida Sandra Rehder, estrenando su nuevo disco "Umbral" a duo con Gustavo Battaglia. Noche de tango en el Circol Maldá. Mmmh... Viernes de visitas y trámites otra vez, que culminó con una cena de antología en Ca la Carme. Unas albóndigas de otro mundo, cuyo ingrediente misterioso no cedió ante los ataques de nuestras más insistentes investigaciones. Volvimos rodando hasta casa de U. y L., donde una vez más nos salvó la infusión de poleo-menta.

El sábado, fuimos a darles un fuerte abrazo a C. y J. en su burbuja al pie de Montserrat y ver los avances de la casa de paja, a base de mucho amor y muchas horas de trabajo. Al llegar la noche, subimos a cenar y dormir en la furgo por allí, bien cerca del monasterio. Nos despertamos tempranito a la mañana siguiente y aprovechamos el sol del domingo para tachar de la lista de tarea vertical la bonita y agradable vía Stromberg al Gorro frigi de Montserrat. Más fácil de lo que esperábamos después de cuatro meses sin tocar roca, llegamos a la cruz relativamente frescos, tras escalar cinco largos en cuatro tiradas. Los problemas se hicieron esperar y no aparecieron nunca, y aunque no somos especialmente valientes, hasta nos sobraron algunos parabolts. También nos sobró el viento del Norte que, a pesar del sol radiante, dejó congelado en cada reunión al que no estaba escalando. Después de una mini-siesta con higos secos en la cima, inauguramos el nuevo descenso con rapels para finalmente descubrir, a una hora ya avanzada del mediodía, a siete u ocho personas aglomeradas en la vía del Carles: dos en cada reunión, otros escalando e incluso unos cuantos esperando a pie de vía. Y eso que no vimos a nadie en toda la escalada: A quien madruga, el viento le putea pero Dios le ayuda!

Wallis a lo largo de la bonita via Stromberg (6a - 150m) con vistas al Monasterio, a Sant Benet y al Pirineo.

Ya que habíamos logrado escapar de la atracción gravitacional barcelonina para un breve fin de semana, procuramos no volver a entrar otra vez en su atmósfera, alejándonos incluso a una prudente distancia. En las tierras del Somontano, en la antesala de la Sierra de Guara, M. y el peque U. nos recibieron otra vez en su casita de S., transformada por los meses de labor de M. y por la luz de la primavera. La era estaba hecha un huerto de primera, el patio una terraza lounge y un gimnasio con pesas, barras y slackline; la granja, una zona de taller despejada y diáfana. Resultaba difícil creer que un sólo hombre, con sus brazos y su voluntad, había podido... Otro reencuentro allí, con el lento y lindo arte de vivir en S.: los campos de maíz transgénico hasta el horizonte, las cigüeñas en el campanario de la iglesia, el local social divulgando siempre lo mejor de la televisión nacional, la carne dudosa del súper Orang-Utan de Monzón... Uno vuelve siempre... También nos encontramos a un G. en plena forma, de visita por la zona. Quedamos los cuatro para una sesión de deportiva en Benabarre, de la que aún nos estamos recuperando! Ja ja ja! Espero que estos dos (M. y G. digo) queden más a menudo para escalar porque aquel martes, se juntaron el hambre con las ganas de comer! También escalamos un poco en Olvena el miércoles y CastillonRoi el jueves (ayer), antes de emprender camino hacia Francia otra vez, la cabeza llena de reencuentros, abrazos, sonrisas e historias. Más ligeros también de saberles felices, ilusionados y en movimiento; buscando y encontrando caminos propios. Semana de vacaciones corta, intensa y agotadora pero, por suerte, el lunes volvemos al trabajo! Continuamos un(t)raveling en el Lot-et-Garonne, el Lot y la Dordogne...

la "nostra cova" y el hospital de Sant Pau: unos viejos sitios donde amamos la vida...

Monday, March 3, 2014

crónicas del otro lado (episodio 2)


o "Koala en Cantabria, hambre no pasará!"

Con 24 horas de retraso, con un temporal de nieve, con unos kilitos mas alrededor de la cintura y con una piedra en el corazón, dejamos Burgos atrás. Pasamos 4 días en casa de Willy, donde caímos víctimas de su superlativo sentido de la hospitalidad y de sus dones para la cocina... Dios! Qué manera de comer exquisiteses y beber néctares sin parar, de la salida a la puesta del sol,y entre medio también. Burgos! Su catedral, su zona azul, su frío seco, su gente. Dejamos Burgos atrás, pues nos esperaba la brava, misteriosa y encantada costa de Cantabria. Allí, habíamos quedado con J. y su familia para pasar un par de días mientras le entregábamos unos trabajos encargados tres semanas antes. Se dieron las casualidades (en 2014, las casualidades son como los unicornios: no hay quien todavía se atreva a creer en su existencia) de que él nos pidió traducciones para las fechas de nuestra visita por Castilla y de que él vive justamente en la costa cantábrica, en la frontera con Asturias, a menos de 200km al norte de Burgos. En fin, long story made short, le propusimos a J. entregarle las traducciones en mano y le pedimos hospitalidad para un par de noches. Un(t)raveling, o el arte de quedarse a dormir en casas ajenas... No nos hacía falta más para desviarnos un poco en el camino de vuelta e ir a descubrir - después del hogar de la morcilla - las tierras de habada... Así que salimos de Burgos sin incidentes, a parte quizás, de una emboscada jurásica en una rotonda de la N-627. Pasamos de largo la famosa escuela de escalada de Peñahorada, sin una mirada ni nada: deberes hechos, cuestión del escalar en invierno resuelta, todo bien (mentira podrida!). Contemplamos la llanura cubierta de nieve, la llanura y sus muros de piedra, la llanura y sus trigales desolados, la llanura uniforme y gris, la llanuraaaaaa... Paramos algunas veces en el camino, a cazar imágenes. No conseguimos ni una. Paramos en un restaurante de carretera de aquellos bien horteras, a probar suerte. Un restaurante de aquellos que venden postales originales de los años 70, con manchas de sol incluidas y cintas de audio de El Fari. Pero un restaurante de aquellos que te hacen bocadillos de lomo y queso del Otro Mundo. Burbujas del paraíso abandonadas allí para la conversión de las masas

bocadillos de lomo y queso, Cantabria y las puertas del paraíso.
Nos desviamos antes de Torrelavega con rumbo al minúsculo pueblo de P., escondido frente al mar entre unas colinas cubiertas de bosques de eucaliptos y la doble desembocadura de los ríos D. y N., aún más cortitos en su recorrido entre Picos de Europa y el Golfo de Bizcaia que nuestra querida Nive. El pueblito de P. es muy agradable y tranquilo, condenado por su situación geográfica (qué suerte!) a no crecer más de la cuenta, a pesar de tres o cuatro bloques de pisos de obra nueva que parecen vacíos y hasta sin estrenar. Nos dice J. que el progreso ha llegado hasta aquí: que la prospección inmobiliaria es una plaga, que los turistas han reemplazado los rebaños (me pregunto si deben pastar también estos prados con vistas al mar) y que sí, se nota la crisis en P. Se nota, nos explica, por los huertos que brotan - literalmente - en todos los jardines del pueblo y por el retorno de algunas familias locales a la recogida de un alga llamado Ocle, cuyo alto contenido en galactopiranosa lo destina a la producción de agar-agar y carraginatos para las industrias farmacéutica (agarosa para microbiología) y agro-alimentaria (el gelifiante E406 y el estabilizante E407), entre otros. Usos tradicionales del Ocle aprovechaban su reactividad con las proteínas de la leche para cuajarla y hacer queso. Lo primero que se me ocurre decir, aunque suene desesperadamente poco original, es que la zona es preciosa, inspiradora, grandiosa, con unos contrastes impresionantes entre verdes prados, caliza negra, cielos grises y mar color de plomo. Con la espuma del Atlántico en los pies, el sabor a sal y algas en la boca, y el olor a vacas y caballos en la nariz, uno puede tener la mirada en las cimas nevadas de Picos de Europa. Una experiencia sensorialmente saturadora pero de lo más satisfactoria:

espuma de mar, caca de vaca, barca de pesca y picos de Europa...
Pronto paramos a contemplar la desembocadura del río D. espectacular con sus barquitas y sus caballos en la luz de la mañana, seguimos la carreterita costera, parando por aquí por allí en búsqueda de tesoros escondidos, pueblecillos remotos, o crías de koalas entre los eucaliptos. Se nos hizo raro al cabo de un rato, el ver tantos eucaliptos por todas partes. Ya descubrimos hará un par de años ahora la invasión silenciosa de Extremadura, Portugal y parte de Andalucía por estas especies australianas, de rápido crecimiento y alto rendimiento para la industria papelera. A parte de eso, sus órganos de reserva subterráneos y su gran adaptación a un amplio abanico climático lo hacen muy invasivo (a expensas de especies autóctonas), su hojarasca, si no es directamente tóxica para las plantas que crecen alrededor, modifica las propriedades físicas y químicas del suelo, su madera es de pésima calidad para trabajar o quemar y su efecto tanto en el paisaje como sobre la biodiversidad de los ecosistemas europeos es terrible. Wikipedia nos dice que "un bosque de eucaliptos de 15 unos años contiene menos de la mitad de especies vegetales distintas que uno de encinas o de castaños de la misma edad"... No obstante, en varias zonas de África donde se plantó para sus propiedades como repelente de insectos, el eucalipto tuvo un impacto muy positivo en zonas de malaria endémica, al secar en unos pocos años las marismas donde se reproducían los mosquitos... Eso para intentar cerrar el párrafo eucalipto con una nota positiva! Pero la verdad es que los hay por todas partes, desde Aguilar del Campoo hasta la linea de costa, y desde los prados de picos de Europa, cerca de mil metros de altura, hasta los parques de Donostia, con los pies en la playa. Si bien el árbol en sí no es feo, su omnipresencia como la uniformidad de sus oscuros y densos bosques acaba dando algo de mal rollo, como cuando te quieres bañar en verano y el mar esta lleno de medusas.

modernismo y decadencia en Llanes...
En fin... Caminando entre vacas y acantilados, descubrimos los excéntricos inventos de la oscura roca caliza costera: las numerosas grietas y cuevas formadas por la erosión y el ataque de las olas, terminan creando unos fenómenos naturales espectaculares. A una distancia respectable de los acantilados y del furor de las olas, uno encuentra al azar unas pacificas playas interiores escondidas detrás de los acantilados, con arena fina y oleada suave. Luego se cruza inesperadamente con los bufones, unas chimeneas que suben del nivel del mar y donde el aire comprimido por la olas y cargado de sal sale disparado con un ruido parecido al de un avión despegando... Dicen que en los días de mucha mar, los bufones no escupen sólo aire sino también agua, convirtiéndose en geysers al estilo islándico. Bordeamos la costa asturiana hasta Llanes, pequeña ciudad donde las casitas de pescadores restauradas alternan con torres modernistas abandonadas y a punto de caer(se). Compramos pan, tomates y queso de Cabrales, y dejamos la costa para adentrarnos en el Parque Natural de Picos de Europa, cuyas cumbres nos llamaban a gritos desde el día anterior... En tan sólo 40 minutos de coche, uno cambia de mundo, de ambiente, de chip. Uno pasa sin apenas transición - del mejillón al conejo (perdón, del mar a la montaña). Y aquí, es donde me quedo corto. No tengo palabras. Usando las de otro: me gusta la montaña, me gustas tú. Me encantan las rocas, las paredes, las cimas, los picos, los ríos y las cabañas de pastor. Me flipa y me hace feliz patear e incluso trepar por allí arriba. Pero eso... Hay algo en Picos de Europa que no hay en otros lugares. Algo pasa con el aire, o con la luz, o con la presión atmosférica. O había mescalina en el queso de Cabrales o yo qué sé? Es espectacular. Es sublime. Es espectacublime.

el Naranjo de Bulnes, el naranjo de Bulnes, el naranjo de Bulnes, el naranjo de Bul...
Estuvimos un rato por allí arriba, en una aldea de 3 casas cuyo nombre no recuerdo, esperando un espacio entre las nubes para saludar al Naranjo de Bulnes, que al final nos obsequió una breve aparición. Salieron el sol, el arco iris, la niebla y la lluvia otra vez, luego se volvió a tapar todo y la tarde se dio por acabada sin siquiera avisarnos. Volvimos a P. para cenar con J., su mujer y su hijo A. Charlamos un rato y a la mañana siguiente, acompañamos a P. a su escuela para explicarles a sus alumnos nuestro trabajo de veterinarios sanitariorurales en Iparralde. Momento divertido de pujas infantiles cuando mencionamos que trabajábamos con ovejas y vacas: se levantó una manita: "-sí? -mi papá tiene 2 vacas. -Ah, muy bien". Pronto se levantó otra manita "-Pues mis abuelos tienen 5 vacas y un burro. -Fantástico!". De repente se levantó otra manita "Pues en mi casa, hay 11 vacas, y conejos, y cabras y 3 gatos. Vaya!". Silencio respetuoso hasta que se levantó otra manita "Pues mi papá tiene 3000 vacas!". Toma! Fin de las pujas, sonrisas entendidas del maestro y de los veterinarios. Nada más salir de la escuela volvimos corriendo hacia los Picos, a caminar un poco al sol, a tocar nieve, a respirar aire fresco y a terminar el pan y el Cabrales antes de emprender el camino de vuelta. El queso de Cabrales, no lo quieres dejar en tu coche demasiado rato, es mejor comérselo rápido...
cabañas pastorales de verano por las montañas de Sotres: nos arreglábamos una y nos quedábamos!
Volvimos por la costa buscando unas carreteras pequeñitas, nos perdimos un poco pasado Guernica, con la luz de la reserva de gasolina encendida y disfrutamos la puesta del sol en el océano con un festival de rosas y lilas. Anunciaban otro temporal en todo el Golfo, así que nos dimos un poco de prisa y llegamos cansados a la clínica para esperar a M., G. y la pequeña Lele para otro fin de semana de comer, beber y charlar. Hubo ganas e intentos de salir a pasear pero la lluvia, la nieve y el viento se encargaron de mandarnos de vuelta al lado del hogar, sino con Armagnac, pues con Patxaran. Osasuna!

Thursday, February 27, 2014

Armas, dólmenes y hayedos

Cuando llega el fin de semana, y no nos tenemos que dedicar a maltratar el ganado para su bien, procuramos ir a tomar aire y adentrarnos un poco más lejos en lo verde vasco… Así pues, una linda mañana de febrero que no llovía a cántaros, cargamos bocadillo y cámara de fotos para cruzar el pequeño valle de Esterençuby, hasta las fuentes de la Nive y más allá...
Meseta y bosques de Irati, pescador de Truchas en el día de apertura y la Nive en sus fuentes.
La Nive nace entre unas rocas cubiertas de musgo, dibuja barranquitos en su camino valle abajo, refleja los puentes (romano, medieval y moderno) de Donibane-Garazi y, entre viñas de Irouleguy y prados con ovejas, desciende hasta Bayonne donde se encuentra con el Adour antes de desembocar en el océano. Todo esto, y mucho más, en tan sólo 80 kilómetros: la Nive es famosa por sus truchas que atraen aficionados de toda Europa, a principios de marzo, para la apertura oficial de la temporada de pesca… Se sirven salteadas en mantequilla, típicamente con una salsita de puerros y almendras. Riquísimas.
Dejamos atrás el restaurante "de las fuentes de la Nive" (el bien llamado) y emprendimos la subida por las empinadas caras norte de la selva de Irati, entre las hayas y las espesas cortinas de humo que, corridas por el viento, nos llenaban el coche de un olor a barbacoa… No se trataba de salvajes incendios, sino de uno los deportes nacionales por estas tierras y en estas épocas del año: el écobuage. Toda la vegetación que no se puede pastar - por incomestible-, ni se puede desbrozar - por la pendiente del terreno-, toda la zarza y el helecho seco, se queman después de la temporada de nieve y lluvias, antes de que vuelvan a crecer. Se consigue así limpiar parcelas de difícil acceso y abonar el suelo naturalmente (con ceniza). En fin...
erupciones volcánicas repentinas en Iparralde? no, es el arte pastoral del écobuage al salir del invierno...

Salimos a la meseta de Irati, no man's land pirenaico fronterizo, poblado sólo por caballos Pottock y ovejas Manech (las Latxas del otro lado), fantasmas de hadas y contrabandistas, complejos megalíticos olvidados y criaturas de la mitología vasca. Merece la pena mencionar las Eilalamiak, encantadoras y traviesas sirenas con pie de pato de los riachuelos de Irati, famosas por comerse a las ovejas o directamente a sus pastores, pero también por construir puentes y dólmens!

cabañita de caza a la paloma.

Hace años que nadie ve a una Eilalamiak, los cromlechs mueven menos turistas que el cercano camino de Santiago y los contrabandistas han sido reemplazados por las Bentas de la frontera, más económicas… Afortunadamente, acá y allá queda alguna cabaña de cazadores de palomas, como ésta. Irreal casa de la Baba-Yaga montada con cuatro tablas y escaleras de apaño en la copa de un roble centenario: imagen TimBurtonesca dibujada sobre el cielo… Mientras cruzamos el bosque, visitamos en silencio por las ruinas del imaginario local. Desfilaron hayas de troncos imponentes, helechos quemados por el invierno y crestas de caliza arropadas en un musgo verde profundo, espeso y húmedo.
Poco después de pasar el pequeño refugio de Azpegi, descubrimos las ruinas de la Fábrica de Armas de Orbaizeta. Unos días antes habíamos encontrado otra fábrica de Armas, un poco más al oeste: la de Eugi. La Real fábrica de Armas de Orbaizeta (1784) fue fundada unos años más tarde que la de Eugi (1766) con la idea de sustituirla en parte, a raíz del agotamiento de sus recursos forestales. Fue construida sobre antiguos talleres de ferrería medievales cedidos - junto con los montes colindantes - a la Corona (la construcción se logró con presiones y amenazas y engatusando a los habitantes de la zona con las supuestas ventajas que el progreso iba a traer; tanto fue así que a los seis años de instalarse la fábrica, empezaron las peticiones de reversión de los montes ocupados por el Estado y no se consiguieron resolver hasta un par de siglos más tarde). En aquel entonces, los numerosos frentes abiertos que tenía la Corona española en el mundo, especialmente en el Nuevo, suponían un consumo insaciable de balas de cañón…

La construcción de estas dos “Fábricas” significó la introducción de un nuevo enfoque importado de Francia: el de la modernidad ; conjuntos de diferentes dependencias destinadas a un único tipo de producción, diseñadas para ahorrar energía en todo el proceso y con los talleres separados del pueblo. La cercanía de yacimientos minerales, la abundancia de agua y de madera propiciaron su instalación en estos lugares.

Hayas centenarias de la Fábrica de Orbaizeta
De hecho, para optimizar los recursos de leña, los carboneros solían podar las impresionantes hayas de la zona a unos tres metros del suelo, obligándoles a formar muchas ramificaciones desde la base. Lograban así obtener no solo más madera que cortar cada año, sino también, ramas cuyo tamaño muy homogéneo facilitaba su almacenamiento y posterior uso en las carboneras y los hornos. A pesar de estas ventajas naturales, la localización del complejo era estratégicamente poco interesante: el transporte de las manufacturas a cualquier lugar desde allí era demasiado caro y la proximidad a la frontera lo hacía totalmente vulnerables a los intentos de asalto de los ejércitos franceses.

Estos complejos se organizaban en tres niveles: en la parte de arriba estaba el pueblo, las viviendas de los trabajadores, una iglesia, una posada, un palacio y un cuartel de vigilancia, hoy en día todos habitados por familias, sus perros y su ganado. Los talleres industriales ocupaban el nivel más bajo (hornos, limpieza y almacén de munición, etc.) y en medio había los depósitos de minerales y las carboneras. Un ingenioso sistema conectaba directamente carboneras y almacenes de con la boca de los hornos a través de unas plataformas aéreas. Las carboneras y los depósitos separados de los hornos y fuegos por el curso del río Legarzia, que atraviesa y divide todo el complejo arquitectónico, corriendo debajo de una serie de arcadas.  Bueno, en realidad hace falta bastante imaginación para divisar in situ el funcionamiento de la fábrica, la maleza se ha apoderado de este lugar!

Vista desde el nivel del pueblo

Arcadas sobre el río Legarzia

Planos de la Fábrica de Orbaizeta,
(de Aurora Rabanal Yus)
En 1794, la guerra trajo consigo a las tropas francesas y la fábrica de Eugi fue desmantelada. La de Orbaizeta sobrevivió un siglo más, no sin sufrir frecuentes asedios y saqueos, hasta convertirse en uno de los centros de producción de armamento y municiones más importantes del norte de España.

Movidos por el hambre y por el frío, emprendimos el camino de vuelta y nos detuvimos en el impresionante Cromlech de Orgambide (que muchos pasan de largo sin siquiera verlo), antes de  llegar a la pintoresca cueva de Harpea y sus cabañas de trashumancia: un pliegue anticlinal muy bien conservado para sus 40 millones de años de edad. El lugar perfecto para una pequeña foto souvenir. Subimos y bajamos otra vez estos abandonados valles, saludando nuevamente en silencio a los Pottocks, los fantasmas de contrabandistas, las piedras milenarias y las Eilalamiaks, dormidas y dormidos entre el musgo y el olvido…

Pico de Okabe a la izquierda, al fondo del valle (no se ve) está la cueva de Harpea

Saturday, December 21, 2013

escalando en Riglos...


...o la maldición de las bravas patatas
"El plan es que no hay plan. O apenas". Bueno, digamos que lo justo... Aun así, el equipo venía para Noviembre con ganas de escalar.

desde la R2 de Mosquitos, el pueblo y las numerosas cordadas.

Y a lo mejor, aunque solo se trate de una mitad del equipo, con ciertas expectativas. De estas – relativamente peligrosas al final – que te hacen pensar de antemano que hará buen tiempo, solecito calentito pero con aire, para poder escalar y disfrutar a todas horas del día sin tener que enfrentarte con la realidad de que al fin y al cabo es invierno. je je! Uno se lo guisa y luego, pues, se lo come...


Ya se habló - o se hablará en próximo post, o tal vez no - de las circunstancias meteorológicas en el Montsant y del estratégico repliegue (despliegue? re-despliegue? re-que-te-despliegue-che?) hacia Aragón y la casita encantada de M., M.-C. y el peque U.... Llegamos pasados por agua y un poco desesperados por los días en el Montsant, a mirar la lluvia por la ventana de la furgo. A cruzarnos en las 3 calles y los 2 bares de Cornudella con escaladores mojados, la mirada ausente y una sensación de compartir todos este mismo hormigueo en las piernas, como el Border Collie que mira por la ventana del C15 el rebaño de ovejas corriendo por allí, sin que le dejen salir a por ellas. Así que al final compramos una garrafa de 5 litros de vino D.O. Montsant, fuimos a casa de M. y no marchamos de allí hasta haberlo bebido todo. Asombroso lo poco que nos duró. Estuvimos allí unos días, disfrutando de la linda compañía, la calma y las vistas al Pirineo aragonés. Con el Monte Perdido y el Posets blanquísimos y serenos reinando en el fondo del patio.
Selgua y las vistas al Pirineo desde el patio: espectaculares!
Eso sí, en Selgua casi te olvidas de que estas a unos grados bajo cero y a finales de noviembre: a las 6 de la tarde, como si fuese agosto, aun te asaltan los mosquitos! Procuramos implicarnos en la vida domestica de la casita, aplicando a la letra el viejo dicho: "si no puedes ayudar, molesta: lo importante es participar". Cocinamos, hicimos alguna que otra obra, manualidades varias de las que ya se hablará en breve, con fotos y no sin cierto orgullo y fuimos con M. - que tenía tanto mono como nosotros - a escalar deportiva en Olvena. Se trata de un pequeño sector bastante confidencial con orientación al sur, a unos 20km de casa y una gran, pero muy gran, ventaja: la aproximación es bien cortita! Una vez aparcas, puedes asegurar al escalador prácticamente sin moverte del asiento. Desde las 10 de la mañana el sol calienta la roca y las poco más de 20 vías del sector, todas entre 6a y 7a+, nos dan para calentar, apretar, sufrir, cansarnos y rematarnos. En 4 sesiones quedo el sector limpio, solo faltando 2 por encadenar. Aun así, y mas aun con el cuerpo re-acostumbrándose de a poco a trepar por la roca, algo de ganas había de hacer larga. Aprovechamos el buen tiempo para escaparnos un poco más al Oeste, hacia Huesca, Ayerbe y finalmente Riglos. Llegamos allá Riglos de noche, para cenar y dormir, así que tuvimos el placer de descubrir las siluetas de los Mallos al salir de la furgo a la mañana siguiente.
desayunando en Riglos, con frío pero con vistas!
Abrimo un ojo, tomamo un cafecico con galletas, mientras el sol nos fue descubriendo poco a poco sus siluetas, calentando lentamente roca, aire y cuerpos. Luego, paseamos por el pueblo y las afueras, entramos al refugio para tomar algo y ojear las reseñas en búsqueda de alguna cosilla fácil y segura para los próximos días. Y ya que enchufábamos el ordenador y nos tirábamos 3 horas leyendo la guía, se nos ocurrió pedir patatas bravas pa' picar... Error que pagamos bien caro cuando, a los 40 minutos, nada mas entrar en la furgo, nos agarró un dolor de barriga con nausea que no nos dejó hasta la mañana siguiente para Eila y hasta pasadas 24 horas para mí. Black-out de un día, en el que no salimos prácticamente de la cama.

No insistiré demasiado con el tema vómitos y fiebre, ni sobre la conversación que Wallis tuvo con los del Refu: no es plan de darles mala publicidad… Pero una vez acabada la peli "Las bravas asesinas o el ataque del aceite de motor y de la mayonesa muerta", salimos pálidos y con frío a probar una vía cortita y fácil al Mallo colorado: Carla, V+, 135m. El principal y mayor reto fue controlar nuestros intestinos durante 4 largos, y disfrutar de la escalada a pesar de cerito grado de... tensión.
la Visera (a la izquierda) y el Mallo colorado (en le centro).



Por lo demás, una vía sencilla y agradable, mucho canto y unas vistas hermosas a los hermanos mallo-res! Ja ja ja (y a patentar el juego de palabras ya!). Al acabar la vía, nos dimos el paseo conocido como El camino del cielo, que rodea los Mallos grandes y vuelve al pueblo por el hermoso Circo de verano. Fue un bonito día para recuperarnos, tomar el sol y descubrir la escalada local.


Tal vez nos tendríamos que haber quedado con esto, y no probar la suerte nuevamente. El diablo sabe más por viejo que por sabio, dicen. También recuerdo que se solía decir en mi familia, cuando mis abuelos: "le mieux est l'ennemi du bien". Algo como "mejor es enemigo de bien". Pero llegamos al pueblo y entramos al Refu otra vez, para buscar una vía para el día siguiente.

la pared central desde el pueblo de Riglos.
Enchufamos el ordenador, pedimos dos aguas con gas y la guía de reseñas. Nos sentimos culpables y abusones otra vez, así que al cabo de un rato, decidimos "darles una segunda oportunidad". Sí, lo sé. Somos así de felices! Les pedimos 2 menús del día para cenar. Aquí puede sea útil decir que bajamos a -7°C las noches anteriores, que se duerme muy bien y se esta muy a gusto en la furgo (y eso a pesar de los disturbios digestivos anteriormente mencionados), pero que aun así - y en nuestra defensa - estar una horita más en un local calentito, con estufa y comida preparada, es un lujo difícil de resistir. Entonces, nos dieron "patatas asesinas 2, el retorno", esta vez con miembros de pollo muerto nadando en aceite de motor. En cuanto a las patatas, pues iguales de mal descongeladas, iguales de bravas, iguales de bañadas en aceite de motor. Solo comimos el arroz de primero y el pollo que intentamos secar un poco con esponjitas de miga de pan. Hélàs! A las 2 horas, lo tuvimos que sacar todo... Otra vez? Pues si, otra vez. No se trata de andar por el mundo acusando al prójimo, pero algo pasa con el aceite de motor y/o con los congeladores del refugio de Riglos. Perdón por dejarlo aquí por escrito ; asumo que no tanta gente me lo leerá y que quien lo lea no lo tendrá en cuenta a la hora de entrar allí...

En fin…  
leave no trace: más que una regla, un estilo de vida...
Por suerte, el border collie hambriento de la furgo de al lado se lo pasó en grande comiendo y relamiendo todo lo que "dejamos" fuera durante la noche, así que con tan solo echar un poco a la mañana siguiente, el parking quedó inmaculado. Et hop!

09:30 - frío y mandra a pie de vía...
Allí estábamos: mañana del cuarto día, un frío tremendo, un buen viento de Norte y por primera vez, un día algo tapado. Subimos hasta el Mallo la Visera, cuyo desplome protege de la lluvia y cuyas vías tenían que estar bastante menos expuestas al viento que las del Mallo pisón (ya que teníamos pensada la normal al Puro). Nuestro nuevo objetivo entonces era la famosa Mosquitos, 6b, 250m. Una línea lógica que busca dos sistemas de fisuras y diedros, cruzando la pared de izquierda a derecha para finalmente escapar el desplome de la cima por la derecha y salir en la cima en 8 largos.

Es una vía hermosa, siempre con canto pero sostenida. y equipada pero sin exceso. Traducción: pasamos (un poco de) miedo! Eso sí, no se puede negar: hay canto. Pero por lo demás, este conglomerado parece que se te va a quedar en la mano a la primera, las chapas no alejan pero tampoco quedan cerca y hay un patio de la ostia!


la linea de Mosquitos: 6b, 250m.
La vía empieza con dos largos de V+ y 6a en fisuras que escupen para calentar los ante-brazos. Nada de otro mundo  pero algún que otro pasito u otra panzota  Luego, un par de largos muy fáciles, otro V+ y finalmente un sexto largo de 6a que sale de una fisura para pasar a una plaquita en lateral. Una serie de pasos que desploman, bien expuestos e impresionantes, para llegar a un pedazo de repisa llamada el Trono. Aquí, caer no es una opción - menos que nunca. Este largo, sí que me dio iuiu... Desde el Trono, si no se quiere escapar por un rapel cortito y una grimpada de III+, sale el largo de 6b. el peor 6b que haya visto hasta la fecha. Corto pero bastante horrible, bien protegido pero bien bien cerdo.

Pequeño gran momento de desesperación para chapar la ultima antes de la reunión. Tuve que sacar una vaga pa subir el pie, tirar de todo lo que encontré, los brazos petaos, volando 3 veces para poder chapar y salir del largo! Por suerte, nadie me vio, solo se escucharon gritos y se asustaron un par o tres de buitres. De allí, salida fácil a la cima, donde nos esperaba el viento del Norte, con toda la mala ostia que había ido acumulando a lo largo del día. Nos valió una bajada épica y algo errática por el Circo de Verano, casi casi inventamos la "Directísima al pueblo sin pasar por el camino". Por suerte, los 2 montañeros que llevamos dentro hicieron una gran labor de navegación off-road y llegamos sanos y salvos, eso si con la puesta del sol! En resumen, mucho optimismo para un día de convalecencia y una aventura con A mayúscula. Pa' repetir con un poco más de pila, pero dentro de un rato.

Wallis en la R7, con las bonitas vistas…
En otras palabras: nada mas llegar al parking cogimos la furgo y nos fuimos para Loarre a regatear una ducha en el camping, cocinar pasta rica con sofrito de tomate y atúng de lata - de estas que te saben a gloria - y dormir al lado del castillo. Eso fue un sábado, día 30 de noviembre. Y con esto terminó nuestro primer mes en la carretera. Lo que ocurrió antes seguramente vendrá después, mientras vayamos sacando fotos y recuerdos del gran baúl. Estamos muy bien, hoy en el sur de Francia en casa de mi hermana y queda mucho por contar hasta llegar al aquí y al ahora. Entonces, continuará…



Allez, un par de fotos más pa terminar:


1- Una primera chapa bastante “original” para empezar el segundo largo: nada mejor para dar buen rollete y tomarle confianza al terreno. Y eso que el siguiente parabolt no esta muy lejos, pero tampoco muy cerca. Je je je!


2- El penúltimo largo (el famoso 6b cerdo) visto desde el Trono y la sexta reunión. Arriba de todo se ve la pareja de vascos saliendo del desplome final de "Zulu demente", 7a+. En el Trono, antes de atacar, un graffiti dice algo como "desde aquí, suerte troncos!"...