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Tuesday, January 31, 2017

WE WISH YOU A...

...BRAVE HAPPY NEW WORLD YEAR!



For some reason it's been really hard for us to wish you all the usual "Happy new year!" this time... the global context maybe? But on this very last day of January, though, life took us across Oradour-sur-Glane, a little French village close to Limoges whose name is probably familiar (if it is not, Wikipedia is there for you). So, at the very last minute of this long month doubting and looking for the appropriate words, we just want to wish 2017 will witness only the bravest, kindest, humblest, wisest version of each one of all!

May we all radiate light, generosity, patience, peace, intelligence and resilience, even with storms approaching from many different directions. May we all re-open and read History books, learn and remember always, listen and understand, embrace and accept. But may we also be strong enough to refuse, to stand up and to struggle whenever it becomes necessary: it's not too late until we give up.

Wishing much light, love and peace to you all!


On ne sait pas bien pourquoi on a eu tant de mal cette fois-ci à vous souhaiter à tous une "Bonne et heureuse année!" comme d'habitude... le contexte mondial, peut-être? 
Mais voilà qu'à la toute dernière minute, ce 31 janvier, la vie a voulu qu'on passe par Oradour-sur-Glane, petit village français pas loin de Limoges dont vous avez certainement entendu parler (si ce n'est pas le cas, Wikipedia est un bon point de départ). Du coup, après tout ce mois passé à hésiter et à chercher les mots justes, on veut simplement souhaiter que 2017 révèle la version la plus courageuse, la plus bienveillante, la plus humble et la plus sage de chacun d'entre nous.

Puissions-nous être autant de sources de lumière, de générosité, de patience, de paix, d'intelligence et de résilience, malgré les (et au cœur des) tempêtes qui s'approchent de tous les horizons. Puissions-nous rouvrir et relire les livres d'Histoire, apprendre et nous souvenir toujours, écouter et comprendre, embrasser et accepter. Mais puissions-nous aussi avoir la force de refuser, de nous lever et de lutter chaque fois qu'il le faudra. Tant qu'on ne se rend pas, il n'est pas trop tard.

On vous souhaite à tous lumière, paix et amour!


Por alguna razón, nos ha costado mucho desearos el tradicional "Feliz año nuevo!" esta vez... ¿será por el contexto general? No obstante, en este último día de Enero, la vida ha querido que cruzáramos Oradour-sur-Glane, un pueblecito francés cerca de Limoges cuyo nombre seguro os suena (y si no, para esto está el Wikipedia). Así que, tras un largo mes de dudar y buscar las palabras más adecuadas - en el último minuto - queremos desear que el 2017 tan solo vea la versión más valiente, más benévola, más humilde y más sabia de cada uno de nosotros!

Que seamos, todos y cada uno, fuentes de luz, de generosidad, de paciencia, de paz, de inteligencia y resiliencia, aun con (y en medio de) las tormentas que se avecinan por todos lados. Que volvamos a abrir y leer los libros de Historia, que aprendamos y recordemos siempre, que escuchemos y entendamos, que abracemos y aceptemos. Pero que sepamos también decir que no, levantarnos y luchar cada vez que sea necesario. Nunca es tarde hasta que nos rendemos.

Mucha luz, amor y paz para todos!



Monday, December 12, 2016

Hasta el fin del Sur (6 de 8)

frikismo y flamencos en Nagasaki


Aquí estamos, pues: donde nos dejó el conductor del autocar VIP que nos recogió a primera hora de la mañana y nos llevó los últimos 40km hasta Nagasaki downtown. Recién salidos de las puertas del infierno (Unzen y Obama), estamos sentados frente a la bahía estrecha en la que se estira, entre colinas boscosas, un puerto industrial enorme. Al fondo, muy lejos, se ve un crucero gigantesco. Ridículmente grande. Como se está acercando, intentamos adivinar hasta donde llegará... Un poco más. Un poco más.

La respuesta tarda en llegarnos unos escasos minutos, no sin generar una cierta angustia - visiblemente compartida con el pequeño grupo de locales que se ha ido formando a nuestro alrededor. Están comentando la jugada, y si bien lo hacen sin usar palabras, despliegan un habánico de movimientos de cabeza muy sútiles (sí sí sí, no no no, quizas quizas quizas) y una escala crómatica del típico "hooooooo!" que tanto juego da a la hora de atribuirle un significado. En fin, que por lo general, eso del crucero no les parece bien. Pero ya está aquí, nos tapa el sol, nos pita con su trompa en todo el jeto y si no nos revienta el muelle de las inmaculadas boyas, es porque no le da la gana. Se conforma con echar una marea de turistas chinos que se diluye rápida entre taxis, autocares VIP y callejones, como si siguieran una refinada maniobra para tomar la ciudad. No son aún las 09:00 cuando nos ponemos de pie y, levantando una ola de "hooooooo!" de respeto y aprobación, cargamos nuestras enormes mochilas en nuestros respectivos hombros y salimos a paso de tortugas borrachas, locos por conocer los secretos de tu dormitorio cada rincón de Nagasaki.

bienvenid@s a Dejima: estampados vintage, efecto miniatura y ambiente colonial...
Primera parada: la minúscula isla artificial de Dejima. Frikipedia les dará toda la información que deseen sobre este singular lugar - ¿singulugar? Construida en el puerto de Nagasaki y conectada a la ciudad y a la tierra firme por un único puente fortificado, fue el único lugar en todo Japón donde los comerciantes Portugueses primero, Holandeses luego - los únicos forasteros tolerados por el Imperio - podían desembarcar y residir para hacer negocio. Hasta 1853 y durante dos siglos, la comunidad holandesa de Dejima fue el único contacto entre Japón y el resto del mundo.

indigoteando con amor y con becari@s de Bellas Artes from Utrecht.
Y durante los años de la invasión de Holanda por Napoleón, Dejima fue el único lugar del mundo donde ondeaba la bandera holandesa. Dicho eso, la diminuta isla es hoy un museo muy bonito y perfectamente restaurado, con un ambiente de kitsch colonial absolutamente irresistible. Woodworking porn, como diría nuestro querido U. y también muchos proyectos de colaboración cultural entre los dos países. Para Wallis, esta profunda y estrecha conexión nipo-flamenca, este entendimiento mútuo entre pragmatismo protestante y pragmatismo shintoista, fue una revelación. Como pisar el eslabón perdido, recogerlo y constatar que encaja en tu pulsera. Bueno, ¿yo qué sé? Tomamos un caffe latte bastante bueno con free wifi y compramos postales. También nos colamos en una expo-conferencia sobre aizome (tinción con índigo), arte milenario y secreto millonero que los Japoneses compartían con los Holandeses, hasta que los Alemanes de la BASF sintetizaron y produjeron industrialmente la indigotina, desmontándole de paso el chiringuito. Cosas de la vida, tu...

Segunda parada: el famosísimo spectacle bridge (puente de los anteojos), ante el cual es indispensable sacarse una foto, obligatorio parar a darse un beso y muy recomendado casarse si te cae cerca o te pilla en una buena ventana... Futuna se enfadó mucho porque le parecía una p--a m----a y "no me jodas tío, cualquier puente de dos arcadas (que son muchos) con agua debajo (que es lo normal) dibuja gafas y no te pateas 40 minutos de barrios residenciales de los años 50-60 para verlo! Pero el spectacle bridge tiene dos grandes méritos: el primero es que este patear 40 minutos por barrios residenciales feos de los años 50-60 te da la oportunidad de encontrarte con mil frikismos cotidianos de la ciudad. Y eso mola cantidad. Bomberos ¡haciendo carrera de mangueras! Casas ¡con churros al estilo Gaudí! y hasta ¡templos griegos de la iglesia de la cientología! Ole ole! Uala neng, Nagasaki está on fire hoy.

Nagasaki resumida en una imágen icónica y tres imágenes frikiepcionales: el cutre puente anteojos ; el auténtico churro de Gaudí ;
a ver ¿quien tiene la manguera más larga? y el templo griego de la iglesia de la cientología (siglos atrás, hivieron a cristianos por menos...)
El segundo es que este patear 40 minutos por barrios residenciales feos de los años 50-60 te recuerda sútilmente cómo la ciudad fue arrasada por la barbarie norteamericana o tal vez por sus ganas morbosas de jugar con la bomba. Estas casitas horteras con fachadas grises y silenciosas, te recuerdan que la Historia, la escriben los ganadores, los que tienen el Bien en su bando. Igual que en Vietnam o en media América latina, vivieron aquí el genocidio liberador del Bien y del Progreso. Lo recibieron de la misma mano liberadora (que nunca rindió cuentas y sigue impune hasta la fecha) que les liberó después con Coca-Cola, Ketchup y diabetes. Para recordar eso, también hay en Nagasaki como en Hiroshima un memorial de la bomba. Un lugar cuya visita sí es obligatoria y no, no es anodina.

Tercera parada: el acogedor aunque pequeñísimo piso de una Couchsurfer (norteamericana justamente), que aceptó alojarnos un par de días. Muy joven, entusiasta y muy simpática, es profe de inglés y millenial con todas las letras.

O'nigiris caseros: arroz, alga nori, furikake, un poco de arte y... mucho cariño.
Ha venido aquí a liberar el pueblo enseñando el ingurishu de Shakespeare John Wayne a los ejecutivos alienados por el yuque de su cultura multi-milenaria. Es Couchsurfer un poco como nosotros: hasta el moño de la típica actitud relaja' CS y del típico CSer apalancao. De hecho, no nos queda muy claro porque insiste en ir a buscarnos a pie a media hora de su casa en lugar de darnos indicaciones, y lo entendemos cuando en la caminata juntos, nos acompaña hasta un supermercado "por si necesitamos comprarnos la comida", pasamos delante de una laundro-mat "por si necesitamos poner una lavadora" y hasta nos señala una frutería y otro colmado justo al lado de casa "por si nos falta algo más adelante". Nosotros ya lo llevamos todo dentro de estas mochilas ridículas que cargamos, y no se cree que no vamos a ser unos apalancaos más. Al irnos por la mañana del tercer día, cuando ya ha salido a currar, le dejamos en la nevera un batch de o'nigiris recién hechos por nosotros con amor y con el molde que nos compramos en un todo a 100 y que quedaba por inaugurar. Se emocionará tanto al encontrarlos a la noche que nos mandará mensajitos casi llorando, diciéndonos de volver cuando queremos, que "my kaza tu kaza" y hasta nos los mencionará en su super referencia CS... El ser humano no está totalmente perdido. Fin (aunque continuará pronto en Fukuoka).


ya está bien para hoy
seguro que teneís cosas que hacer
así que ¡a trabajar! ¡vagos!
besos y abrazos,
W. y F.





Thursday, August 4, 2016

Hasta el fin del mundo (2 de 8)


... Berlin - Riga: el duo dinámico de la D.B.


Empezamos, pues, el resto de nuestro largo no-viaje por la vida (y por tierras y por mares) en un tren lujoso* y muy limpio de la Deutsche Bahn con rumbo a Warszawa. Eso de empezar el resto de nuestro no-viaje por la vida, que conste que lo hacemos cada mañana. Mucha gente lo llama cotidiano, a veces sin mucho entusiasmo y hasta en ocasiones, con desprecio. Pero el no-viaje al fin y al cabo, es proponerse mirar un poco con esta misma mirada boba de mochilero eufórico cosas como el mercado de cada sábado en T.-sur-A. (y no solamente el del fondo de la Cochinchina o donde Krishna se dejó la alpargata al salir del baño) ; es decidir que te vas a comer la tortilla de patatas del huerto con la misma fascinación y el mismo frescor en las papillas que si de una papaya salad de por allí se tratase. Y que al estar por allí, recibirás el cotidiano con la misma sonrisa tranquila que en casa, sin necesitar que cada día sea un derroche de consumir gente, lugares, productos y servicios puestos a tu alcance para tu disfrute guiríl. En fin, si empezamos así, no llegamos ni...

emprediendo una vez más el resto del no-viaje e inmortalizando el momento!
Mientras tanto, estamos rodando hacia Warszawa en un silencio que tan solo perturba el txucu-txucu de los ejes. Y, bueno... también lo perturba bastante, si hay que serles sinceros, una discusión en inglés -tragicómica y algo molesta- entre el revisor alemán y dos piltrafas hispanohablantes que pretenden ir de listos. Allí vendiendo la marca España por Europa, ¡Ole! Los llamaremos el Duo Dinámico (DD). Viajan sin billete. Bien. En un tren internacional, claro. Unos auténticos genios. En la otra esquina, con el uniforme impecable i el bigote convencido de quien cumple su deber: el revisor de la Deutsche Bahn (que llamaremos DB). Los DD le cuentan en un inglés macarrónico a DB que le dieron sus últimos 60 euros (cada uno) a un desconocido en la estación para que les comprara los billetes en la máquina y el tío les dio "eso" (le enseñan a DB dos folletos del horario del tren) y pues, se pensaron que era el billete y ahora, claro, no les queda un duro:

"Pero quiere decir usted que eso ¡no son billetes de verdad? y ¿Qué significa eso, señor revisor? 
¿Que nos estafó esta persona allí? pero ¿Qué haremos entonces?
Usted nos tiene que ayudar a recuperar nuestro dinero y a lavar nuestro honor!"

Etc., etc., con gemidos y muecas incluidos. DB respira hondo y les repite a DD que eso no es un billete y que sin billete, no se puede viajar en este tren. Que la opción número 1 es comprarle a él, ahora, dos billetes, que costarán 70 euros por cabeza. Entonces los DD vuelven a empezar: ¡que sí que han comprado billetes! le dieron sus últimos 60 euros (cada uno) a un desconocido en la estación para que les... ¿Os suena de algo? Ya... A nosotros también. Estoico, DB explica que eso no son billetes y que -opción númer 2-, de no poder o no querer comprarle billetes a él en el tren, no solo van a tener que bajarse en la próxima, sino que también se les multará allí por viajar sin billete.

cuando entras en otro país y todo resulta más chulo en blanco y negro...
Y los DD que hacen: se ponen a llorar que ¿cómo? ¿una multa? pero... que si no tienen más dinero porque se lo gastaron todo para comprar estos folletos de horario billetes, y fueron víctimas de una estafa en la estación y en lugar de ampararles, la institución de la Deutsche Bahn les pretende hacer más precario aun... Por suerte, DB está hecho un maestro zen ya: sin enfadarse, les da información valiosa sobre toda la multitud de problemas que les espera allí donde pare el tren. Y los DD -que mientras tanto han reclutado a un grupo de compatriotas pos-adolescentes de pocas luces que se improvisan intérpretes piltrafa-inglés para ayudarles- se empiezan a sentir tan orgullosos de ser el centro de atención del vagón (y de haber juntado a su alrededor a semejante manada de chiquillos ansiosos de prestarles auxilio) que les revelan a los chavales, con guiños entendidos y muecas de comedia dell'arte, que se están quedando con DB y que ¡Ole! lo bien que se lo montan para viajar gratis, ¿verdad? Nosotros interrumpimos acá su programa para comunicar nuestra posición al respecto: insistimos en que, si vas a subirte a un tren con la intención de no pagar, uno: no lo hagas, y dos: de verdad, no lo hagas. Ahora, tres: si lo vas a hacer, y sería mejor que no lo hicieses, usa tu criterio para elegir bien la linea. Que no incluya, por ejemplo y para empezar, un cambio de país y/o una frontera física. Que no sea, evidentemente, alguna vez en la que te encuentras con la firme intención de llevar alguna cosa ilícita encima -lo que tampoco recomendamos, por supuesto. Que no sea un día en el que tienes prisa o algún compromiso, tampoco.

Pero bueno, con la tontería, nos entretienen casi hasta la frontera y la llegada a Warszawa no pilla desprevenidos. Mientras Futuna se había adentrado en la resaca de sus recientes vértigos, Wallis mantenía (y aguantó un buen par de horas) una conversación en alemán con una mujer rusa en estado de carencia relacional y de choc pretraumático: casada con un Alemán y llevando años en Alemania, volvía a la idealizada y amada patria por primera vez en años. No hablaba inglés, estaba tan emocionada como angustiada, tenía que hacer cambio con demasiado equipaje y no sabía bien ni cómo ni dónde con todo esto.

el skyline local desde la estación central: clase al gran estilo Gotham City.
No se le ocurría nada mejor que ladrarle todo su estrés del momento en ruso al joven revisor polaco de turno -al que escuchar agresividad redirigida en el idioma del gran vecino invasor, le provocaba un terror y un rechazo arquetípicos: ¿cómo no? Bref, una tragedia de desencuentros y despropósitos en toda regla, que Wallis procuraba arreglar con los recuerdos de aquel semestre de alemán que tomó en 2002, sacados de Ford sabe qué sútil circonvolución del cortex de la memoria. Al abrir ojo, Futuna le miraba con una admiración, enamorada y absolutamente boba, pensando algo así como: "Pero qué maravilla de mujer... ahora como no cargue con la mochila ya y se baje del tren pitando, va a terminar en Moscú con ellos o en el vagón-cárcel con los dos piltrafas de antes".

¡Warszawa! Arropada con Historia contemporánea, fruto del amor entre una sirena y un pescador, dónde resuenan nocturnes de Chopin y ruedas de monopatín en los adoquines... ¡Cúanta riqueza, cultura, historia, arte, belleza! Por desgracia, solo estuvimos por los alrededores de la estación unas horas de la tarde y hasta bien entrada la noche, cuando un autocar Lux Express nos recogió y se/nos lanzó carretera arriba: con rumbo al norte y nada menos que la promesa de un romántico desayuno en Vilnius. Larga noche de piernas dobladas en butacas de terciopelo cansado y de pelis dobladas en polaco, en pantallas de LCD diminutas. La llegada a Vilnius una hora y media antes de lo esperado pintaba a buena sorpresa, a pesar de la llovizna fina y helada que caía. Resultó ser que la estación de buses "Panorama", no estaba cerca del Centro, sino cerca de un Centro Comercial periférico e incomunicado, pero cuyos lavabos (lujosos) y cuyo único-bar-que-vimos-abierto (con croissants recién horneados) cumplieron con lo esperado y nos hicieron más felices que a la Rizitos de oro la casa de los tres osos.

arquitectura contemporánea-concept en Warszawa: farolas "cuchara sopera china", wavy shopping-mall y re-cuchara.
El bus que retomaba el servicio a partir de Vilnius era idéntico y el viaje fue, sino más cómodo, al menos más corto (dormido, todo se te pasa rápido). El paisaje nos llamó la atención al parecernos muy nórdico ya: dominación incontestable del abedul en el paisaje. Muchos árboles abedules; mucha agua bajo todas sus formas: lluvia, evidentemente, pero también ríos, charcos, lagos, riachuelos, marismas, pozas, canales... Así que reflejándose y casi deslizándose por la superficie de tantas aguas, el bus nos dejó finalmente en toda la gloria de un mediodía inesperadamente soleado en pleno centro de Riga. En las espaldas las mochilas y en mano, el último bote de nuestro ya famoso chutney de tomate verde (casero, del huerto, seguramente orgánico y sin duda hecho a mano y con amor), regalo para nuestros hosts de Couchsurfing, tan simpáticos como veganos, nos lanzamos hacia su casa y a descubrir la ciudad...

lo que más se exporta de la marca España: duo dinámico y... ¡trio español!
(encontrado en un supermercado de Riga)



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10 duros el kilo

Nuestra sección especial (hashtag 20 francs le kilo) para los fans de números, los preocupados por el presupuesto o los que tienen curiosidad por hacer camino sin aviones... Encontrarán aquí, pues, la verdad, solo la verdad y toda la verdad (redondeada y sin comas, eso sí):

 - *Berlin-Warsaw (tren Deutsche Bahn): 6 horas / 600 km / 65 (x2 personas) 130 euros.
 - Warsaw-Riga (autocar Lux Express): 15 horas / 750 km / 30 (x2 personas) 60 euros.

En total: 1350 km y 190 euros, o sea unos 14 céntimos de euro por kilómetro (y por cabeza) y 1 noche menos de las que preocuparse...



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* ...

Monday, August 24, 2015

Hortraveling! s01e05 "summertime, and gardening is easy"


"aquí mismo, hará un mes, teníamos montado un lindo güertito. Sí, sí..."
Previously on Hortraveling

"A pesar del calor veranil y teniendo calabacines gigantes por atender sin tardar mucho, sacamos el grand jeu de un clásico nuestro de otoño: ¡calabacín relleno! Sofrito de carne picada con comino y moscada, cebolla, ajo, miga de pan y un poco de leche, sal, pimienta. Queso y al horno a cocer y gratinar. Según el estado del calabacín, se puede sofreír la pulpa con el resto. Nos ha quedado bastante tremenda. Bastante. Muy mucho. Y es que hay unas cuantas más allí fuera, por si a algunos les termina de convencer de venirnos a saludar por el Pirineo..."


En agosto - ¿tal vez sea por el calor? - parece que todo pese más. Aquellos estofados de costillas de cerdo confitadas en grasa de pato, vino de jerez y crema de leche cuestan lo suyo para digerir. Las mochilas difícilmente se levantan del suelo y si lo hacen, te dejan la espalda hecha una papilla entre la salida del aparcamiento y el primer cartel de señalización del sendero. Los calabacines se inflan como la rana que quería hacerse más grande que una vaca (o algo parecido) y asustan a los comensales. Hasta los juegos de palabras en los títulos de los artículos de blog también se hacen pesados... Je je. Sorry. Cuando decidimos empezar el experimento Hortraveling en nuestro pequeño cuadrado de jardín, no teníamos ni pajolera idea. Pensamos que sería divertido probar, aprender y así de paso, seguramente (¡ojalá!), comer alguna cosilla de cosecha propia. Habiendo escuchado el clásico "no tiene nada que ver, es mucho mejor si lo plantas tú mismo", pero teniendo dudas. ¿Por qué iba a ser más rica una cebolla enterrada en nuestro jardín de principiantes que una cebolla enterrada en el terreno de un agricultor profesional?
Patata, cebolla y calabacín gigante, estrellas de LA sopa trendy del verano!
En cuanto a los aspectos prácticos, nos ubicábamos en algún punto entre:
1- "el huerto requiere media vida de dedicación diaria y entrega total, miles de horas pasadas arrodillado entre los yuyos para llegar a hacerse una ensalada decente algún sábado soleado de julio ¿cómo vamos a evitar el fracaso?" y,
2- "si unas semillas masticadas, digeridas y cagadas por algún dinosaurio han podido vivir y pulular solas durante millones de años, a pesar de los pulgones y las ("no me gusta esta palabra") malas hierbas... ¿cómo no van a brotar y crecer las que  hemos plantado con amor, buen compost y agua fresca?" La verdad está curiosamente en ambas propuestas, como pronto lo descubrimos. Luego todo pasó de repente (Joachín, ya te he dicho mil veces no dejar tus versos en medio del salón...): por circunstancias de la vida, estuvimos fuera una buena parte de junio, julio y agosto. Idas y vueltas, altos y bajos, días y noches, risas y llantos, tierras y mares, etc. Hasta que el huerxperimento nuestro se convirtió en una especia de isla de Jurassic Park, donde crecieron monstruos que ni el mismísimo sueño de la razón... A cada mal su remedio, decía la abuela de Futuna que, a pesar de no saber castellano, sí entendía de males. Y de remedios:

"Te duele la barriga, mi niño? Tómate una manzanilla!" ; "Te pican los ojos, mi vida? Prueba con manzanilla!"; "Verrugas de la piscina municipal? Mójalas con manzanilla!"; "Diarrea, catarro y una pata coja? Te hago un bol de manzanilla!"; "Lloriqueando otra vez? Manzanilla y a la cama!"...

Y de alguna manera - Ford le bendiga! - nos envió su hijo para que nos salvara (esto me suena, pero no es de Sabina). Aprovechando un fin de semana que tenían libres, los padres de Futuna bajaron a l'Ariège a quitar malas hierbas, compartir comidas y sobremesas, y repartir abrazos. En este documento robado en cámara oculta por un hortolano de paisano (todavía no ha llegado la ley mordaza por aquí...), se pueden ver a dos trabajadores JUBILADOS. Oooooh! Noten por favor que solo uno de ellos trabaja para nosotros y creo que nos ha tocado sino el con mayor experiencia, seguro que el más eficiente de los dos.
Trabajadores ilegales, jubilados y felices!  
A base de horas y horas bajo el sol sin quejarse, nos dejó todo esto limpio y ordenadito, que parecía Versailles... Hasta los puerros se asustaron y se volvieron a alinear para no meterse en problemas. Con tal de proporcionarle vino de mesa, unas comidas preparadas con amor y respetar su horario de siesta, pudimos mantener satisfecho a nuestro jubilado personal. Un disco de tangos para el aperitivo, o algo de Bach con el desayuno son un plus, sin duda. En fin, le agradecimos mucho su inestimable contribución - y se la agradecemos mucho aún -, ya que le devolvió aspecto de huerto a nuestra jungla verduril (y a nosotros, esperanza ante el futuro). No obstante, poco después de su visita, nos tuvimos que ir nuevamente unos diez días. Al volver, nuevamente: el conocido efecto Angkor Wat! Lechugas vueltas al estado salvaje; nadie se plantearía recogerlas y menos aún comerlas - un triste error de apreciación, ya que revueltas con ajillo, quedan bien ricas. Las coles lombardas vuelven a brotar en grupitos de cuatro o cinco cogollos, lo que nos promete semanas de ensaladas y woks sabrosos. Los tomates se ponen hermosos, a pesar de nuestra más total falta de cuidados (apenas clavamos palos y les ligamos a mediados de julio, de manera que sus ramas opulentas han vuelto a tocar el suelo y van reptando por doquier). De uno en uno, eso sí, pero van madurando solos cuando el sol y la lluvia se lo permiten - con tantas idas y vueltas, tampoco es que hayamos estado regando... Las remolachas han vivido su vida felices, han engordado y se han puesto muy dulces. Sin ayuda exterior... Los pimientos rojos "españoles", como se puede apreciar en la foto, se han quedado al estadio "pimiento verde italiano", pero cumplen su papel en la olla con gran dignidad. Y finalmente los puerros crecen, aunque poco (a poco). Son los grandes olvidados de nuestro verano: los re-descubrimos al arrancar un pie de calabacín invasivo que se pensaba que el huerto entero era casa seva. Revelamos unas monadas que parecen calçots y nos están dando ideas para el invierno...
La cosecha de un domingo de nevera vacía y nuestro dulce corazón a punto de echar a hervir (su caldo da un risotto delicioso).
Con Hortraveling, aprendemos por ensayo-error. Cada problema es una oportunidad. Nada vuelve a ocurrir dos veces igual. Y no obstante, todo se repite una y otra vez. El huerto es zen, el zen es huerto. El dejar hacer y el no hacer son tentaciones llenas de promesas, una vez asumido que no puedes eliminar el Oxalis. Él siempre gana su pequeña guerra personal del odio al vacío. Entonces, descubres que a pesar de su invasión, todo sigue igual (o no igual, pero que más da ya que es así: es lo que hay). Vale! Ya está bien con la sopa mística! Para volver a lo terrestre, terminaremos con esto: lo más agradable con (man)tener un huerto es llegar a casa un sábado por la noche y encontrarte con la nevera vacía (pero lo que se llama vacía). Mientras calientas agua, sales al huerto, apartas la mala hierba y vas pillando lo que hay por allí. Lo mezclas todo, crudo o salteado, un poco de sal gruesa y aceite de oliva y ¡a disfrutar! Es la versión gran lujo de la pizza congelada o del kebab de los domingos.

Y eso es todo por ahora amig@s! Pronto volveremos con recetas exclusivas... De momento, una última foto en forma de dedicatoria a M., D. y la perra P. que nos visitaron hace poco y probaron algunas de ellas. ¡Arrivederci!

Wallis & Futuna en plena fusión Hortraveling / Ca la Rossa:
pimiento*, cebolla lila*, tomate*, bull negre** artesano y judías tiernas.
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* producción propia super orgánica sin abono ni ná'.  ** Ca la Rossa, c. Tomàs Vila, 7 - 08182 Sant Feliu de Codines.

Thursday, July 9, 2015

noches de Junio


Este mes de Junio nos trajo unas cuantas noches de tormenta. De electricidad en un aire caliente. También trajo su lote de noches de dormir poco. Aunque no siempre coinciden -y por bien o por mal - las cosas pueden ir de la mano.

uno de los diez discos imprescindibles.
En Francia, donde los pasos a nivel, suele haber un cartel que advierte "un train peut en cacher un autre". Y te das cuenta de las perlas de filosofía universal escondidas en lo más cotidiano y los más mundano. En fin... Al vivir al pie de Pirineo, las noches de tormentas fueron de aquellas "típicas" de la zona: eléctricas y secas ; mucha carga en el aire sin prácticamente una sola gota de lluvia. Detrás de la cortina de nubes que cubría el valle desde el atardecer, veíamos como los relámpagos encendían el cielo sin descanso. Espectáculo precioso, aunque - paradojicamente - poco natural, por la sensación que transmite de tensión. Desde el jardín, desciframos las siluetas de los árboles, de las casas, de las montañas alrededor, en un inquietante juego de sombras chinas. Lo sorprendente era que estas tormentas de ambiente tan (in)tenson nos dieron cada vez una paz que no encontrábamos en ningún otro momento. Mientras disfrutábamos del aire caliente y de nuestras respiraciones interrupidas por las explosiones de truenos, la cámara intentaba en vano buscarse un punto de fuga. Imposible. Con el contraste de las farolas, el cielo cambiaba del plata frío a un azul profundo y denso. Al mirarlo en la pantalla por primera vez, pensamos enseguida en el violonchelo de Ernst Reijseger: con el murmullo y los colores de esta pieza (Colla Parte, que abre el disco Colla Parte, publicado por Winter & Winter), las imágenes cambiaron de significado, expresaron para nosotros: instantaneamente, mejor que cualquier palabra y en nuestro lugar, las emociones entrelazadas y a veces, muy contradictorias, que tardaríamos meses o más, a expresar en voz alta. Luego, vino a casa la gran y querida Sandra, acompañada por el Maestro Gustavo "el negro" Battaglia. Vinieron a visitar y a dar un par de conciertos por aquí.




Su visita nos dió otras noches de junio: también llenas de luz, de calor y de emociones. También muy intensas y con banda sonora mágica (aunque esta vez, en vivo y en directo). Noches de reír y llorar, de sonreír y abrazar. Noches con seres queridos, con versos y buen vino. Y Sandra nos regaló estos versos de Roberto Juarróz, que nos resonaron y nos siguen acompañando años después. Ahí van, con nuestros abrazos y nuestras sonrisas:




No hay nada que guardar.
Podemos dejar las puertas abiertas
o las llaves en las cerraduras.
Podemos irnos con las manos vacías
y sin pensar qué llevamos
o qué dejamos.
Nos bastan las miradas,
que no se pueden guardar.
Ante el desenlace largamente previsto
lo imposible de guardar
es lo único que importa.


Roberto Juarróz



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Friday, July 25, 2014

Punto de fuga y redención en el dique de Amstel


Salimos del pueblo de Aa. un domingo por la mañana, con el espíritu un poco contrariado por el tiempo de las últimas jornadas de nuestra última helpxperiencia: lluvias torrenciales con descansos de sol amenazando tormenta. Dejamos atrás ese conglomerado universal de los proyectos a medio hacer, con su patrimonio de altares dedicados a la madre naturaleza esparcidos por la casa: en la cocina había la olla llena de restos orgánicos para la montaña de compost que había al fondo del jardín detrás del parque de los conejos a la que acudían las gallinas y también los gatos a buscar comida, y también el cazo lleno de restos orgánicos para los conejos (a los que iban a dar de comer cuando no llovía, el resto del tiempo era peligroso), el montón de compost aún por clasificar en el plan de trabajo y que servía temporalmente de fuente de alimento a las hormigas que habían conseguido montar una cadena de individuos que bajaba desde el agujero de ventilación en un hermoso ejercicio acrobático y por último, los vástagos últimos de la madre naturaleza,  botellas de plástico, de cristal, latas y cajas de cartón que moraban por las esquinas. Las gentes que vivían en ese lugar se habían desprendido totalmente de la obsesión por la limpieza: eran auténticos ascetas higiénicos. Con el motor en marcha y a unos kilómetros de Babel, nos volvimos a despedir mentalmente de todos sus habitantes.

Echábamos de menos un poco de aire fresco y es que en Bégica, o al menos en esta zona más al norte, arrancó en los años 50 una moda que transformaría el país. Una especie de fenómeno social por el cual todo el mundo decidió irse a vivir al campo, construirse una casita con un poco de terreno, vivir en las afueras. Ese sueño hecho realidad es un campo en el que no hay dos palmos de verde sin urbanizar. Un amplio catálogo del peor gusto constructivo. A pesar de lo bien sano que veníamos comiendo esos días, o quizás precisamente por eso, antes de llegar a la frontera paramos a comprar nuestras últimas frites belgas con salsa Joppie y nos las comimos al borde de un campo de maíz que parecía crecido en medio del desierto. Así fue nuestro tránsito del Pais Llano a los Paises Bajos. Entramos en el país más denso del territorio europeo y sin embargo fue como una bocanada de aire fresco. Fue como un oasis en el desierto, o como el desierto después de tanta lluvia.

descansando en una rama del oasis.
Los holandeses han llevado el arte del landscaping a niveles tan sublimes que incluso lo horrendo guarda tal armonía con el resto del paisaje que se hace difícilmente desagradable a la vista. Habíamos experimentado esto antes cuando, en nuestro pequeño periplo siguiendo el rastro de Brel, llegamos a cruzar la frontera y estuvimos paseando una horas por Terneuzen al otro lado de un brazo de mar y que mira a la isla de Zeeland. Zeeland aparecía en el horizonte como una de las ciudades de Momo: una mancha de formas geométricas grises que escupían humo. Y a pesar de lo que uno se pueda imaginar, esa imagen conseguía ser evocadora y los colores, los verdaderos colores parecían abrazar a esa amalgama de fábricas como si fuera parte de sí mismos. Desde los diques del puerto se extendía lentamente hacia el agua un mosaico de verdes, ocres y grises de las algas. ni siquiera parecían algas, habían tomado la forma de seres robo-bióticos, eran los propios hijos de las fábricas de Zeeland.

A unos metros de ahí, en un rincón del muelle, protegidos bajo grandes toldos de plástico, unos picapedreros amateurs cincelaban fósiles gigantes de cal...

Zeeland y algunos de sus habitantes.
Si en Zeeland intuimos esa gran habilidad de estas gentes, en nuestra vuelta por los Netherlands nos terminaríamos de convencer. Los holandeses tienen fama de ser -al parecer- buenos organizando cosas. Eso se traduce en una facilidad espectacular para compartimentarlo todo: los transportes, los paisajes, los espacios, las actividades para cada momento del día. En nuestra ruta hacia el norte camino de Amsterdam, paramos en Gorinchem. Verdes prados, silenciosos canales, molinos inmóviles, campanarios puntuales y gatos muy educados. Otra vez esa especie de convivencia pacífica de todos los seres.
el columpio, el molino, el transbordador… cada uno en su lugar.
Nos contaba una mujer  (…una tarde de nubes bajas, al borde del canal por el que pasaban las péniches al son del campanario, en el prado verde con un molino y bla bla bla…) que para tener ese paisaje no hay más secreto que el de obligar a todo el mundo a pedir permiso para casi cualquier cosa (incluso el color del que pintar el cerco de tu jardín!). Es curioso que para poder ser tolerante se tenga que ser tan ordenado. Pero no por tolerantes son nada permisivos.

Un amigo italiano que vivió un tiempo acá nos contaba que esta falta de prejuicios es en el fondo amor a los negocios. Cuenta la historia que los primeros en llegar a Japón fueron los portugueses en 1543 que trajeron consigo las armas de fuego y los misioneros jesuitas. Después de unos primeros contacto, se desarrolló un comercio de esclavos a gran escala en el cual los portugueses compraban japoneses como esclavos y los vendían en Asia y Europa, incluyendo a Portugal mismo. El propio rey Sebastian de Portugal, ante las proporciones masivas que estaba tomando el comercio de esclavos y temeroso de que pudiera tener un efecto negativo sobre la labor proselitista, ordenó su prohibición en 1571.
imágenes cedidas por el archivo fotográfico de la marina mercante holandesa.
En 1587, Toyotomi Hideyoshi, gobernante que unificó el pais, estaba tan indignado por el hecho de que su gente fuera vendida en masa a la esclavitud, que escribió una carta al representante jesuita de Portugal exigiendo la cesión de esas actividades. En una curiosa asociación de ideas, el tráfico de esclavos quedó unido al cristianismo para siempre y las relaciones entre Portugal y Japón se fueron degradando. Finalmente, el shogun Tokugawa Ieyasu prohibió definitivamente el cristianismo en Japón en 1612. Aunque no limitó inicialmente las relaciones comerciales con los portugueses, el shogunato estableció la llamada política de Fumi-e, solicitando a todo extranjero que quisiera entrar en el país el gesto de pisar una imagen cristiana para poder entrar. Los holandeses desbancaron a los portugueses pisando religiosamente la cruz.  Pues a pesar de ser cristianos, consideraron que sus intereses comerciales en Japón eran más importantes que las convicciones religiosas. A partir de 1641 fueron los únicos extranjeros (con excepción de los chinos) con derecho a comerciar en Dejima (Nagasaki).
Así que legalizar la marihuana no es exactamente ser tolerante; es hacer que la posesión, el consumo y el cultivo de esta planta sean fuentes de recaudación de impuestos.
En fin, esa noche antes de llegar a Amsterdam, dormimos a las afueras de Gorinchem y nos pasamos la noche intentando capturar con nuestra cámara de fotos el rastro luminoso de las péniches (sin gran éxito hay que confesar). Aún en ese rincón perdido entre matas verdes, no nos sentíamos perdidos sino más bien en el lugar que alguien había elegido para nosotros. Y bien, aunque nos fuimos dando cuenta de que todo estaba medido y calculado, no nos fue desagradable.
el secreto del equilibrio paisajístico: el metro y el plomo holandeses.

En Amsterdam, esa orquestación magistral de los elementos del Dharma cristalizó en un espectáculo de luces de neón en el que nos sentimos un poco atrapados, una gran cárcel de actividades recreativas. Era difícil encontrar un lugar en el que no nos sintiéramos inclinados sino manifiestamente obligados a consumir. Pero los había, y Un(t)raveling - incansable buscador de la belleza en lo anodino - los encontró (aunque nos costó 24 horas más o menos…). Estaban, por ejemplo, en el ferry que cruzaba el río Ij desde Amsterdam Noord y que tomamos algunas veces de buena mañana para entrar en la ciudad. Un respiro de aire húmedo, que nos devolvía el olor del agua dulce. Amsterdam Noord era una colección de estilos arquitectónicos fruto de experimentos urbanísticos que habían tenido lugar desde finales del s. XIX. Gracias a la lucha vecinal, habían sido restaurados y revalorizados en curiosidades para visitar. El resultado estético era un urbanismo futurista que no pegaba para nada con el futuro (presente) que se habían imaginado sus arquitectos. El primer día nos paseamos a pie por la ciudad. Las sombras de sus casas inclinadas pesaban sobre nuestras espaldas y las mochilas (con el picnic, el-libro-que-a-lo-mejor-leeré-en-un-parque, la botella de agua, etc.) nos daban un calor terrible. La brisa quedaba demasiado por encima de nuestras cabezas, más o menos a la altura de una bici holandesa como la que alquilamos al día siguiente. Sí, caímos en la trampa de gastar! Pero fue maravilloso mezclarse con una orgía de más de 600.000 bicicletas.  Amsterdam es una gran bacanal post-moderna: lujo, moda, comida, arquitectura, sexo, sexos, drogas, bicis, vicios, cultura, tendencias, decadencias, barcos y canales. 
una versión soft de la decadencia made in Amsterdam.
Y en medio de esa algarabía, nos encontramos con N. y J. (la hermana y el cuñao) de paso para un breve fin de semana desde el cercano norte de Francia. El reencuentro fue como un bálsamo de tranquilidad y terra cognita entre tantos desconocismos exóticos! Con ellos paseamos más entre canales y casas inclinadas, visitamos el museo Van Gogh (Pues sí! Nos hace falta compañía para entregarnos al arte académico y la cultura envasada en el tetrabrick de hormigón de un museo…) y volvimos a pasear hasta las horas de sombras alargadas y luz cálida. Con ellos, finalmente, nos liberamos de nuestra fobia al consumo y cenamos como auténticos guiris en una pomposa terraza del barrio rosa (que a rojo no llegaba).

juegos de luces y sombras, en familia por el centro y en el ferry del IJ, desde Central Station hasta Amsterdam-Noord.