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Thursday, August 18, 2016

anuncios del corazón: "paradisíaca isla lacustre...


...busca modelo turístico respetuoso y consciente"

Tras una noche corta pero reparadora, amaneció (¡que no fue poco!) sobre el pequeño patio de la no menos pequeña pensión Maverick Hostel, en la barrosa orilla del río Ushakovka. Nos había costado bastante llegar allí desde la estación, superando retos inhumanos, timos cajeríles, asaltos piltraferos, autobusismos nocturnos y fins i tot engaños oscuro-callejoníles... Después de los miles de kilómetros del nuestro primer tramo de Transsiberiano (leed aquí y en británico el correspondiente relato, succionándoos, si hace falta, los enrojecidos pulgares*), no hubo nada que pudiese con nuestra voluntad de conseguir una ducha caliente y una cama de matrimonio. Que aquellas vinieran con wifi y desayuno incluidos fue todo un regalazo ya que, si bien uno va aprendiendo a conformarse - o no - con lo imprescindible, siempre se agradece la superflua e inesperada guindilla cuando te la ponen sobre el pastel. O en el guiso, mejor. O en un pinxo de bacalao. En fin, ya saben.

el lindo patio del albergue y el río Ushakovka allí entre los arbustos.
En dicho pequeño patio, a parte de algo de barro y la tienda de unos chavales franceses que en breve ibamos a conocer, se hallaba un supuesto 'punto de recogida' del minibús con rumbo a la isla de Ольхо́нo (Olkhon). Sabiéndolo y habiendo semanas atrás reservado nuestros asientos en el minibús del día, disfrutábamos pues del desayuno y del momento presente, ya que eran las 08:50 y el mail de confirmación recibido el día anterior nos invitaba a estar preparados para "entre las 9 y las 9 y media". Junto con el café con leche, sorbíamos con gusto la inspiradora conversación de la pareja de chavales franceses, que acababan de cruzar Asia central en bicicleta. En 11 meses, se habían tragado a golpe de pedal y con un buen par de... Surlys: carreteras y pistas de Francia, Italia, los Balkanes y Grecia, Turquía, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazakstán y finalmente Rusia. Acababan de llegar a Irkutsk, desde donde volarían de vuelta "a casa" al día siguiente. Debían tener unos 25 años, se les veía sonrientes, tranquilos, enamorados y frescos. Como si este increíble hallazgo no fuera más que el hecho de ir haciendo, un día tras otro, algo que les hacía felices. Difícil no recordar la frase del Moitessier evocada ya en estas columnas, sobre la necesidad de "escuchar la vocecita interior porque sino, es el rebaño". Nos hubiera encantado compartir su blog, pero lo único que nos ofrecieron (¡y no fue poco!) fue reenviarnos los mails de viaje que habían escrito para su familia y amigos. Nos los quedamos, y si algún cicloturista quiere, les ponemos en contacto...

A las 09:00 en punto (como bien se sabe tenemos pequeñas manías con la logística), le pedimos a la jefa del albergue que llamara a la compañía del minibus para averiguar que estaba todo bien. Nos dijo que no hacía falta, que ya vendrían. A las 09:20, reiteramos la demanda, así como a las 09:35, no sin haber leído cuatro veces el email de confirmación del día anterior y discutido un poco. Cuando finalmente, sobre las 09:45, se dignó en llamar, le tuvo que insistir un rato al chofer para que diera media vuelta y nos pasara a recoger, ya que se había olvidado. "This is Russia" fue su mejor (y lacónica) conclusión...
desde el minibús: algún suburbio siberiano bajo el sol, con su autobús local.
En fin, sobre las 10:00 subíamos en un minibús medio lleno ya y a las 10:20, tras haber recogido a un grupo de tres jovenes mochileros Rusos en una esquina cercana, paramos delante de un mercado de barrio por allí las afueras de Irkutsk. Fue allí cuando, por primera vez, nos empezamos a preocupar por el destino de nuestra excursión de cuatro días - y por el objeto de nuestras más ingenuas expectativas: delante del mercado, el baile de minibuses blancos iba acompasado con una coreografía de mochileros que entraban y salían, sacaban fajos de billetes de sus carteras y finalmente subían y bajaban su equipaje de las vacas de techo oxidadas. ¿Y si? pensamos entonces por primera vez... ¿Y si resulta que la Isla de Olkhon - paraíso virgen y desconocido, perla del lago Baikal, tesoro de la Siberia, reserva única de fauna y de flora, destino insólito y cuarta isla lacustre más grande del mundo - no es más que un infierno turístico masificado, donde van a parar todos los mochileros y viajeros roots que tienen cuatro días que matar mientras están en Irkutsk?

Acerca de la isla de Ольхо́нo, podríamos alinear cifras y datos, pero dejaremos que los interesados hagan una búsqueda en intenné y se queden con lo relevante. Por ejemplo: que tiene una superficie de unos 730 km cuadrados y que bien cerca de su costa está el punto más profundo del lago Baikal (más de 1600 m). Claro, también habría que decir que el Baikal es el lago más profundo, más antiguo y la segunda reserva de agua dulce del mundo; que es un santuario sagrado, cuyo nombre mágico estremece hasta al Pokemon más duro; que el mismísmo Pikachu lo venera; que tanto en Moscú como en el tren, nos hablaron mucho de nuestra mucha suerte y del mucho privilegio que era poder ir allí cuando tan pocos entre ellos podían... ¡Oh, la bella y lacustre, la pura y mí(s)tica, la secreta y gran Olkhon!

desde el minibús: frágil estepa siberiana, grises colinas y pista polvorienta.
Como el autobús del chiste, nuestro minibús iba lleno y a toda ostra, por una carretera bastante transitada que corría recta y determinada con rumbo al norte. Al cabo de una hora y media o así, el conductor se detuvo delante de un restaurante a la altura de un cruce, nos invitó a bajar y se fue a fumar un piticlín con otros cinco conductores de otros cinco minibuses que también iban llenos y al mismo sitio. Debían ser las 13:00 o casi cuando arrancamos nuevamente para coger - por nuestro mayor placer - la bifurcación de la derecha: una carretera menor que se salía del eje del ancho valle para atacar la falda de unas colinas semi-áridas. ¡Qué bien! nos dijimos sacando la cámara: detrás de estas colinas, está el lago. Peau de balle, dicen en Francia. Detrás de las colinas, como suele pasar, ¡otra cucharada de colinas! El tío seguía igual de rápido a pesar de los baches, donde podrían haber anidado colonias enteras de suricates; adelantaba tractores y remolques; utilizaba con frecuencia este "tercer carril de circulación imaginario", ubicado entre los dos habituales y característico de las carreteras asiáticas. Si nos quedaba una duda, él la acababa de zanjar: eso sí que era Asia. Cuando desapareció por completo el asfalto y empezaron a brotar atajos y sendas alternativas por en medio de la estepa, por las que zigzagueaban coches, minibuses y autocares en un frenético remake de Rápidos y furiosos, uno de nuestros compañeros de rally, un joven Chino con aires de buena familia empezó a soltar métano y oxido de azufre por allí abajo, con generosidad y sin complejos. Sus dos amigos sacaron sin vergüenza unas mascarillas anti-gripe, se taparon la nariz con ellas y se quedaron tan anchos.
remake siberiano de Rápidos y furiosos: apreciarán el detalle del parabrisas!

Tras una eterna hora de asfixia, de sacudidas y de infierno de tránsitos (juego de palabra, ¡yei!), nuestro minibús alcanzó la orilla del lago y se colocó en una impresionante fila de vehículos. Podía haber allí unos veinte coches particulares, un par de autocares grandes y seis o siete minibuses más. Todos esperando para cruzar a Olkhon por un pequeño ferry oxidado, cuyas pintas hubieran hecho dudar hasta al mismo Arquímedes. El cálculo fue rápido (y furioso, ¡si!): a razón de cuatro coches y dos minibuses por ferry y al ritmo de dos ferrys por hora, si los autocares van solos o con un coche de remate, y si "un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, sale de él mojado", ¿cuánto tiempo nos tocará esperar aquí para cruzar a la tan cotizada isla de Olkhon? A ver, usted, en la tercera fila, ¿Sí? Me dice que, ¿cuántas? ¿Unas tres horas más o menos? Pues sí, caballero, efectivamente! Ahora bien: paisaje hermoso, vistas inmejorables al Baikal, playita donde mojar un pie u otro, parada nupcial de Phalacrocorax carbo sobre aguas plateadas, flora endémica psicodélica y un viento gélido para no adormecerse entre tanto estimulo estético... Además, ¿qué son tres horitas cuando uno está de viaje, de vacaciones, con vida y con rumbo al fin del mundo? Pues son precisamente una gran oportunidad de recordar al gran Ekhart T. y su gran sabiduría barat intemporal: "Che, si vos le preguntaras al cormorán qué hora es, ¿qué te pensás que te respondería el negro pelotudo?"**

Wallis en modo panorámicus Olkhonici; la lancha de Arquímedes tal cual; succulenta flora local; un cormorán recordándonos el poder del ahora.
En el ferry, todo muy bien: más vistas preciosas, más viento helado. Un trayecto cortito pero hasta eso se agradece al final, si consideras que un cuerpo total o parcialmente sumergido en un lago tan frío y profundo, seguramente no vuelve a aparecer nunca. Única falsa nota en la partitura olkhónica: cuanto más avanzaba el día, más se iba degradando el tiempo, y eso nos hacía mucha gracia, ya que pensábamos hacer vivac y conocíamos ya nuestro magnetismo excepcional por los diluvios, tormentas y lluvias torrenciales. El plan era llegar antes del anochecer a alguna playa tranquila, bonita y de aguas cristalinas ubicada a una hora y media al norte del pueblo de Khuzir, para pasar allí dos días a lo hippie, lejos de todo y en comunión con la naturaleza salvaje... Cuando el ferry nos descargó en el "muelle" de Olkhon, descubrimos con estupor la estación de taxis autóctonos, el punto verde de la isla, la parada de gua-guas locales y la magnitud del desastre: una fila de al menos ciento cincuenta coches particulares, para-golpes contra para-golpes, ocupaban el último kilómetro de pista, esperando para llegar al "muelle".

uno de los pocos puntos verdes de la isla: todo lo que no se quema, ¡se amontona!
Sus ocupantes, todos turistas Pokemons de la región, se querían ir antes de la noche y del último ferry, el de las 19:00 - nos dijo de inmediato nuestro piloto, en inglés macarrónico, que unos cuantos no podrían y tendrían que pernoctar en la isla, o bien en el coche, o bien regresando hasta algún hotel o pensión cercanos... Para pasar el rato, todos bebían cerveza y fumaban, con lo que este último kilómetro de carretera estaba adornado de una franja multicolor de colillas y latas que sin lugar a duda, se debe poder apreciar en las imágenes satélite del Google maps. Nos escapamos rápida y furiosamente, por unas pistas de tierra cada vez más precarias o haciendo directamente hors piste por la frágil estepa seca, echando polvo, eso sí, y dejándonos las suspensiones en el camino  - concretamente, la izquierda trasera, como apreciarán en la próxima imagen. Aunque solo había unos cuarenta kilómetros, entre el tiempo de "reparar" nuestra incidencia mecánica y el de ayudar a otra furgo en peor situación aún, ya eran casi las 19:00 (te venden un trayecto de unas 5 horas "de promedio") cuando pudimos bajarnos, recoger nuestros petates y salir hacia el norte, no sin haber llorado un poco ante el espectáculo... Con menos de 1500 residentes fijos (en su mayoría locales de etnia buriata) y probablemente el doble o más de turistas semanalmente durante la temporada alta (aunque no conseguimos cifras sino que evaluamos por la frecuentación de los ferrys), las pocas casas autóctonas se pierden y unden en un mar de chabolas cutres y bungalows mal montados, amontonados más que alineados, en cualquier lugar que no sea claramente una "calle", un riachuelo o un campo de fútbol.

pilotar al estilo rápido y furioso en pista de tierra tiene un precio...
Los carteles de guesthouses, información turística, visita a la cueva del shaman, bar de wifi o tour VIP en 4x4 ocupan la mayoría del campo visual y tapan con cierto arte las montañas de basura acumuladas entre los grupos de casas. Nos escapamos lo más rápido que pudimos, tirando a vista hacia el norte y la cercana orilla oeste, donde el lago forma el mar pequeño y donde todavía esperábamos alcanzar nuestra playa desierta. Tras una media hora de patear por la arena profunda de la playa y con el sol desaparecido ya desde hacía un buen rato, nos encontrábamos entre una multitud de tiendas colocadas bajo unos pinos altos. En el largo parquín que corría paralelo a la línea de los árboles, decenas y decenas de coches con música a tope, grupos de chavales sacando cervezas de neveras portatíles, bailando reggaetón ruso (si si, existe!) o golpeándose con colchones inflables y tirando colillas con mucho arte bien lejos de su propia zona de festejo. Nos rendimos no sin haber discutido un poco: nada personal, una sencilla mezcla de cansancio, hambre, frustración y tristeza, redirigida bajo la forma de una típica secuencia"¿Pero, qué coño hacemos aquí?", "¿Cómo coño no nos lo imaginamos?", "Yo si que lo llegué a pensar...", "¡Pero si fue tu idea!", "¿Qué?". En fin, nos rendimos, nos colocamos en un lugar despejado, montamos la mini-tienda para proteger las mochilas, preparamos nuestras fundas de bivác y los sacos, cocinamos una cena sencilla pero caliente en nuestra maravillosa Trangia (gracias U. y L. por este regalo que fue con nosotros hasta el fin del mundo) y nos dimos un paseico digestivo por la orilla del Baikal antes de meternos, bajo unas pocas estrellas y unas cuantas nubes, en los sacos. En pleno agosto en el lago Baikal, no te puedes meter dentro de la tienda y perderte el hotel de cuatro mil estrellas, como bien dice nuestro querido Albert Sans...
una de las pocas casas tradicionales de Khuzir; la calma antes de la tormenta; la costa oeste con vistas al "pequeño mar" .
Después de tres o cuatro horas, empezó a llover. Muy poco al principio pero pintaba mal. Con razón dicen que sabe mal el diablo por viejo que por diablo. Cambiamos de estrategia enseguida: guardamos las mochilas en las fundas de bivác, bien embutidas juntitas, y nos metimos en la mini-tienda. A los veinte minutos: diluvio! Cayó tanta agua y de gotas tan gordas que la tela de la tienda se nos dobló como si alguien estuviera sentado encima. Aguantamos un rato, un par de horas tal vez, sufriendo por las mochilas y notando como poco a poco, lenta pero seguramente, el interior de la tienda, las esterillas y los sacos se iban empapando. Pensar en vestirse, salir, desmontar y empacarlo todo, mojadísimos ya y bajo la luvia que no aflojaba, para caminar media hora o más hacia no se sabe donde, es jodido ya de por si. Pero llegarlo a hacer a eso de las cinco de la madrugada, ¡es muy jodido! Una hora después, okupábamos la terraza cubierta de un bar de wifi, colgando de las barandillas y del techo todas nuestras pertenencias y calentando agua para tomarnos un merecido nescafé con leche condensada: Como dice el guaperas este: ¿Nespresso: güat els'?

el centro de Khuzir: especulación, contaminación, erosión e inundación... 
Con la "salida" del sol sobre Khuzir, el panorama se volvió interesante: tumultuosos ríos de barro corrían entre las chabolas, llevándose la basura y la mierda hacia el lago. Tal y como "the sea refuses no river", el lago no rechazaba ningún desecho... Como Khuzir despertaba, el movimiento de taxis y gua-guas se hizo intenso y febríl, por la imposibilidad de moverse a pie. Ante el caos ambiente, pensamos en irnos YA, para no ser ni testigos, ni cómplices del desastre. Mucha gente tuvo la misma idea en las siguientes horas y la frágil infraestructura de la isla se colapsó. No hubo manera de subirse a un minibús, ni a un coche particular. Parecía que el concepto Bla-bla car aún no había llegado a estos confines siberianos. Fuimos a parar, esta vez sí, en la emblemática Guesthouse de Nikita (vean el siguiente párrafo) para pegarnos un "desayuno completo" e intentar así pensar con un poco de claridad. El porridge era asqueroso y ni habían encendido la estufa de leña. Al pensarlo, nos dimos cuenta que ya quedaban poquitos árboles en la isla... Con la ayuda remota y providencial de Marina, encontramos una pensión barata y cercana que nos aceptó sucios y empapados a las 10 de la mañana.


Colección verano 2016: Futuna, elegante y sexy.
(Paréntesis: Nikita Bencharov fue campeón de ping-pong, de badminton o algo del estilo. Al jubilarse, abrió aquí hará veinticinco años el primer albergue de Olkhon. Cuentan que con dos manos y mucha voluntad, levantó este imperio turístico del suelo para que sus con-ciudadanos de Khuzir dejasen de morirse de hambre y aburrimiento. Su guesthouse pasó de tener cuatro camas a tener diecisiete bungalows, dos comedores, una agencia de "guías", un bar "cultural" con "conciertos" y hasta "exposiciones" de "arte". Perdón por los guiones, es una manera cómoda de expresar mi desdén por escrito acerca de la oferta "cultural"... Alrededor de su complejo de chabolas cutres y mal ajustadas florecieron decenas de propuestas idénticas, similares y hasta peores, siempre respetando su absoluta e inédita falta de gusto, de sentido común y de visión a largo plazo. Hoy en día, todos en la isla lo veneran como un auténtico héroe por haber atraído a esta marabunta de guiris y haberles dado el pack llave-en-mano para destrozar un pequeño rincón de paraíso al gran estilo mochilero del sur de Tailandia. Siempre te encuentras a un entusiasta gilipollas para sentenciar: "A ver, tío, ha creado empleo y actividad económica". Pero nos preguntamos si a él, a veces, le deben entrar ganas - ante las consecuencias de su gran idea - de arrancarse los ojos como el viejo Edipo en su tiempo. Personalmente, no tuvimos la oportunidad de planteárselo personalmente. Fin del paréntesis)


Una vez pagada la habitación e instalado nuestro pequeño campamento (vean la foto de abajo: una estufita eléctrica enchufada las 24 horas del día, unos cordinos engachados a lo bestia entre las maderas del bungalow, evitando cuidadosamente las fugas de lluvia chorreando desde el techo y TODO nuestro equipaje colgando), descubrimos que 1- no había ducha en este lugar, sino tan solo una pica exterior a la intemperie y 2- el concepto de letrina por estas tierras daba al mismo tiempo pena y terror. No es que nos fascine el caca, pero en buenos excursionistas concienciados, esta cuestión de dónde y cómo hay que dejar sus heces sin dejar su huella, la tenemos presente y estudiada. Por aquí: na' de na'. Y pudimos luego averiguar que era lo mismo en unos cuantos otros sitios de la zona. Resulta que en Olkhon, no hay clavegueram, no hay filtración, no hay depuradora. No hay ni siquiera propuestas de fito-depuración hippy con cañas, carbón, roca volcánica o bambús. Nada de nada de nada. No ha llegado aquí el váter seco con serrín o paja. Las letrinas son agujeros en el suelo - a secas - de unos tres metros de profundidad, con una tarima y una cabañita encima. Encuentras una cerca de cada grupo de dos o tres bungalows y por las zonas de acampada, hay una cada cincuenta metros más o menos. ¿Cuántos turistas a la semana calculamos? ¿3000? ¿5000?

mientras tanto en la penumbra parda de la pequeña alcoba, Wallis soplaba la ropa para secarla tooooda...
Al margen de la infiltración por el suelo en días "normales" y de la falta evidente de fibra en la mezcla final (además por lo visto -o mejor dicho, por lo olido- el Pokemon come mucha proteína animal (pescado principalmente) y el balance está muy a favor del nitrógeno...), en estos días de diluvio, estaban las letrinas literalmente desbordándose por todas partes. De repente, empezamos a ver los ríos de barro mencionados antes con ojos nuevos. ¡Rieras diarreicas! Sin duda una de las grandes calamidades del apocalipsis... Y al final del camino, adónde va a parar toda esta caca? Directo al lago. ¡Muy bieeeen! Coliformes y parásitos; sobre infestación de la fauna; concentración en la cadena trófica; también exceso de nitrógeno; proliferación de micro-algas; eutrofización y desaparición de especies... Vale, no pasa nada porque al ser el lago más etc. del mundo, el factor de dilución es enorme... Ya. No. Como que no. Una polla. Eso es lo "orgánico". Queda sumarle, evidentemente, las toneladas de plástico, basura y latas que se tiran, se pudren o se queman; solventes, químicos y barnices para madera; aceite, gasolina y metal oxidado de los coches...

turistas pasados por agua, esperando un milagro en el "muelle".
El día siguiente sobre las 10:30, nos subíamos en un minibús con rumbo a Irkutsk. En el desayuno, charlamos con una pareja franco-argentina: estaban TAN decepcionados porque con la lluvia, se habían retrasado y se habían perdido la salida de su tour de la isla en barco. Les parecía genial la obra del gran Nikita "porque había creado un modelo económico para toda esta pobre gente". Ford! Tenían el avión en Irkutsk a las 21 esta misma noche para volver a España: su minibús salía a las 12. Ford! Se sorprendieron con nuestras caras de "¿pero sois idiotas o qué? ¿no lo veís que tardan siete horas para hacer le viaje con buen tiempo y hoy está to' colapsao y hay una debacle de coches por la pista e inundaciones por todas partes? Cuando les recomendamos que se metieran en el primer minibús que encontraran, nos preguntaron si nos parecía muy justo. ¿muy justo? ¿MUY JUSTO? Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de los cielos. Nosotros piramos, llorando y empapados otra vez por caminar quince minutos hasta la parada del minibús. La pista no solo está inundada sino que directamente se había deslizado por placas enteras. Rescatamos a una furgo encharcada.
Wallis pasada por agua, esperando un milagro en el "muelle".
Solo nos tocó esperar una hora en el "muelle" tras haber adelantado todos los coches particulares gracias a una prioridad cedida a los transportes en común. Fue una oportunidad de constatar que la lluvia había parado y que hasta se veía un poco de cielo azul a lo lejos. Cuando íbamos a bajar del ferry, el conductor de la furgo de delante se dió cuenta de que se le había encallado el freno delantero: imposible moverse. Ni un metro para que los demás vehículos pudieran salir... Empezaron a desmontar la rueda, las pastillas y el disco y todo esto del freno, sin poderlo soltar. Como se retrasaba mucho el ferry, al cabo de media hora o así, lo mandaron de vuelta a la otra orilla (la de la isla) para que el servicio pudiera seguir con el otro ferry (suelen ir dos alternando). Así que esperamos allí a que volviera nuestro ferry, ojala con el freno desbloqueado y nuestra furgo libre de irse. Efectivamente, nos recogió el tío después de una hora e intento recuperar el retraso acumulado. Pero los kilómetros sin asfaltar habían cambiado de aspecto con las lluvias torrenciales y fue muy difícil llegar al restaurante de carretera donde paramos otra vez para que el conductor repusiera calorías. Anochecía. Entramos en Irkutsk pasadas las 10.

justo lo que faltaba: avería grave en el ferry, coches bloqueados, colapso total.
Aún tuvo que dar mil vueltas para llegar al albergue nuestro, debido a la cantidad impresionante de calles inundadas y cortadas: aparentemente, no habían visto tanta agua en Irkutsk en más de veinte años... En las noticias, salían tíos felices yendo al trabajo en piragua. El "alma ruso"... Cuando la dueña de la pensión nos explicó a las once de la noche, tras cuatro días de vida a la intemperie sin acceso a una ducha, tras 11 horas de trayecto en una furgo fría, con ropa mojada y apestosa, con las mochilas empapadas, que no nos podíamos duchar porque la fosa séptica se estaba desbordando y no se podía echarle más agua hasta que viniera el camión-bomba al día siguiente, nos entraron ganas de llorar.
De verdad.

Fuimos a la cama con una costra de roña, con un cansancio acumulado en el cuerpo, con un frío en los huesos y - peor que todo - con una tristeza en el alma por el terrible desastre del que habíamos sido testigos en Olkhon, la perla del Baikal. ¿Cómo puede ser que la gente - y la gente, somos nosotros también, obviamente - haga y deje hacer semejantes barbaridades con el medio ambiente? ¿Cómo puede ser que el ánimo de lucro y la codicia cortoplazista nos vuelvan tan capullos? ¿Cómo es que aún estando allí en medio del sitio más virgen y precioso del mundo, haya pelotudos por decirte que el turismo alimenta el crecimiento económico? ¿Cómo es que los Pokemons se llenen la boca de su tesoro nacional, y permitan (o fomenten, directamente) que se haga esto? ¿Cómo se atreven un par de retrasados pos-modernos a quejarse porque por culpa del mal tiempo, se han perdido las vistas preciosas y el tour guiado VIP en 4x4? De repente, me acordé de la mujer italiana que estaba montando un pollo en la oficina turística, mientras yo canjeaba nuestros tickets de minibús, porque el guía le había cancelado su actividad de nadar en el Baikal; ella se tenía que ir hoy y daba igual que lloviera: había pagado para que un guía le llevara a nadar en el Baikal e iba a nadar en el Baikal porque necesitaba la foto para sus colegas, en Milano...

presentando los pequeños, ágiles, diversos y sexys minivans 4x4:100%, locales, 100% Pokemon, 100% chatarra y... ¡100% Olkhon!
Creo recordar que la última imagen que tuve antes de dormir, fue la de esta pareja franco-argentina y su "en serio tíos, ¿os parece muy justo?" y me dormí con una sonrisa. Tener un leve grado de obsesión por llegar a los sitios con tiempo, tiene sus ventajas.

Recuerdo perfectamente, en cambio, que la primera imagen que tuvimos al salir de la cama, fue la de una joven Pokemon enfundada en una toalla rosa, con su laaaaaarga melena negra goteando por el pasillo y dejando una estela de olor a acondicionador con karité, aceite de argán o alguna pijada bio de estas. ¿Y? ¿No quedamos en que no se podía usar la ducha? Ah, bueno, verán... Ella se va hoy, ahora viene su taxi a recogerle, así que le deje que exepcionalmente se pegara una duchita rápida. ¿Que perdón, que qué? En fin...

el lindo patio del albergue y el río Ushakovka salido de su cauce (¡comparen!)
En el día extra que nos tocó estar por Irkutsk, a parte de poner una maxi-lavadora, hacer la compra para el tramo Irkutsk-Vladivostok y saltar entre los charcos, tuvimos la suerte de conocer a (y pasar un buen rato con) J.-C., un mochilero que salió de Francia a pie y llegó hasta aquí, con la firme intención de ir mucho mas lejos. J.-C., sí que tiene blog, y os lo recomendamos si os apetece flipar un rato: ¡más salvaje, no se puede! A media mañana, llegaba el camión-bomba para chuparse la mierda de la fosa séptica. Cuando finalmente nos pudimos duchar, fue el placer más grande, el lujo más indecente y el privilegio más máximo del mundo. No se trataba de perder nuestro tren, y nos quedaba el tiempo justo para hacer las mochilas con todo limpito y seco, ponernos una muda nueva - tibia aún de la secadora - y despedirnos de Begemoth, el gato del albergue que por lo visto nos quería acompañar. Paseando por Irkutsk en autobus, decidimos bajarnos antes de cruzar el puente que lleva a la estación, para disfrutar de la bonita luz, de las vistas al río, enorme tras las lluvias de las días anteriores, y movernos un poco antes de pasar otros tres días en el Transsiberiano... A pesar de las mochilas enormes, el carrito de la comida y todo, disfrutamos de un largo paseo por el centro de Irkutsk: casas modernistas siberianas - no tan distintas de las que conocíamos; nuevos ricos con su MIG aparcado en el patio de casa; autobuses y casas destartalados; y finalmente el hermoso e imponente puente sobre el río Ангара́, bien ancho ya en este punto. De allí se veía perfectamente la estación y las siluetas minúsculas de los trenes. Nos quedaba una buena hora y tardaríamos quince minutos como mucho para cruzar y llegar al andén. Todo controlado. ¿Todo?

¿Qué os apostáis?

Begemoth el gato, en un gran nuúmero de seducción; tesoros modernistas de Irkutsk; algunos van al curro en moto, otros... molan. 
Mientras alcanzábamos las escaleras de piedra maciza al pie del puente, hubo un ruido ensordecedor. La cortina de lluvia que llegaba del oeste cavalgaba tan rápida hacia nosotros sobre el Angará que una onda de choque corría por delante y nos golpeó. A media escalera, vimos como la ciudad ya desaparecía y se fundía en una masa gris uniforme. Correr no tenía sentido, tal y como no lo tuvo buscar un refugio: en menos de un minuto, todo lo que llevábamos, todo lo que eramos, estaba empadado. Sacos, móvil, ropa, comida, billetes, zapatos, esterillas, libros, pasaportes, portatil, tienda y carrito. Chorreaban las mochilas sobre los pantalones y los pantalones dentro de las botas.

el puente sobre el ancho río Angará, la hermosa calma antes de la tormenta.
Cruzar el puente, con la ropa pegada al cuerpo, con el agua fría en la piel, con los cubos de agua que levantaban los coches, con los pies hundidos en charcos que se esparcían y buscaban con furia la barandilla, para luego abalanzarse al río en cataratas, fue una experiencia sensorial muy intensa. Casi mística. No había ni estrés, ni rabia, ni desesperación: solo la resignación llevada hasta el trance. Era tal la magnitud del diluvio que no podíamos pensar ni expresar nada. Eramos agua. Eramos toda la lluvia del cielo. Si el cuerpo humano está compuesto al 75% de agua, en este preciso instante, rondábamos los 90, sin lugar a duda. Si el mono erguido, desnudo y civilizado logra alcanzar, en escasos momentos, la comunión más perfecta, la fusión más total, con la naturaleza, con la esencia misma del universo, creo pues que es en momentos como esto que vivíamos en el puente: cuando aquello nos envuelve con tal fuerza que todo lo que no es puramente sensorial, se desvanece y apaga. Momento de gracia. Lo más curioso, quizás, fue que nada más entrar en la explanada delante de la estación, la lluvia paró. Tal y como había venido, se fue. Su carrera enloquecida la llevaba hacia el Baikal, donde tanto tenía por lavar, purificar y diluir... A nosotros también, nos dejó lavados, purificados y diluidos. Al sentarnos en un banco del gran recibidor de la estación, a unos pocos metros del cajero donde empezaron nuestras aventuras en Irkutsk, nos dio la sensación de no haber vivido estos cuatro días. Empapados igual, agotados igual, mugrientes igual, pero tan absolutamente nuevos e inmaculados que fue como si nunca hubieramos estado allí... La calefacción infernal de la estación nos ayudó a entrar en calor y cuando el 002 se detuvo en el andén, ya eramos nuevas personas. Unas personas ni mejores ni peores que las que bajaron de otro 002 unos días antes, pero unas personas determinadas a no ser más complices silenciosas de asesinatos como el de Olkhon...

après la pluie es un precioso disco de Daniel Mille, que capta esos colores brillantes, ese olor a tierra, esa paz mágica, justo después...
Muchas ONGs rusas e internacionales luchan para denunciar la catástrofe ecológica perpetrada en el Baikal, para pedir que se respete y proteja el lago más antiguo del mundo, su reserva de agua dulce y su increíble riqueza biológica. Y es un lugar entre mil otros, cuyo equilibrio está amenazado o destruido ya: en Indonesia y en Latino-América arde la selva primaria. En Canada y EEUU, el fraccionamiento hidráulico y las arenas bituminosas envenenan el subsuelo y los acuíferos. En muchos países africanos, la caza de tierras raras y metales preciosos arma genocidios y provoca desastres medioambientales. No pretendemos que sea fácil, pero el primer paso es negarse a ser cómplices un día más.


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* Vil alusión en forma de mofa a una novela de éxito de Amy Tan, sobre la diaspora china en los EEUU, cuya traducción al castellano para la edición de bolsillo lucía, además del mediocre guión original, unas  pequeñas joyas taladas como esta...

** Para quién todavía no haya leído el mítico best-seller de la auto-ayuda tendencia sopa oriental cuántica, hay dos respuestas a la pregunta "¿qué hora es?": según el autor, el pajarraco te contesta "¡es ahora, tío!", porque no hay otro momento que ahora. En mi opinión, si te contesta el pajarraco, lo más probable es que te diga: "¡Gnieeeeeeeek!".


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20 centavos el kilo

Nuestra sección especial (hashtag 20 francs le kilo) para los fans de cuentas, los estresaos del presupuesto (apretao!) y aquellos que sentirían curiosidad - o envidia, directamente - por viajar sin avión... Encontrarán aquí, pues, y en este orden: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad (redondeada, sin comas y con alguna que otra omisión menor y fortuita, hay que confesar). Pero a grandes rasgos, eso es lo que hay :

 - Irkutsk-Olkhon (en minibús rápido y furioso, billetes reservados por email al albergue Nikita's Guesthouse de Khuzir, en el que NO dormimos): 11 eurospor trayecto (300 km) y por persona, al cambio actual del rublo. El ferry está incluido. Total: 52 euros la ida y vuelta para dos, añadiéndole un par de samosas en el bar de carretera a la ida y a la vuelta.

O sea, unos 0,04 euros (4 céntimos) por km y por persona; eso sí: arriesgando bastante, por un lado y por otro, teniendo un impacto que no queremos volver a tener, allí o donde sea...


Saturday, July 9, 2016

Hortraveling! s02e04 "voilà, c'est fining..."

"on va pas s'dire au revoir, comm' sur le quai d'une gare" - J.-L. Aubert



un pie de Cynara scolymus, un año y medio, tres alcachofas pero ¡Ford, que ricas!
"Fue entonces cuando decidimos avisar a la propietaria, poner nuestras cosas en cajas y llevarlas a unos amigos queridos para que nos las guarden, fer dues motxiles i un farcell, dejar el piso e irnos a dar una vuelta hasta donde llegásemos. ¡Y lo haremos! Bueno, estamos en ello... Mientras hablamos de ello, ya queda menos. Miren: las obligaciones y el alquiler del piso se acabarán en algún momento entre principios y mitad de julio, las cosas encontrarán su lugar en casas ajenas en el mismo plazo de tiempo (¡por cajones!) y las mochilas estarán en nuestras espaldas por el día 20 del 07. Ya es oficial la fecha, así que se la pueden apuntar en rojo subrayado en las libretas. En resumen: pues, poco más, la verdad. Fueron dos meses de mucho sol y mucha lluvia, algo de escalada y sobre todo mucho trabajo... Dos meses de poco huerto, pero dos meses de avanzar mucho - a pesar de los pesares - con estos planes nuestros de evasión, de mochileo y de fin del mundo..."

Eso es: de repente, fue junio y poco después, nos pilló julio algo desprevenidos. Lo que ayer aún se podía recoger, freír con ajo y comer tibio con una ensalada de tomate, de repente se hizo mayor, como para dejarnos claro que se nos había pasado el arroz. Hermosa flor, eso sí. Pero si cuentas que, de las cuatro alcachofas que nos dio el pie que plantamos en marzo del 2015, una se nos escapó: una de cuatro - como hay que remarcar para parecer listo en reuniones de trabajo, ¿o era al revés? - es un 25% de la cosecha que dejamos pasar. Pero también es la promesa de muchos más alcachoferos brotando y pululando por allí, para el máximo disfrute de los próximos inquilinos de la gendarmerie. Nosotros nos alegramos un montón para ellos, ya que no estaremos para recoger lo que quiera crecer en la temporada 2017. ¿O sí? Pero seguramente no. ¿Y quién sabe? Nosotros no, al menos... 

cuando tu propia alcachofa te está echando en cara que se te ha ido la primavera...
Entre currar desde casa, ir a Manchester (más curro), pasar por Barcelona (curro todavía) y volver a casa a acabar con el curro, preparar la mudanza, organizar la gran escaqueada y despedirnos de l'Ariège, entenderán que el proyecto hortraveling haya quedado un poco abajo en la lista de prioridades y de cosas para hacer antes del 20 de julio. Un día solo tiene 4 manos y nosotros 48 horas al día, o algo del palo - entre los dos, digo. De poco sirve, entonces, intentar darles información factual y útil acerca de un huerto del que no hemos podido ocuparnos en estas últimas semanas. Nos da entre vergüenza y pena, pero es lo que hay. Hubo días de soñar con tener tiempo, hubo días de sentirnos culpables por estos verdes brotes y tiernas frutas que abandonamos sin mirar atrás; hubo días de soñar con el próximo huerto, escuchando a la Buika y su triste, pero muy sabio "por eso muchacho no partas ahora, soñando el regreso"... Vale, ya está de fingir la culpabilidad. También (y sobre todo) hubo muchísima ilusión por lo que se avecina, así que sin darle más vueltas, les presentamos los protagonistas de nuestro verano, de nuestro otoño, de nuestro invierno y, si Ford quiere, de nuestra primavera también: los mochilotes Un(t)raveling, colección 2016-2017. Esta vez al final, nada de furgonetas, nada de casa rodante, nada de confort moderne ni de standing con motor de combustión interna. A pata nos vamos, al estilo caracol y con transporte público, eso sí.

1- la mochilita de Futuna:
el equipaje de Futuna, en plan "te lo muestro todo"; la ropa que falta por meter; el producto acabado pero con funda a parte.
Introducing, de izquierda a derecha y más o menos desde el fondo hacia delante: mini-tienda de campaña McKinley (Arium, "2" plazas, 1,1 kg), esterilla thermarest, plumas 4 temporadas McKinley (voy a pedir que me patrocinen!), mosquitera impregnada, cojín inflable* revestido con un buff para el cuello; funda de vivac prehistórica de cuando Wallis iba a la UEC y bolsita (con varios cargadores, frontal Tikka de Petzl, corta-uñas y cosas del estilo); mini-cámara de carretes Olympus mju II, tupper-farmaciola; maquinilla; bolsa para pasaporte y dinero; par de gafas de recambio (los miopes muy miopes lo entenderán); carrito ultra-ligero y plegable (encontrado en la calle en Barcelona dos semanas antes de irnos en plan "pídeselo al universo"; creemos que nos servirá para arrastrar cosas y cansarnos menos, tot i que será fácil de regalar si no sirve tanto como molesta...); bolsa para zapatos; sábana térmica Sea to summit; maravilloso kit de cocina Trangia (regalado por U. y L.); cuaderno de viaje hecho a mano por Wallis; UN libro para estos meses y estos muchos kilómetros (tenía que ser largo y díficil, por lo que elije "L'idée de justice" d'Amartya Sen, que se resistió ya a varios intentos); toalla de microfibra; camelback 2 litros; kitchen sink Sea to summit (otra vez!); candado y un cable antirrobo; cantimplora litro y medio; lampara de LEDs recargable con dinamo; bol y taza; botella termo de un litro; alcohol de quemar para la Trangia; fantástica funda cubre-mochila Ferrino que dio la vuelta al mundo varias veces entre mis viajes y los de amigos a quienes se la presté.

la bestia cargada y el carrito, implorando: "no me la pongas encima".
Todo esto dentro, encima y alrededor de una irrompible mochila Lowe Alpine (Apalachian 65+15 litros, no la hacen desde hace 10 años ya) que me ha acompañado a todos Laos... Ja ja! Importante comentario aquí: los links están aquí para hacer bonito. Que compren cosas o no, no ganaremos un duro y no queremos ganarlo tampoco: son productos que usamos, que hemos probado y comprabado, así que los podemos recomendar sin el más mínimo conflicto de interés. Solo falta la ropa: jaqueta impermeable; gorro de lana hecho por Wallis; pantalón grueso y otro ligero de estos tan elegantes con cremalleras que se hacen shorts (ambos de McKinley...); wind-stopper McKi... (¡madre mía!); mallas y bañador; camiseta térmica Odlo; 1 de manga larga de algodón; 2 de manga corta y 1 de tirantes; ropa interior mínima (4 pares de calcetines, 3 calconcillos, 1 par de calcetines gruesos para el frío) en bolsa de compresión; foro polar; 1 par de Keen y 1 par de botas ligeras Patagonia. La mochila completa debe pesar unos 12-13 kilos y eso que aún le faltan agua y comida para llegar a los 15-16 que supongo habrá que cargar de promedio. No encontramos balanza todavía para confirmarlo, pero es el peso típico que dice "Oh, no" cuando la levantas, pero una vez en la espalda, te resignas y caminas...

2- la de Wallis: apenas más razonable, lleva en el mismo orden (arriba-abajo e izquierda a derecha): bolsa de compresión para la ropa interior; desodorante; crema solar; mini-ducha solar xxs Sea to summit; toalla de microfibra; necessaire; tupper con jabón y champú sólido Lush; insecticida con DEET; banda Vettrap 3M (va bien para todo); frontal Tikka de Petzl (la irreemplazable); Opinel; brujula; cuaderno número 1; cantimplora 1 litro; esterilla Thermarest; mochila Millet 55+10 litros; la misma funda Ferrino, pero nueva; plumas 4 temporadas; manta térmica; funda de vivac Salewa; sábana interior Sea to summit; tupper-farmaciola; 1 rollo de papel de water; par de guantes; UN libro (¡tras una dura batalla y un no menos duro regateo! "Un adivino me dijo" de Tiziano Terzani); también cabe mencionar una hermosa libreta de viage (la número 2) hecha a mano y que está tan bien guardada que ni la veo en la foto.

el equipaje de Wallis en modo listo pa' empacar, en un piso listo pa' dejar.
Por lo demás, se lleva algo más de ropa (aunque al final muy poca) y se lo agradeceré cada vez que aparezca con una muda nueva por allí el fin del mundo; gorrombrero de fieltro y super châle regalado por la encantadora E.; jaqueta de montaña como Ford manda, larga y que abriga (regalo de la madre de nuestro querido M., por eso lleva el super-chulo "Secours Alpin Valdôtain" en el pecho); un par de sandalias ultra-ligeras Croc's y un par de botas ligeras LaSportiva (recuerdo de la Val di Fiemme: compradas en el Factory Outlet de allí las Dolomitas, están hechas en... RDPC! vaya vergüenza para la marca). Y casi me olvidaba: una mochila de día ultra-ligera Simond, que sabe desaparecer en un bolsillo y de la que el crack G. nos hizo tan bien la promoción que no pudimos no llevarnos una de prueba por allí... En cuanto al peso de todo esto, debe rondar los 10 kilos, o bien no llega o está por encima, justo justito. Lo que ya está bien para lo que las vamos a llevar cada día o casi... Modo caracol: ¡On! En el carrito se ajusta otra mochila pequeña Simond, más clásica, donde pondremos comida y agua, la compra del día, algunas cosas pesadas si las queremos arrastrar o abandonar en un locker room, etc. según necesitemos. Llevábamos semanas hablando de algún tipo de cosa con ruedas: tal vez el típico "trolley", equipaje de mano de avión para arrastrar (pero los odio con mi alma por el ruido que hacen ploploploplo y porque las ruedas suelen ser tan pequeñas que dejan de rodar a la primera de cambio y entonces se vuelca o se cae o se encalla. Aaargh! En ocasiones, llegamos a imaginar en voz alta el carrito ideal para podernos descargar peso de las respectivas y dolidas espaldas, de las características que debería tener, de cómo debería ser: metálico, ligero, plegable, con ruedas lo suficientemente grandes para aguantar carretera asfaltada, discreto, robusto... Y al llegar a Barcelona una tarde, tras aparcar por Guinardo, en uno de nuestro lugares secretos donde dejar el vehículo para largas estancias, bajando la calle más empinada de toda la ciudad condal, lo vimos: nos esperaba al lado de un contenedor de basura, entre un triciclo de plástico roto y una estantería Billy de Ikea. ¡El carrito perfecto! ¡El que veníamos soñando desde hacía semanas! Puede que lo abandonemos a los cuatro días, pero no podíamos NO llevárnoslo, está claro. ¡Venga!


la magnífica, hiper-práctica e inimitable Trangia regalada por U. y L.: desplegada, a medias, casi recogida y lista pa' guardar! 

Conclusión: hay planes de caminar, de hacer trekking o senderismo (como quieran llamarlo), planes de camping y vivac. También hay planes de encontrar algo de playa. Habrá un verano y un otoño por zonas temperadas y habrá también un invierno para el que, esperamos, ya habremos llegado a lugares de clima más tropical. Y sino, pues, pasaremos frío, compraremos jerseys de lana o espabilaremos. No está del todo claro el itinerario y si bien tenemos ya un par de visados, billetes y fechas definidos, queda mucho por inventar (así que ya veremos y compartiremos los más y los menos del equipaje, lo que faltó y - ¿sobre todo? - lo que sobró). Al fin y al cabo, es lo más divertido del viajar: hacerlo paso a paso y decidirlo sobre la marcha. Además, nuestra filosofía al empezar con Un(t)raveling era justamente eso: vivir el día a día donde y como sea, intentando mantener la misma mirada. Se trata de no separar la rutina del aquí: sedentarismo, trabajo, hogar, con la evasión del allá: viaje, vacaciones, ocio. Se trata de intentar vivir y recibir todo lo que se presenta como parte de un mismo recorrido; de un largo viaje que cada uno empezó hace algo más de 35 años y que empezamos juntos hará cinco ahora. Si quieren seguirlo, nosotros lo iremos compartiendo como compartimos desde el 2013: con días de sol y días de lluvia, en furgo, por el huerto o a pie, en inglés, en castellano y en francés (hasta que sepamos otro idioma para abrirnos al mundo...). Pero me estoy adelantando, ya que todavía estamos "en casa" por unos días, saboreando el verano ariégeois y soñando - mira que bien - ¡con vacaciones!

- ¿Soñando con qué? Pero: si acabas de decir que no se trata de vacaciones!
- Que ya lo sé. Bueno, solo era una manera de hablar...

las mochilas Un(t)raveling con sus fundas de conjunto, listas para emprender el camino - más listas que nosotros, incluso...

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* a los fans de upcycling y de recuperar cosas, les encantará saber que mi cojín inflable de furgo y de viaje es... la bolsa de plástico de un cubo de vino de 5 litros: dentro del cartón, hay esta vejiga de plástico con un grifo que es verdaderamente maravillosa: una vez bebido todo el vino, se enjuaga, lava y seca bien. Se puede usar con una funda o tela como cojín de viaje, no pesa nada y ocupa menos aún. Pero si hace falta, se puede llenar de agua en cualquier fuente o grifo y dar una reserva de agua potable de 5 litros, no muy cómoda de aguantar pero que no pierde y tiene un grifo muy práctico... eso sí: las primeras semanas, si la aflojas un poco antes de dormir, llena el aire de un olor a vino tinto que da gustito...

Monday, March 28, 2016

Hortraveling! s02e02 "Agarring the calçots by the horns and poning us the botas"


introduceando los calçots en su exclusiva y selecta versión "cara norte".
"Bueno, la cuestión es que los calçots acabaron siendo bonitos y maduros, y al final nos los tuvimos que comer, pero se nos acaba el capítulo de hoy y no queremos pasar con prisa las fotos, recetas y demás secretos de la primera y - hasta la fecha - única calçotada ariégeoise! Para despedirnos, pues, tan solo compartiremos otra ilusión que brotó por allí entre las coles, gracias al dominio de Wallis en el arte de la encuadernación: un par de Moleskine caseros, vírgenes y - evidentemente - todavía por estrenar. Como una invitación más a empacar, coger mochilas y desaparecer por un tiempo de las pantallas radar. Que se cuiden mucho, pronto volveremos con lo prometido y mucho más..."

Muy bien. Pues sin más demora, ya que no podemos seguir así prometiendo y generando expectativas que no terminan nunca de concretisarse... Y porque estamos ya en peligro de perder su atención si dejamos pasar más tiempo aguantando este insoportable suspence digno de una película del Hitchcock... Para los que llevan desde el anterior capítulo (y desde hace más de un mes, pues) esperando la receta de nuestra querida Martutxis a.k.a délicieuse Marta, a.k.a "la cocinera de tus mejores platos" (aquí el enlace hacia su delicioso blog de cocina), aquí por fin la tienen, en catalán y en detalles:
parte de la cosecha: los hay pequeñines ¡pero los hay hermosos!

SALSA CALÇOTS
(ingredients per a 10 persones)

100 grs d'ametlles torrades i pelades,
100 grs d'avellanes torrades i pelades,
uns 25 grs de pinyons,
1 torrada de pa remullada en vinagre
(millor suau, tipus vinagre de poma),
1 torrada, sense remullar de vinagre
(o 2- 3 galetes María),

2 ó 3 nyores escaldades,

1 bitxo (pebrot picant) petit escaldat,
1 cabeça d'alls escalivats,
2-3 tomàquets escalivats,
1 pebrot vermell escalivat
(o una llauneta de pebrot en conserva),

1/2 litre d'oli verge (de Siurana),

1 cullerada sopera de pebre vermell (paprika),
i 1 cullereta de cafè de sal.


Es barreja tot bé, pensant - amb estima - en els que la menjaràn. Com que tinc robot de cuina (ens confesa la Marta), el que faig és picar primer els fruits secs ben fins, i després vaig afegint els ingredients en l'ordre que figura a la recepta... Nota: és una salsa fàcil però laboriosa perque requereix temps; certs ingredients s'escaliven (al forn precalentat a 180º, uns 45 minuts) i es pelen. Per una altra banda, s'escalden en aigua bullint la nyora i el bitxo, i es treuen les llavors. Els fruits secs es piquen ben fins... Així que ja posats, en podem fer de més, perque és una salsa que es conserva molt bé. Aquí añadimos nosotros que siempre se puede preparar más cantidad, si no es para conservar o congelar (que averiguamos que eso también funciona bastante), pues que sea porque alguién se la zampará en cantidades industriales, huntada en el pan, o directamente: a cucharadas.

y en plan cercano: hay quien diría que a estos se les ve el pelo...
Je je je! Ya puestos a preparar, que se preparen cubos, ¡venga! Es verdad que el proceso es largo, que es más largo aún haciéndola a mano con un mortero, que es una labor... ¡laboriosa! y que quien la asume puede fácilmente llegar a creer que se merece zampársela en cantidades industriales, huntada en el pan o directamente: a cucharadas. Je je je! Ya puestos a preparar, que se preparen cubos, ¡venga! Qué curioso, todo eso me suena, doblemente... 

Una vez lista la salsa, tan solo nos queda preparar los calçots: quitándoles la tierra sin demasiado cuidado, ligándolos en trensas largas con un alambre y metiéndolos sino al fuego, al menos al horno bien bien caliente: la gracia de la cocción es que se queme la piel exterior y el resto se vaya haciendo à l'étouffée, o sea, al propio vapor que se genera y se queda atrapado por dentro hasta que el calçot esté a punto de deshacer solo. Ya saben como va después: se coge por la parte verde, se moja en la salsa y se come a lo salvaje, disfrutando todo lo que se pueda y reconociendo, si hubiera algún tipo de duda, que al fin y al cabo, los Catalanes han inventado cosas maravillosas*. Dimos de probar alguna muestra representativa a nuestros queridos Gee-Jay, a modo de merecida recompensa tras una salida de escalada en Génat o por allí. También los probamos en ensalada con vinagreta: muy ricos; en sopita façon vichyssoise: excelentes; en versión minimalista con huevos revueltos: riquísimos; también en papillote con pescado al curry: deliciosos; y hasta en risotto con setas y mucha (pero que mucha) mantequilla: ¡divinos!

dos estilos y dos escuelas, para un resultado no tan diferente como se esperarían - que los puritas nos perdonen...
La nuestra conclusión: consideramos el experimento como concluyente y declaramos el calçot apto para el clima ariégeois. O el clima ariégeois apto para el calçot, como quieran. También nos parece que mola de mil maneras, aunque hay que reconocer cierto efecto secundario recurrente e independiente del modo de preparación... hum... tiende a provocar con asombrosa regularidad y preocupante intensidad... verán... fermentación intestinal... y... ¿cómo decirlo sin que suene terrible? bueno, digamos que una tendencia en los consumidores a padecer y consecuentemente sufrir eso que llaman "hinchazón". en otra palabra, unas sónoras y explosivas crisis de distensión abdominal. O sea, unos tremendísimos ataques de... ya saben... en fin: gases. Nada que justifique desaconsejar su cultivo, preparación y consumo, evidentemente. Pero a lo mejor quieren saberlo antes de lanzarse... Voilà.

Y como las alegrías nunca llegan de una en una, junto con la cosecha de los calçots, llegaron nuestros amigos los Oxalis, cuya hibernación se acabo con los primeros días de sol. Pero también nos llegaron las fresas que pulularon y se multiplicaron gracias a una política agresiva y audaz de incentivos para los estolones: reducciones de impuestos, ventajas fiscales, parcelas de tierra gratis y hasta subvenciones para quitarle el puesto a las lechugas y las rúculas! De tres pies plantados el pasado mes de abril tenemos más de diez ahora. Y las fresas prometen. Bueno, mejor dicho: las flores prometen.

entre los estolones: un par de sacos de dormir xx-de pluma, un par de esterillas xx-cómodas
y un par de fundas de bivac xx-aislantes, para dormir donde haga falta.
Bueno, mejor dicho: como nos despistemos, los lagartos se van a poner las botas. Y finalmente, como bien habrán entendido ya que esta segunda temporada de Hortraveling tiene más que ver con plantar sueños y proyectos que verduras, les dejamos para hoy con otra promesa de aventuras exóticas y de cielos lejanos, que estuvimos cosechando últimamente. La cosa avanza, el momento se acerca, los planetas se alinean y ya queda menos. Todo esto se está gestando con su ritmo propio y tomándose su tiempo. ¿Aguantaremos hasta que llegue la hora? Y cuando llegue, ¿estaremos listos? Pues seguramente: el más largo viaje se hace al andar y no hay camino, sino una primera pisada. O algo del estilo: ya veremos...

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* y NO nos referimos aquí al submarino; ni al fútbol; ni al caga tío; ni a la tradición de Sant Jordi... Ni siquiera al exquisito y artístico deporte de montar efímeros castillos humanos en las plaças mayores...